El pacto como respuesta al conflicto
El recorrido histórico partió de la pregunta clásica por la virtud del gobernante. Alcoberro contrapuso el ideal platónico del filósofo rey, que debería trasladar la sabiduría al gobierno, con la búsqueda aristotélica del término medio. En su lectura, esta moderación ayuda a entender la política como una negociación entre intereses que pueden entrar en conflicto.
El pacto se convierte así en una herramienta para contener la violencia. Más que perseguir un bien absoluto, que puede justificar imposiciones y exclusiones, el filósofo puso el acento en la necesidad de hacer posible la convivencia y evitar la infelicidad.
Con Maquiavelo, el relato entró en una concepción de la política marcada por la fuerza, la astucia y el azar. Posteriormente, las teorías del contrato social desplazaron el fundamento del poder hacia los acuerdos entre los miembros de la sociedad. Alcoberro presentó la Constitución como una concreción de este pacto y vinculó la legitimidad política con la existencia de reglas compartidas.
También señaló los límites de aquel contrato: las desigualdades económicas, la situación de las mujeres o el racismo obligaron a ampliar las preguntas sobre quién quedaba realmente incluido en la comunidad política. El movimiento obrero y el feminismo ocuparon un lugar en esta revisión.