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Estilo de vida | Gastronomía

Pota Blava: el gallo que explica El Prat


Img Pota Blava: el gallo que explica El Prat
Santiago Cuadrado Moll
01 Agosto 2026
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En El Prat de Llobregat, decir “Pota Blava” no es hablar solo de un pollo. Es hablar de un símbolo. De una raza autóctona, de una manera de entender el territorio y de un orgullo local que ha acabado traspasando las fronteras de la gastronomía. El Pota Blava, nombre popular del Pollo y Capón de la Raza Prat, debe su nombre a las patas de color azul pizarra, uno de los rasgos más visibles de un ave reconocida también por su plumaje rubio oscuro, la cresta roja y las orejillas blancas. Encabeza este reportaje un collage de diferentes chefs que cocinan pollos Pota Blava y que han participado en la promoción de este producto.

Su historia viene de lejos. En el delta del Llobregat ya existía desde tiempos antiguos una gallina rústica y mediterránea que, a finales del siglo XIX, empezó a ser seleccionada por los campesinos y primeros avicultores catalanes hasta fijar las características de la Raza Prat. Durante la primera mitad del siglo XX, esta ave vivió una etapa de expansión y prestigio: se criaba por todo el Estado, llegaba a países europeos e incluso tuvo presencia en Argentina y Uruguay.
El Pota Blava, reconocible por sus patas de color azul pizarra, es uno de los símbolos más queridos de El Prat de Llobregat.
El Pota Blava, reconocible por sus patas de color azul pizarra, es uno de los símbolos más queridos de El Prat de Llobregat.

El riesgo de la modernización

Pero, como sucede a menudo con los productos tradicionales, la modernización también puso en riesgo su continuidad. La entrada de razas híbridas más baratas y la industrialización de la producción avícola hicieron retroceder a las razas tradicionales. En los años setenta, el Pota Blava sobrevivía sobre todo en corrales de masías y patios de casas vinculadas al campo. Figuras como Rosa Álvarez, Enric Corominas, Enric Castelló o Roman Farreras fueron decisivas para su preservación. En 1975, el Ayuntamiento de El Prat impulsó el concurso que acabaría convirtiéndose en la Feria Avícola.

Hoy, la Feria Avícola de la Raza Prat es mucho más que una exposición de aves de corral. Lo que empezó como una pequeña muestra bajo los soportales de la Torre Balcells se ha transformado en la gran cita de invierno de El Prat, instalada desde 2017 en la Granja de la Ricarda. La feria reúne producto local, restauración, comercio, entidades, actividad cultural y vida asociativa. La 52.ª edición, celebrada en 2025, superó los 80.000 visitantes, una cifra que confirma la dimensión ciudadana y metropolitana del acontecimiento.
FOTO 2— Pequeños polluelos de la raza Pota Blava.
FOTO 2— Pequeños polluelos de la raza Pota Blava.

Más que un producto gastronómico

El valor del Pota Blava también es gastronómico. Su carne es descrita por el Consejo Regulador como fina, melosa, de sabor intenso y persistente, con un ligero aroma a frutos secos. Además, la Indicación Geográfica Protegida garantiza unas condiciones concretas de cría, alimentación y control. Los pollos y capones de El Prat deben criarse en municipios concretos del Baix Llobregat y su entorno, y cada unidad comercializada lleva una etiqueta individual numerada.

Ahora bien, la importancia del Pota Blava no puede explicarse únicamente desde el plato. Imanol Crespo, director gerente de Prat Comunicació SL, defiende que el Pota Blava es “más que un producto”: es una cuestión identitaria y, por tanto, un tema de interés informativo durante todo el año. Según Crespo, los medios locales tienen una función clara: crear comunidad, reforzar la identidad local y mantener vivo el relato más allá de la feria.
Composición de cocineros con platos de Pota Blava.
Composición de cocineros con platos de Pota Blava.

El orgullo de ser potablava

Esta construcción simbólica se observa en la calle. Muchos vehículos de El Prat lucen la pegatina del pollo, varias entidades lo han incorporado a su imaginario y el gentilicio popular “potablava” convive con “pratense”. Fuentes municipales remarcan que el Pota Blava se ha consolidado en las últimas décadas como un símbolo de identidad de ciudad, presente en el deporte, la cultura popular y el relato institucional.

El reto, sin embargo, es mirar hacia el futuro. La preservación de una raza autóctona depende de criadores, restauradores, instituciones, consumidores y medios de comunicación. También del relevo generacional. En este sentido, las fuentes consultadas señalan que la entrada de perfiles más jóvenes en el ámbito de la cría y del asociacionismo puede ayudar a proyectar el futuro del Pota Blava. El debate ya no consiste solo en conservar una raza, sino en hacerla atractiva, accesible y presente durante todo el año.
Collage de platos de Pota Blava con cerveza Damm, que tiene la fábrica en El Prat.
Collage de platos de Pota Blava con cerveza Damm, que tiene la fábrica en El Prat.

El éxito de iniciativas como QuintoTapa

Por ello han ganado peso iniciativas como QuintoTapa, los menús de feria, los espacios gastronómicos o formatos más asequibles como croquetas, canelones y tapas de Pota Blava. El producto continúa asociado a la alta cocina y a fechas especiales, pero su supervivencia también pasa por ampliar la base de consumidores sin perder autenticidad.

Al final, el Pota Blava explica una tensión muy actual: cómo preservar lo singular en un mundo que tiende a la estandarización. El Prat ha convertido una raza avícola en una marca de ciudad, en patrimonio emocional y en escaparate del territorio. Y, quizá por eso, cuando un pratense dice que es potablava, no habla solo de un pollo. Habla de una manera de pertenecer.
Ser potablava es un signo de distinción pratense
Ser potablava es un signo de distinción pratense

El reto de desestacionalizar el Pota Blava

Durante muchos años, el consumo del Pota Blava ha estado muy ligado a la Navidad y a la Feria Avícola. Esta asociación le ha dado prestigio, pero también ha limitado su consumo a momentos muy concretos del año. Por ello, una de las líneas actuales pasa por desestacionalizar el producto y llevarlo a formatos más cotidianos o accesibles.

Las croquetas, los canelones, las tapas y los pequeños platos gastronómicos permiten acercar el Pota Blava a nuevos públicos sin exigir la compra de un ejemplar entero, a menudo más caro y reservado para ocasiones especiales. Esta estrategia no rebaja el valor del producto, sino que amplía las formas de degustarlo y lo conecta con la restauración local.

El futuro de la Raza Prat dependerá, en buena medida, de este equilibrio: mantener la excelencia y la autenticidad, pero conseguir que el Pota Blava no sea solo un recuerdo de feria o de Navidad, sino un producto vivo durante todo el año.
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