Volver a escucharnos
Montaigne escribió que la vida es ondulante. También lo es la historia. Las sociedades avanzan, retroceden, se enfrentan, pactan y vuelven a enfrentarse. En 1976, Cataluña necesitaba recuperar unas libertades destruidas por la dictadura. La unidad era entonces una necesidad histórica. El Memorial Democràtic recuerda precisamente 1976 como un año decisivo de movilizaciones políticas, sociales, sindicales y nacionales que contribuyeron decisivamente a recuperar los derechos democráticos.
En 2026 el reto es distinto. No tenemos que recuperar una democracia inexistente, sino mejorar la que tenemos. Y para hacerlo quizá debamos recuperar algo del método de quienes nos precedieron: hablar con quien piensa diferente, asumir que nadie posee toda la razón y aceptar que los acuerdos duraderos siempre contienen una parte de renuncia.
Los protagonistas de Sant Boi en 1976 no dejaron de ser comunistas, nacionalistas, liberales, socialistas o democristianos para compartir una plaza. Simplemente entendieron que había algo más importante que sus diferencias. Cincuenta años después, Cataluña necesita volver a descubrir esa idea.
Porque una sociedad no se construye levantando muros entre quienes la habitan. Se construye tendiendo puentes suficientemente sólidos para que puedan cruzarlos incluso quienes nunca votarán lo mismo. Y quizá ese sea el mejor homenaje posible a aquella multitud que nos reunimos en Sant Boi hace medio siglo: no limitarse a recordar su consenso, sino intentar practicarlo. Yo lo hago a diario.