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Innovación | Vivienda

Roca City y Can Bros, cara y cruz del legado industrial del Llobregat


Img Roca City y Can Bros, cara y cruz del legado industrial del Llobregat
Joan Carles Valero
23 Agosto 2026
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Gavà y Viladecans preparan un ecobarrio sobre el histórico recinto de Roca mientras la colonia textil de Martorell se desmorona junto a la A-2. Son la cara y la cruz de la innovación que se aplica en materia de vivienda en poblaciones de antigua tradición industrial y que representa gráficamente la ilustración que encabeza este reportaje.

Dos antiguos mundos fabriles del territorio Llobregat encaran el futuro desde extremos opuestos. El histórico recinto de Roca Radiadores, situado entre Gavà y Viladecans, se dispone a transformarse en un nuevo distrito con actividad industrial, empresas, viviendas, equipamientos y zonas verdes. Unos kilómetros río arriba, la estructura de la colonia textil de Can Bros sobrevive aislada junto a la A-2, con edificios en ruinas, apenas 36 vecinos y la sensación de que el tiempo y las administraciones la han dejado atrás.
  La niebla de esta imagen se antoja la bruma fantasmagórica en la que ha caído la antigua y floreciente colonia Can Bros, la cruz frente a Roca City por la incapacidad de su Ayuntamiento para ejecutar proyectos de futuro
La niebla de esta imagen se antoja la bruma fantasmagórica en la que ha caído la antigua y floreciente colonia Can Bros, la cruz frente a Roca City por la incapacidad de su Ayuntamiento para ejecutar proyectos de futuro

Incapacidad del Ayuntamiento de Martorell

Son la cara y la cruz de la reconversión del patrimonio industrial. En Roca, la fábrica deja de ser un recinto cerrado para integrarse en las ciudades que contribuyó a desarrollar. En Can Bros, la antigua colonia continúa perdiendo tejados, muros y memoria mientras los planes urbanísticos del Ayuntamiento de Martorell, presidido por el alcalde Xavier Fonollosa, de Junts, acumulan años sin materializarse.

La diferencia no está en la ausencia de pasado. Los dos espacios fueron comunidades organizadas alrededor de una empresa, con viviendas, servicios y una intensa relación entre fábrica y trabajadores. La distancia se encuentra en la capacidad actual para convertir ese legado en un proyecto económico y urbano viable y con futuro.
 Render del nuevo ecobarrio que se ha empezado a realizar entre Gavà y Viladecans en la antigua colonia industrial de Roca Radiadores
Render del nuevo ecobarrio que se ha empezado a realizar entre Gavà y Viladecans en la antigua colonia industrial de Roca Radiadores

La cara: Roca abre la fábrica a la ciudad

Roca City ha recibido en mayo de 2026 la aprobación urbanística definitiva de la Generalitat después de la tramitación impulsada por los ayuntamientos de Gavà y Viladecans, el Área Metropolitana de Barcelona y la compañía. La operación abarca 32 hectáreas situadas entre la fábrica, la carretera C-245 y la línea ferroviaria y pretende coser un espacio industrial que durante décadas ha funcionado como una barrera entre barrios. 

El proyecto no plantea la desaparición de Roca, sino su adaptación. La multinacional mantendrá y modernizará su actividad industrial, trasladará su sede corporativa mundial a nuevos edificios y desarrollará espacios vinculados a la innovación, la construcción sostenible y la formación. El 60 por ciento del techo edificable conservará usos económicos, con aproximadamente 146.000 metros cuadrados reservados para el complejo de la compañía y el resto destinado a oficinas, servicios, comercios y actividades terciarias. 

Alrededor de ese núcleo productivo surgirán 2.730 viviendas, de las que 1.260 serán protegidas y, dentro de estas, al menos la mitad se destinará al alquiler. La intervención incluye también dos grandes equipamientos públicos: uno en las antiguas oficinas de Roca en Gavà y otro en la nave histórica de fabricación de radiadores situada en Viladecans. 
Roca representa así una reconversión que intenta preservar industria y patrimonio sin congelarlos
Roca representa así una reconversión que intenta preservar industria y patrimonio sin congelarlos

Barrio alrededor de un gran parque lineal

El nuevo barrio se organizará alrededor de un parque lineal de 7,36 hectáreas que recuperará el curso de la riera como eje naturalizado. La prolongación de calles, la apertura de pasos y la construcción de un puente sobre las vías ferroviarias permitirán integrar físicamente el recinto con Gavà y Viladecans. Donde antes había muros industriales habrá itinerarios urbanos, comercio en las plantas bajas y conexiones entre barrios. 

Roca representa así una reconversión que intenta preservar industria y patrimonio sin congelarlos. La empresa continúa siendo el motor de la operación, pero comparte espacio con vivienda, equipamientos y actividad económica de nueva generación. La fábrica histórica no se convierte únicamente en museo: se actualiza para seguir produciendo y generando empleo.

El proyecto mira al futuro porque dispone de un propietario industrial con capacidad inversora, dos ayuntamientos coordinados, planeamiento metropolitano y una aprobación definitiva. Queda todavía la ejecución, siempre más compleja que la presentación de planos, pero el ámbito cuenta ya con una dirección concreta.
 Imagen de la antigua fábrica y colonia de Can Bros, junto a la autopista, a la altura de Martorell
Imagen de la antigua fábrica y colonia de Can Bros, junto a la autopista, a la altura de Martorell

La cruz: Can Bros se cae mientras espera

En Can Bros, la imagen es radicalmente distinta. La colonia aparece junto a la A-2 como una sucesión de esqueletos fabriles, viviendas vacías y una iglesia deteriorada. Sin embargo, no es un conjunto completamente abandonado. Allí continúan viviendo unas 36 personas, entre ellas Teresa Gallofré y Rosendo Rodríguez, que han relatado en distintos medios de comunicación cómo la degradación ha ido devorando el lugar en el que formaron una familia.

La historia industrial de Can Bros comenzó en 1852 con la implantación de una fábrica textil. En sus mejores años llegó a reunir alrededor de 700 habitantes y contaba con teatro, comercios, fiesta mayor y una vida comunitaria que también atraía a vecinos de otras poblaciones. La actividad fabril terminó en 1967 y, con el cierre, la población fue marchándose hacia los nuevos barrios de Martorell. 

Rosendo Rodríguez, que pasó allí su infancia, resume el contraste entre pasado y presente: “Había teatro, tiendas, fiesta mayor. Había mucha vida. Si no lo has visto nunca, es difícil imaginarlo ahora”. Lo que fue una comunidad obrera autosuficiente se encuentra hoy físicamente separada del núcleo urbano por la autovía, sin el transporte público que tuvo en otros tiempos y con numerosos edificios deshabitados o sin actividad. 

El deterioro no ha sido repentino. Los vecinos recuerdan que a principios de los años ochenta la colonia ya era antigua, pero todavía resultaba agradable, conservaba huertos y mantenía un entorno que describen como un oasis. El cambio de propietarios, el abandono de inmuebles y la falta de vigilancia han acelerado desde entonces la decadencia. Parte de los terrenos pasó a manos municipales en 2017, aunque la propiedad continúa fragmentada entre el Ayuntamiento y titulares privados. 
El alcalde de Martorell es Xavier Fonollosa, de Junts
El alcalde de Martorell es Xavier Fonollosa, de Junts

Plan municipal de mejora en trámite durante años

Martorell dispone formalmente de un Plan de mejora urbana para el núcleo de Can Bros, con memorias, estudios de movilidad, ordenación, redes de servicios y un calendario de etapas. El planeamiento municipal plantea rehabilitar el patrimonio, introducir usos residenciales y mejorar la conexión de la colonia con el resto de la ciudad. Sin embargo, la documentación urbanística continúa figurando entre los instrumentos en tramitación durante años y no se ha traducido en una recuperación visible del conjunto. 

La colonia tuvo también un proyecto ambicioso durante los años de expansión inmobiliaria anteriores a 2008, pero quedó paralizado con la crisis. Sus residentes aseguran que desconocen si existe ahora una alternativa con plazos y financiación. “No veo futuro en la colonia”, admite Teresa Gallofré al observar el estado de la iglesia, la fábrica y los antiguos alojamientos obreros. 
El problema supera la pérdida arquitectónica. Los edificios en ruinas atraen visitantes que entran en espacios inseguros, mientras los vecinos temen que se produzca un accidente. La iglesia, donde se casaron Teresa y Rosendo, está agujereada y sin protección suficiente. La sospecha más amarga es que se esté esperando a que los inmuebles terminen de caer porque rehabilitarlos o derribarlos resulta costoso. 
Recreación de cómo quedará la zona industrial y el ecobarrio de Roca City
Recreación de cómo quedará la zona industrial y el ecobarrio de Roca City

Dos maneras de tratar la memoria industrial

Roca City y Can Bros muestran que el patrimonio industrial no se conserva únicamente mediante catálogos. Necesita inversión, acuerdos sobre la propiedad, liderazgo público, actividad económica y un proyecto compatible con las necesidades actuales.
En Gavà y Viladecans, el pasado fabril se utiliza como fundamento de una nueva centralidad metropolitana. La compañía mantiene su presencia, los edificios más significativos adquieren nuevos usos y la transformación genera vivienda, empleo y espacio público.

En Martorell, en cambio, la fragmentación de la propiedad, el aislamiento, los proyectos frustrados y la falta de ejecución administrativa, por desidia o incapacidad, han convertido la protección patrimonial en una declaración que no detiene la lluvia, las grietas ni los derrumbes. La colonia está catalogada como bien de interés local, pero esa consideración no ha impedido que sus construcciones continúen deteriorándose.

Queda, pese a todo, una comunidad. Los habitantes de Can Bros conservan sus casas, organizan una fiesta de la cerveza y reivindican la memoria de la colonia. Su resistencia evita que el enclave sea todavía una ruina completa. Pero la voluntad vecinal no puede sustituir indefinidamente a la actuación urbanística.

Roca Radiadores y Can Bros nacieron de la fuerza industrial del Llobregat. Una se prepara para cruzar el siglo XXI manteniendo producción, empleo y memoria. La otra contempla cómo desaparece poco a poco el paisaje que explica su historia. Una abre sus muros para convertirse en ciudad. La otra espera, junto a la autovía, que alguien llegue antes de que ya no quede nada que salvar.
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