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Tomi Gómez y Juli Izquierdo, delegados de Cervelló en el Consejo Consultivo de las Personas Mayores: “Cuando murió Franco, brindamos con una botella de cava”


Img Tomi Gómez y Juli Izquierdo, delegados de Cervelló en el Consejo Consultivo de las Personas Mayores: “Cuando murió Franco, brindamos con una botella de cava”
Indira Zifras
19 Enero 2026
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Tomi Gómez Plazuelo y Juli Izquierdo Pérez forman parte de una generación que creció en medio de cambios sociales intensos y movilizaciones en la calle. El Baix Llobregat, en tan sólo veinte años, vivió una transformación profunda, y todos sus habitantes formaron parte. La comarca resistió el franquismo, y su gente nunca dejó de luchar ni mantener viva la esperanza de un futuro mejor.

Esta pareja es un claro ejemplo de longevidad activa y siguen viviendo con una energía que sorprende a todo el mundo que los conoce. Nunca han dejado de moverse: caminan, bailan, viajan y mantienen rutinas que les hacen sentir vivos.

Los primeros años

Cuando eran niños, no eran conscientes del contexto que se vivía. Tomi recuerda su infancia con nostalgia: ir a casa de la abuela, jugar con sus amigos y una vida tranquila. Julio lo explica igual, en casa y en el barrio no se hablaba de lo que estaba pasando, y en la escuela tampoco enseñaban qué era la democracia. Con el tiempo, él mismo reconoce que le hubiera gustado insistir más en su formación: "Si pudiera hablar con mi yo del pasado, le diría: aunque se enfaden, tú estudia."

En la juventud, las manifestaciones empezaron a formar parte de su día a día. Julio recuerda que, cuando iba a trabajar a Barcelona, ​​a menudo se encontraba protestas en la Via Laietana y la policía cargaba sin distinguir a nadie: “Si te cogían en medio, te daban palos igual, fueras un crio o un adulto.” Tomi, por su parte, siempre había sido "muy rojilla" y participó en muchas manifestaciones, aunque por suerte nunca llegó a recibir golpes directamente.
"Fue un contexto que nos marcó mucho y, cuando falleció Franco, nosotros brindamos con una botella de cava. Nos la bebimos entera, sí, ambos"; recuerda a Tomi
De jóvenes, en Tomi y Juli hacían excursiones con los amigos
De jóvenes, en Tomi y Juli hacían excursiones con los amigos
Todo lo que vivieron de jóvenes ha influido en cómo entienden la vida hoy. Julio lo resume con claridad: "El pasado me ha enseñado a no repetir los mismos errores. Si volviera a empezar, hay muchas cosas que haría de otra manera." Dice que la experiencia y todas las dificultades que había pasado la habían llevado hasta dónde había podido llegar, y que con más estudios quizás hubiera podido llegar aún más lejos.

Por otra parte, Tomi explica que el pasado le ha enseñado que las cosas cuestan de conseguir y que todo requiere esfuerzo y perseverancia. "Todo lo que tenemos nos lo hemos ganado nosotros; nada nos ha venido regalado." Un pensamiento que mantiene hasta el día de hoy.

Una forma de vivir siempre activa

La historia de Tomi y Juli comienza cuando eran jóvenes y hacían excursiones y salidas con su grupo de amigos, recorriendo otros pueblos siguiendo las vías del tren. Mantenerse activos siempre ha formado parte de ellos y con el tiempo fueron descubriendo nuevas aficiones. Una de las más importantes fue la montaña: aprendieron a esquiar y acabaron transmitiendo ese gusto a toda la familia.

Más adelante descubrieron el baile. Durante años compitieron en baile de salón. Hoy siguen vinculados a este mundo, Julio todavía imparte clases de danza en el Casal de la Gent Gran y, cuando pueden, ambos salen a bailar como siempre han hecho.

Aunque han ido cumpliendo años, no sienten que su actitud haya cambiado. Afirman que, por dentro, no tienen la edad que marca el carné de identidad. "Como máximo, sentimos que tenemos cuarenta y cinco", explican. "Afortunadamente, la salud nos lo permite."
Durante años, la pareja compitió en bailes de salón

Vivir mientras se pueda

Para Tomi y Julio, envejecer no significa dejar de vivir, no temen cumplir años. Lo que les importa es mantener una cierta autonomía: poder decidir, salir a andar, comer y valerse por uno mismo. No es cuestión de orgullo, sino de dignidad. Por eso no aspiran a vivir más tiempo, sino a vivirlo bien.

Consideran que la ciencia no tiene sentido si sólo sirve para prolongar la supervivencia. “¿Qué hacemos viviendo cien años más si no podemos movernos ni decidirnos nada?”. explica Tomi. Esta manera de entender la vida les hace defender el testamento vital, convencidos de que decidir hasta dónde está vida y hasta dónde es mera existencia también forma parte de la dignidad de cada uno. Y, mientras puedan andar, bailar y reír, continuarán viviendo con ganas.
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Más de media vida juntos

Tomi Gómez Plazuelo y Juli Izquierdo Pérez llevan más de media vida juntos, una relación que empezó cuando tenían sólo dieciséis años y en la que han construido un camino compartido a través del esfuerzo y una inagotable vitalidad. Nacidos en Hospitalet de Llobregat (1955) y en Villaviciosa de Córdoba (1956), respectivamente, ambos empezaron a trabajar muy jóvenes y compaginaron siempre el trabajo con la formación.

Juli se formó como administrativo y Tomi como auxiliar administrativa. Se adentraron en el mundo de las gestorías y de las clínicas dentales, donde con el tiempo se especializaron en gestión sanitaria. La experiencia acumulada en este ámbito les llevó hace veinticinco años a abrir su propia clínica dental, hoy ya gestionada por uno de sus hijos. Siempre han disfrutado del baile, la montaña y los viajes, actividades que siguen compartiendo hoy.

Un catalán vigilado y censurado

Para Julio, uno de los recuerdos más grabados de aquel tiempo es el hecho de no poder hablar catalán. Su padre había sido guardia civil y, por ese motivo, el uso de la lengua era prácticamente imposible en la familia. El catalán era su lengua, pero no llegó a transmitirse a sus hijos. En el barrio, formado mayoritariamente por familias procedentes de otras regiones, tampoco se oía la lengua propia. "Lo recuerdo perfectamente: en el barrio nadie hablaba catalán", explica Juli.

Un ejemplo especialmente claro de cómo se limitaba el uso del catalán lo recuerda Julio de la época de la mili, cuando era destinado a Coruña y la única forma de vencer la distancia y comunicarse con Tomi era a través de cartas y telegramas. Ella le escribía en catalán, pero a menudo éstos le llegaban abiertos, los militares los revisaban, le hacían explicar el contenido y le advertían que no podían seguir escribiéndose en esa lengua. No era el contenido el que controlaban, sino el idioma.
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