Can Ginestar y la gastronomía de proximidad
Si el Walden representa el Sant Just más futurista, Can Ginestar simboliza todo lo contrario: calma, sombra y vida pausada. La antigua masía medieval, reformada con detalles modernistas a principios del siglo XX, funciona hoy como uno de los principales espacios culturales del municipio, aunque en verano adquiere otra dimensión.
Las mesas de la terraza se llenan cuando cae la tarde. Gente leyendo, familias tomando algo bajo los árboles y conversaciones tranquilas convierten el jardín en un refugio silencioso lejos del ruido de Barcelona. En este ambiente, el alcalde Joan Basagañas lo define como “uno de los rincones más singulares y genuinamente santjustenses”.
Esta misma manera de vivir el tiempo sin prisas se traslada también a la gastronomía del municipio. Aquí no dominan las franquicias ni los restaurantes pensados para turistas apresurados, sino la cocina de proximidad y el ambiente tranquilo de terraza. “El trato directo y humano”, destaca Basagañas, es uno de los rasgos que mejor definen la restauración local.
Desde las carnes y los arroces del Restaurante La Bonaigua, un referente gastronómico frecuentado a lo largo de su historia por figuras como Salvador Dalí y distintos futbolistas, hasta las tapas y vermuts de La Vermutteca, Sant Just mezcla tradición catalana, cocina mediterránea y espacios con identidad propia. Entre ellos destaca El Mirador de Sant Just, situado en la antigua chimenea de la fábrica Sanson, donde se come con vistas al Baix Llobregat y Barcelona. También sobreviven masías como Can Carbonell o espacios como el Restaurante Ateneu, que mantienen ese trato cercano.