El legado de la historia antigua
La oferta turística de Sant Vicenç comienza con su legado arqueológico. El Horno Romano destaca como una pieza clave, al tratarse de un antiguo centro de producción de ánforas destinadas al transporte de vino hasta Roma. Paqui Capellades, concejala de Turismo, destaca que en este yacimiento «se fabricaban ánforas de vino que se transportaban hasta Roma y, posteriormente, se produjo aceite para el consumo local utilizando las mismas ánforas».
Como complemento de esta oferta, el Puig Castellar representa el pasado íbero del municipio. Según Capellades, «es un poblado íbero con un valor arqueológico muy importante que compartimos con Cervelló y estamos trabajando conjuntamente para recuperarlo». Estas ruinas no son únicamente yacimientos, sino testimonios de un territorio que ha sido nexo de unión entre poblaciones desde la antigüedad.
El patrimonio arquitectónico vicentino permite transitar por diferentes épocas en pocos metros. El Molí dels Frares, fechado en 1370, conserva arcos góticos y piezas originales de su pasado como molino harinero. Por otro lado, la arquitectura civil del siglo XX tiene su máximo exponente en Can Comamala, un palacete modernista que, en palabras de la concejala, «explica muy bien la potente industria textil que teníamos en el pueblo».