Memoria, valores y cambios
Cuando recuerda los años de la dictadura y la transición, lo hace con un claro sentido histórico. "Al final de la dictadura la gente estaba cohibida, pero ya empezaba a protestar. Con la democracia, la gente se desinhibió. Los años ochenta fueron de esplendor, de salir a la calle y expresarse".
En cambio, hoy ve a una sociedad más cerrada. "Antes las familias estaban más unidas. Los abuelos eran el centro. Ahora cuesta reunir a todo el mundo, y esto ha cambiado. La sociedad se ha vuelto más egoísta, quizá por las nuevas tecnologías o la aceleración social".
A Pedro Tomás no le gusta que le etiqueten como “abuelo”, aunque lo es. Prefiere pensar que es una persona activa. "Tengo mi edad, pero me considero una persona activa. Hago ejercicio, colaboro en UGT, hago muchas cosas. La edad sólo es un número".
Y si no supiera cuántos años tiene, asegura que "me pondría 40 o 50. Hago lo mismo que una persona de esa edad. La vejez no la define la fecha de nacimiento, sino cómo vives". Cuando le pedimos qué consejo se daría a su yo de veinte años, no duda: "Vivir la vida y defendió lo justo".