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Tejados blancos, parques urbanos y patios escolares: la receta metropolitana contra el calor ya es una urgencia de salud pública


Img Tejados blancos, parques urbanos y patios escolares: la receta metropolitana contra el calor ya es una urgencia de salud pública
Next Llobregat
19 Junio 2026
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Un estudio del ICTA-UAB demuestra que las cubiertas reflectantes pueden reducir hasta 1,75 grados la temperatura diurna en las zonas más vulnerables del área metropolitana, mientras Greenpeace alerta de aulas a más de 31 ºC y patios escolares que superan los 50 ºC. En la imagen termográfica de un patio de colegio, ‘Cen’ indica la temperatura en el centro de la imagen (marcada por el punto objetivo en blanco) y ‘Max’ la temperatura máxima en la imagen (marcada por el punto objetivo naranja). 

Las elevadas temperaturas registradas este mes de junio vuelven a situar la adaptación climática de las ciudades en el centro del debate urbano. En un territorio densamente poblado como el área metropolitana, donde conviven barrios compactos, grandes infraestructuras, polígonos, litoral, parques y espacios agrícolas, la pregunta ya no es solo cómo reducir emisiones, sino también cómo proteger a la población de unas olas de calor cada vez más intensas, frecuentes y persistentes.
Imagen parcial del parque Rosa Sensat, en Cornellà
Imagen parcial del parque Rosa Sensat, en Cornellà

Urgencia que no es teórica

La urgencia ya no es solo teórica. Greenpeace ha documentado estos días, mediante cámaras termográficas, las altas temperaturas en seis colegios e institutos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. En el caso del centro visitado en Barcelona, algunas aulas superaban los 31 ºC, con mínimas que no bajaban de los 29 ºC, mientras que el comedor rondaba los 30 ºC. En el patio, las zonas de canastas y porterías expuestas al sol registraban temperaturas superiores a los 50 ºC, frente a una pequeña zona infantil con sombra y un árbol donde el columpio se mantenía en 29 ºC.

Los datos añaden una dimensión especialmente sensible al debate sobre el calor urbano: la vulnerabilidad de la infancia. Según Greenpeace, la temperatura óptima para el rendimiento escolar se sitúa en torno a los 22-24 ºC en climas templados y, a partir de ese umbral, el aprendizaje disminuye progresivamente por cada grado adicional. La organización recuerda además que en los centros visitados se superan incluso los 27 ºC que la legislación laboral establece como temperatura máxima para trabajos sedentarios.
Los pueblos blancos del sur de España, como Vejer de la Frontera (en la imagen que encabeza esta información) combaten desde antaño los rigores del verano encalando sus fachadas y tejados.
Los pueblos blancos del sur de España, como Vejer de la Frontera (en la imagen que encabeza esta información) combaten desde antaño los rigores del verano encalando sus fachadas y tejados.

Estudio del ICTA-UAB

En este contexto, resulta especialmente oportuno el estudio liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), que analiza el impacto de diferentes estrategias urbanas para reducir el calor en la ciudad. La principal conclusión es clara: pintar las cubiertas de blanco, ampliar los parques urbanos y reforzar la agricultura periurbana ayuda a rebajar las temperaturas y a disminuir la vulnerabilidad de la población, pero no basta para compensar el calentamiento extremo proyectado para finales de siglo.

La investigación, realizada en colaboración con el Servicio Meteorológico de Cataluña, ha utilizado simulaciones meteorológicas de alta resolución y el método de pseudo calentamiento global para proyectar futuras olas de calor en el área metropolitana de Barcelona. Los investigadores han evaluado tres medidas de adaptación: cubiertas blancas reflectantes, azoteas verdes irrigadas y ampliación de parques urbanos y espacios agrícolas periurbanos, en línea con las previsiones del planeamiento metropolitano.
Los datos analizados en 2018 y las proyecciones para el año 2050 y 2100
Los datos analizados en 2018 y las proyecciones para el año 2050 y 2100

Las cubiertas blancas, medida más eficaz

La medida más eficaz durante el día son las cubiertas blancas. Al aumentar el albedo, es decir, la capacidad de reflejar la radiación solar, los tejados absorben menos calor y contribuyen a enfriar el entorno urbano. Según el estudio, esta estrategia puede reducir hasta 1,75 grados la temperatura diurna en las zonas más vulnerables. Se trata, además, de una solución relativamente rápida y de bajo coste, especialmente útil en barrios densos y con poca disponibilidad de espacio para crear grandes zonas verdes.

Los investigadores advierten, sin embargo, que esta solución debe aplicarse con criterio. Mientras que las cubiertas blancas funcionan bien sobre los tejados, su uso indiscriminado en fachadas podría tener efectos contraproducentes al reflejar radiación hacia la calle e incrementar la temperatura percibida por los peatones.

Las azoteas verdes también contribuyen a moderar el calor, aunque con un efecto más limitado. Funcionan como aislamiento y refrescan el aire mediante la evapotranspiración, además de favorecer la biodiversidad y ofrecer refugio a aves e insectos. No obstante, su eficacia depende del tipo de vegetación, del mantenimiento y de las necesidades de riego. El estudio calcula que reducen modestamente el calor diurno, con un descenso de 0,37 grados, pero pueden provocar un ligero aumento nocturno de 0,24 grados.
Los refugios climáticos, como el de Can Massallera en Sant Boi, se reparten por todos los municipios como oasis para reponerse
Los refugios climáticos, como el de Can Massallera en Sant Boi, se reparten por todos los municipios como oasis para reponerse

La necesaria sombra de los parques urbanos

Algo parecido ocurre con los parques urbanos, la agricultura periurbana y las nuevas zonas verdes. Durante el día aportan sombra, reducen las superficies impermeables, favorecen la infiltración de lluvia y refrescan el ambiente gracias a la evapotranspiración. Su impacto medio de enfriamiento es más moderado, de 0,26 grados, y también pueden generar un leve aumento de temperatura por la noche. Como explica Sergi Ventura, investigador del ICTA-UAB y autor principal del estudio, de noche la vegetación libera lentamente el calor acumulado durante el día y limita la pérdida de calor por radiación hacia la atmósfera.

La conclusión no es que el verde urbano no sea útil, sino que debe planificarse mejor. Los parques, los corredores verdes y la agricultura periurbana cumplen funciones climáticas, sociales, ambientales y de salud pública, pero sus efectos dependen mucho de dónde se implantan y qué usos sustituyen. Transformar suelo urbano duro en espacio verde puede aportar beneficios evidentes, mientras que sustituir zonas boscosas por campos agrícolas puede generar impactos negativos en términos de temperatura.

Por eso, el estudio señala que la combinación de cubiertas blancas y parques urbanos aparece como una de las estrategias más prometedoras para reducir los impactos del calor en los barrios más sensibles. La clave no está en una única solución, sino en una planificación que combine medidas constructivas, vegetación, sombra, agua, permeabilidad del suelo y protección de la población más vulnerable.
 La Marquesa, en Collblanc-Torrassa de l’Hospitalet, uno de los parques de la segunda ciudad catalana
La Marquesa, en Collblanc-Torrassa de l’Hospitalet, uno de los parques de la segunda ciudad catalana

Aulas, patios y barrios calientes

El informe de Greenpeace refuerza precisamente esta lectura social del problema. La organización reclama bioclimatizar los centros educativos, eliminar los combustibles fósiles de las aulas, instalar energías renovables, mejorar la ventilación cruzada natural, reforzar la protección solar y aplicar sistemas sostenibles de climatización y aislamiento térmico.

En los espacios exteriores, Greenpeace considera clave la naturalización de patios y entornos escolares, con más cobertura verde, más sombra en fachadas, cubiertas y patios, y una planificación que convierta las escuelas en espacios más frescos, saludables y útiles para el barrio. Cuando se abren fuera del horario lectivo, estos centros pueden funcionar también como refugios climáticos y espacios de cuidado comunitario.

La organización también pide vías escolares seguras, con itinerarios peatonales y ciclistas accesibles, protegidos, sombreados y bien señalizados, además de calles pacificadas en torno a los colegios. El objetivo es reducir la exposición de los menores no solo al calor, sino también a la contaminación, que actúa como factor agravante en muchos entornos urbanos.

Uno de los puntos más relevantes de las demandas de Greenpeace coincide con las conclusiones del estudio del ICTA-UAB: actuar primero en los “barrios calientes”. Es decir, priorizar las reformas en los centros educativos situados en zonas con temperaturas más altas y menor capacidad de adaptación, para evitar que el cambio climático agrande todavía más las desigualdades urbanas.
Los expertos recomiendan las cubiertas o tejados blancas, pero no las fachadas porque reflejan el calor hacia la calle
Los expertos recomiendan las cubiertas o tejados blancas, pero no las fachadas porque reflejan el calor hacia la calle

Escenario infernal en el año 2100

La dimensión social es uno de los aspectos centrales del trabajo del ICTA-UAB. Los investigadores advierten de que, aunque las medidas de adaptación pueden reducir hoy la vulnerabilidad al calor entre un 43% y un 47%, su eficacia disminuirá con el avance del calentamiento global. En los escenarios proyectados para 2100, cuando el aumento de temperatura podría superar los 6 grados, la capacidad de estas estrategias para reducir la vulnerabilidad caería hasta el 16%.

El riesgo, además, no se reparte de forma homogénea. Las zonas densamente pobladas y de menores ingresos podrían ver duplicada su vulnerabilidad al calor a finales de siglo. Esto convierte la adaptación climática en una cuestión de justicia urbana: los barrios con menos renta, menos arbolado, viviendas peor aisladas y menor acceso a refugios climáticos son también los que más sufren los episodios extremos.

Greenpeace añade que los menores son un colectivo especialmente vulnerable a la deshidratación, el agotamiento por calor y el estrés térmico. Sus mecanismos de termorregulación son menos eficientes que los de los adultos y pasan buena parte del día en centros escolares, tanto en el interior de los edificios como en patios expuestos al sol. Además, recuerda que el parón escolar de julio y agosto ya no basta para esquivar el calor, porque las temperaturas estivales se han alargado cinco semanas y los episodios extremos se adelantan a mayo y junio y se prolongan hasta septiembre.

El Baix, laboratorio clave para ensayos

En el Baix Llobregat y l’Hospitalet, la lectura de ambos informes tiene una especial relevancia. La comarca concentra realidades urbanas muy diversas: municipios densos, barrios con alta exposición al asfalto, grandes polígonos industriales, infraestructuras viarias y aeroportuarias, pero también el Parc Agrari, el Delta del Llobregat, Collserola, el Garraf, el litoral y una red creciente de parques metropolitanos. Esa mezcla convierte el territorio en un espacio clave para ensayar políticas de adaptación climática a escala metropolitana.

Las conclusiones del ICTA-UAB y las demandas de Greenpeace refuerzan la necesidad de actuar en cubiertas de edificios públicos, equipamientos, naves industriales, centros educativos, mercados, instalaciones deportivas y grandes superficies urbanas expuestas al sol. También subrayan la importancia de ampliar las sombras, renaturalizar patios escolares, pacificar calles, crear refugios climáticos y conectar mejor los espacios verdes con los barrios más vulnerables.

El mensaje final es doble. Por un lado, las ciudades tienen margen para proteger mejor a la población frente al calor mediante soluciones relativamente asequibles. Por otro, estas medidas no pueden sustituir la reducción global de emisiones ni frenar por sí solas el calentamiento del planeta. Las cubiertas blancas, los parques, la agricultura periurbana y los patios naturalizados pueden enfriar la ciudad y proteger mejor a la infancia, pero no bastan si el cambio climático continúa intensificándose.

En plena sucesión de episodios de calor temprano, el estudio del ICTA-UAB y la denuncia de Greenpeace aportan una hoja de ruta clara para el urbanismo metropolitano para adaptar la ciudad ya, empezar por los barrios más vulnerables y combinar soluciones grises, verdes y sociales para que el calor no agrande todavía más las desigualdades.
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