Generación | Senior
Pere Baltà, periodista, escritor y político con vocación de servicio público: "Sentí el peso de la historia; hoy veo la ligereza de la política"
Xavi López
18 Enero 2026
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La trayectoria vital y pública de Pere Baltà es tan extensa que él mismo confiesa que le cuesta condensarla. Hoy, con ochenta y cinco años y todavía activo, se define como un "periodista-escritor que ha tenido vocación de servicio público". Ésta es, dice, la línea que ha atravesado todas las etapas de su vida, desde aquel “nano rebelde” de El Prat hasta el diputado que ocupó un escaño en el Congreso durante dos legislaturas y media.
Los valores que le han guiado, el cariño por la cultura, la justicia social y el país, provienen de su familia. "Mis padres y abuelos me dieron la base de todo", explica. En su casa no faltaban la lectura, el interés por el mundo y una conciencia social que él absorbió como algo natural. También recuerda con gratitud a los maestros que le orientaron, especialmente Jaume Codina, que le abrió las puertas del periodismo y le hizo entender la profesión como un compromiso.
El bar de El Prat, la primera escuela política
Muchas de sus vivencias decisivas se remontan a la niñez. En 1946, su padre convirtió un local en una fonda-taberna que pronto se convertiría en un espacio de encuentro y debate. Baltà, que entonces era sólo un niño, hablaba con los mayores y cada mañana llevaba el diario a su abuelo. El abuelo le hacía leer en voz alta y le explicaba cómo interpretar la prensa. "Aquel ritual era mi escuela política sin que yo lo supiera", recuerda.
En la taberna también se reunía un grupo de jóvenes comunistas del pueblo. Como muchos de ellos eran “analfabetos”, le pedían que les leyera las crónicas de la guerra de Corea y China. Sin darse cuenta, ese niño tímido se convertía en transmisor de ideas. Todo se hizo más evidente el día que el párroco del pueblo le señaló desde el púlpito como “el niño de Barcelona” que explicaba cosas que no convenían. Fue el primer aviso de hasta qué punto la política podía incomodar al poder.
Carrera política construida con coherencia
Con los años, Baltà se integró plenamente en la vida institucional. Antes de llegar al Congreso, trabajó como técnico de la Generalitat y se implicó en el activismo político del centroizquierda. Entre 1988 y 1996 ejerció como diputado. Cuando finalmente decide marcharse, lo hace de manera consciente: "Los objetivos que me habían llevado a Madrid se habían cumplido. Dije bastante en la vida parlamentaria, pero no en el compromiso."
A partir de ese momento, se concentró en la escritura y en impulsar iniciativas críticas, como la plataforma que denunciaba pactos que consideraba contradictorios con el proyecto del país. "Se puede pactar con lo contrario, pero nunca con el enemigo", afirma. Escribir se convertiría en una nueva forma de seguir luchando.
Moscú: testigo de un momento histórico
Pero existe una experiencia que destaca entre todas: su viaje a Moscú como observador internacional del referéndum de Boris Yeltsin. Baltà lo recuerda como un momento que le marcó para siempre. “Era increíble estar allí mientras se estaba escribiendo la historia de Europa.” Todavía hoy describe con emoción el momento en el que subió las escaleras del Kremlin y se sentó en los mismos espacios que habían ocupado Lenin y Stalin. "Sentí el peso del pasado y del futuro a la vez", confiesa. Para él, la política es esto: memoria, responsabilidad y conciencia del sitio que ocupa cada uno en el curso de la historia.
Generacions, política i pèrdua d’ideologia
Estas experiencias le permiten analizar con distancia la actual política. La diferencia con la generación de la Transición es, según Baltà, "inmensa". Su generación "se hizo sabia luchando contra la dictadura" y actuaba con ideología y vocación. Hoy, en cambio, cree que muchos jóvenes llegan con prisa y con la ambición de realizar carrera personal. "Entrar en política sin ideología es un desastre absoluto."
También lamenta que la cultura del acuerdo -que él considera imprescindible- haya desaparecido. La polarización ha sustituido al diálogo, ya menudo no puede evitar apagar la televisión cuando observa algunos debates.
Lo que más le preocupa es la combinación de crispación, desinformación y pérdida de valores. "Van juntos", asegura. Y es este caldo de cultivo el que, a su juicio, permite el ascenso de líderes políticos “extraños” en todo el mundo.
El pratense durante la presentación del año Candel, autor del libro “Els altres catalans”. Baltà fue presidente de la Fundación Paco Candel entre 2007 y 2021
Los jóvenes y la democracia
Pese a su mirada crítica, Baltà es constructivo. Reconoce que la lucha de su generación ha permitido que la universidad pasara de tener a un 3% de alumnado de clase obrera a un 30 o 40%. Pero lamenta que "demasiada gente desprecia los oficios" y que la información que reciben a través de las redes sociales "es muy engañosa y los desorienta". “La preparación está ahí, pero no siempre se utiliza bien.”
Además cree que las nuevas generaciones no acaban de entender qué fue realmente la Transición. "Cerramos una dictadura, pero sólo pudimos crear una democracia imperfecta. Ellos deben terminarla." Su consejo está claro: formación, paciencia y ego al margen. El éxito, para él, es poder mirar atrás y decir: "ha merecido la pena".
Cuando el compromiso es una forma de vivir
Pere Baltà i Llopart, nacido en El Prat de Llobregat en 1939, es periodista, escritor y político. Después de formarse en un contexto en el que no existía la carrera de periodismo en Cataluña, opta por estudiar en la Escuela Industrial para “ganar espacio” y llegar más rápidamente a su objetivo: escribir y comunicar. Ha trabajado como técnico de la Generalitat, ha sido diputado en el Congreso durante dos legislaturas y media, y ha desarrollado una intensa labor cívica en el ámbito del centroizquierda. Actualmente, sigue vinculado al mundo cultural y periodístico, con una actividad que no ha perdido intensidad a pesar de la edad.
La política sin ideología, un error irreparable
Para Baltà, el gran error de la actual política es haber desconectado la actividad pública de la ideología. "Mi generación se hizo sabia luchando, y actuaba para transformar la sociedad", recuerda. Sin embargo, hoy observa una política centrada en el éxito individual, en la carrera personal y en la riqueza. Por eso alerta: "Entrar en política sin ideología es un desastre absoluto". Considera que sólo la vuelta a los principios, la vocación pública y los sueños colectivos pueden revertir la crispación, la desinformación y la falta de acuerdos que definen el presente político.

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