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Qué hacer en una escapada veraniega de un día a Pallejà


Img Qué hacer en una escapada veraniega de un día a Pallejà
Eugenia Soler Lafuente
13 Agosto 2026
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El trayecto desde plaza Espanya hasta Pallejà con Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) —líneas S4, S8 y R5— dura poco más de veinte minutos, pero el cambio de ritmo aparece mucho antes de llegar. Al salir de la estación no hay recorridos turísticos señalizados ni grupos organizados esperando visitas guiadas. Una pequeña plaza —la plaza de la Estación—, algunos coches aparcados y una zona de alquiler de bicicletas marcan el inicio de un municipio que se recorre sin un itinerario concreto.

Durante la semana, el movimiento alrededor de la estación es constante pero reducido: vecinos entrando y saliendo del tren, personas caminando hacia el mercado o grupos que atraviesan el centro sin prisa. Los fines de semana, en cambio, aparecen perfiles diferentes, especialmente personas equipadas para realizar rutas de senderismo por los alrededores.

En Pallejà no es necesario seguir un camino específico para acabar recorriendo buena parte del pueblo. Las calles conectan unas con otras de manera natural y el recorrido se construye mientras se camina. Las aceras son amplias, el tráfico es reducido y los espacios abiertos aparecen de manera continua. No hay sensación de saturación ni grandes concentraciones de gente. El ambiente cambia poco entre una plaza y otra: bancos ocupados, conversaciones tranquilas y familias moviéndose entre parques.
La Font de les Rovires, uno de los espacios naturales más conocidos de Pallejà.
La Font de les Rovires, uno de los espacios naturales más conocidos de Pallejà.

El ritmo se ralentiza alrededor del castillo

La iglesia de Santa Eulàlia aparece enseguida al salir de la estación, junto a un parque infantil. Bajando hacia el centro aparece el Castillo de Pallejà, situado en una plaza abierta donde el ritmo parece ralentizarse todavía más. Frente al edificio destacan unos bancos morados donde varias personas permanecen sentadas observando el movimiento de la plaza o conversando entre ellas.

El castillo, que actualmente acoge servicios municipales y una biblioteca infantil, funciona como uno de los puntos más icónicos del centro urbano. Muy cerca se encuentra el museo local, ubicado en una antigua masía que conserva parte de la memoria agrícola del municipio y diferentes elementos vinculados a su evolución histórica.

Justo delante del castillo, cruzando la calle, aparece el Parque de la Molinada. El espacio se distribuye en diferentes niveles: en la parte superior hay vegetación, bancos y una mesa de ping-pong; más abajo, unas escaleras conducen hacia una explanada y una zona infantil rodeada de árboles, tierra y zonas de sombra. Todo el entorno mantiene una continuidad visual entre plazas, parques y edificios, sin separaciones bruscas entre unos espacios y otros.
Parque infantil junto a la plaza de la Estación, una de las zonas de paso y encuentro del municipio.
Parque infantil junto a la plaza de la Estación, una de las zonas de paso y encuentro del municipio.

Actividad al aire libre

Gran parte de la actividad del municipio tiene lugar al aire libre. Los parques infantiles aparecen repartidos por distintos puntos del centro y es habitual ver familias moviéndose entre unos y otros. No funcionan como espacios aislados, sino como parte del mismo recorrido urbano. Además de los parques, el municipio cuenta con otras alternativas deportivas y de ocio, como el rocódromo o diferentes instalaciones repartidas por la periferia.

A la entrada del pueblo se encuentra la Societat Esportiva l’Espiral, un complejo con pistas de pádel y tenis, piscina, gimnasio y restaurante. Durante el verano, gran parte del movimiento del municipio pasa por este espacio, especialmente por las tardes.

Dentro de esta actividad cotidiana también se encuentra el Mercado Municipal de Pallejà, integrado en el centro urbano. Los lunes, el ritmo cambia con el mercado semanal de la calle Josep Molins Parera, donde aparecen puestos de ropa, alimentación y otros productos que ocupan gran parte de la calle durante toda la mañana.
Parque de la Molinada. Área de Desarrollo Local. Ayuntamiento de Pallejà.
Parque de la Molinada. Área de Desarrollo Local. Ayuntamiento de Pallejà.

Ruta de los Enigmas de Pallejà

El municipio también cuenta con la ruta interactiva “Els Enigmes de Pallejà”, un recorrido que conecta diferentes puntos del centro mediante códigos QR y pequeñas pruebas relacionadas con la historia y el patrimonio del pueblo.

La oferta gastronómica mantiene un perfil más local que turístico. En El Garrofer, uno de los restaurantes más conocidos del municipio, gran parte de la clientela es habitual. Según explica uno de sus trabajadores, “aquí se nota muy poco el turismo”, aunque los fines de semana sí reciben personas que llegan después de realizar rutas por la zona.

Entre los platos más destacados se encuentran las patatas bravas y el pulpo asado, dos de las elaboraciones más solicitadas del local. También aparecen propuestas propias como los canelones crujientes de queso de cabra o el postre de chocolate blanco y guayaba, creados por el propio restaurante.

La carta combina tapas, pescado, carnes y arroces. Entre estos, el arroz de setas con costilla mantiene una textura melosa y una carne tierna que se deshace fácilmente. También aparecen platos más frescos, como la ensalada de ventresca o el tartar de salmón, con presentaciones cuidadas y ordenadas. Además, el restaurante dispone de menú infantil.
El Castillo de Pallejà, construido en 1590 por Ramon Martí de Torrelles.
El Castillo de Pallejà, construido en 1590 por Ramon Martí de Torrelles.

Italianos y japoneses

Como alternativa, la Pizzeria Da Tulio funciona como una de las opciones habituales del municipio para comer pizza y pasta italiana. Las pizzas de masa fina y los calzone son algunas de las preparaciones más repetidas entre los clientes habituales. Entre los postres, el tiramisú aparece como una de las opciones más recomendadas del local.

Para quien prefiera cocina japonesa, Igua Sushi Art ofrece una propuesta centrada en sushi, nigiris y bandejas variadas para compartir. Como cierre más dulce de la jornada, la Bretonna Crêperie permite terminar el recorrido con crepes dulces, gofres o cafés en una zona más tranquila del centro.
Pedro, camarero del restaurante El Garrofer.
Pedro, camarero del restaurante El Garrofer.

Rutas de senderismo

Una parte importante de las personas que llegan a Pallejà durante el fin de semana lo hacen por las rutas de senderismo de los alrededores. La más conocida es la de las Rovires, cuyo acceso comienza junto al cementerio. El sendero, de tierra compacta y sin dificultad técnica, se adentra progresivamente en una zona donde la vegetación gana densidad y el entorno urbano desaparece.

El recorrido es circular y se puede hacer con niños, tanto por la continuidad del camino como por la ausencia de desniveles importantes. A lo largo del trayecto aparecen zonas de sombra continuada, pequeños tramos de agua y espacios donde detenerse. La Font de les Rovires y la Font del Carinyo funcionan como puntos centrales del recorrido y concentran gran parte de las paradas.

El final del día se puede completar en el entorno del río Llobregat, donde el paisaje vuelve a cambiar. Aquí el espacio se abre y el recorrido se vuelve más amplio y lineal. Los caminos junto al río permiten caminar o ir en bicicleta mientras la vegetación se vuelve menos densa y más abierta. El espacio, antiguamente vinculado a usos industriales y agrícolas, forma hoy parte del parque fluvial del Llobregat y mantiene un uso continuo por parte de vecinos y personas que recorren la zona al final de la tarde.
La Font de les Rovires, área de descanso.
La Font de les Rovires, área de descanso.

La ruta circular de les Rovires es para todos los públicos

La ruta de les Rovires comienza junto al cementerio, en un punto señalizado que no anticipa el cambio de entorno que aparece pocos metros después. El camino, de tierra compacta y sin dificultad técnica, avanza entre vegetación hasta que las referencias urbanas desaparecen progresivamente. El sonido del tráfico deja de percibirse y queda sustituido por el agua, las pisadas sobre la tierra y el canto de los pájaros.

La vegetación se vuelve más densa a medida que avanza el recorrido. Los árboles generan zonas de sombra continuada y el sendero queda delimitado por plantas y terreno irregular, aunque mantiene un trazado claro y accesible. Es habitual encontrar familias haciendo la ruta con niños, tanto por la continuidad del camino como por la ausencia de desniveles importantes.

La Font de les Rovires aparece como un espacio abierto dentro del sendero. Una pequeña cascada cae sobre una zona de agua poco profunda y una pasarela de madera atraviesa el tramo húmedo. A un lado, una mesa y varias zonas llanas se utilizan para hacer pícnic. Mantas extendidas, grupos comiendo o personas sentadas durante largos periodos forman parte de la imagen habitual del lugar. Nadie parece atravesar el espacio con prisa.

El recorrido continúa hasta la Font del Carinyo, donde el agua forma una pequeña poza rodeada de vegetación. El tránsito disminuye y el ambiente se vuelve todavía más silencioso. El itinerario, circular, vuelve finalmente al punto de inicio, concentrando en pocos kilómetros un entorno donde el ritmo cambia por completo respecto al centro urbano.
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