Dos maneras de tratar la memoria industrial
Roca City y Can Bros muestran que el patrimonio industrial no se conserva únicamente mediante catálogos. Necesita inversión, acuerdos sobre la propiedad, liderazgo público, actividad económica y un proyecto compatible con las necesidades actuales.
En Gavà y Viladecans, el pasado fabril se utiliza como fundamento de una nueva centralidad metropolitana. La compañía mantiene su presencia, los edificios más significativos adquieren nuevos usos y la transformación genera vivienda, empleo y espacio público.
En Martorell, en cambio, la fragmentación de la propiedad, el aislamiento, los proyectos frustrados y la falta de ejecución administrativa, por desidia o incapacidad, han convertido la protección patrimonial en una declaración que no detiene la lluvia, las grietas ni los derrumbes. La colonia está catalogada como bien de interés local, pero esa consideración no ha impedido que sus construcciones continúen deteriorándose.
Queda, pese a todo, una comunidad. Los habitantes de Can Bros conservan sus casas, organizan una fiesta de la cerveza y reivindican la memoria de la colonia. Su resistencia evita que el enclave sea todavía una ruina completa. Pero la voluntad vecinal no puede sustituir indefinidamente a la actuación urbanística.
Roca Radiadores y Can Bros nacieron de la fuerza industrial del Llobregat. Una se prepara para cruzar el siglo XXI manteniendo producción, empleo y memoria. La otra contempla cómo desaparece poco a poco el paisaje que explica su historia. Una abre sus muros para convertirse en ciudad. La otra espera, junto a la autovía, que alguien llegue antes de que ya no quede nada que salvar.