Artes | Lectura
Paseo por la memoria literaria olvidada de Carlos Ruiz Zafón
Yolanda Almudena Mesones
17 Enero 2026
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La Barcelona 'zafoniana' es una Barcelona modernista que antaño conquistó el corazón de todos aquellos que no vivieron los años previos a las olimpiadas de 1992, y que conmemoró las memorias de quienes sí vivieron esta Barcelona oculta, escondida y oscura.
Carlos Ruiz Zafón fue el escritor catalán que revolucionó la literatura de los 2000 con La sombra del viento, motivado a redactarla tras su obra adolescente, Marina. Zafón vivió toda su vida en Barcelona, principalmente en el Eixample, pero su “Barcelona real” fue aquella del centro: la ruidosa, temerosa, escondida, y aquellas ornamentadas calles del Gòtic, que en ese momento era conocido como el 'barrio chino'.
Calle del Obispo, por la que caminaban Marina y Óscar en busca de respuestas sobre la dama de negro en Marina
Barcelona también puede leerse a través de la literatura que la ha imaginado.
Una ciudad novelesca
La sombra del viento fue traducida a 5 idiomas diferentes: castellano, catalán, inglés, alemán y holandés, cautivando la mirada de muchos turistas intrigados por los personajes escurridizos y bien construidos de Zafón. Para Sergi Doria, periodista y buen amigo del difunto, "Zafón es si vas a Barcelona, como si vas a Inglaterra con Dickens". Quizá sea porque fue el único escritor que logró capturar el recuerdo de lo que no fue y nunca volverá a ser.
La obra de Zafón ha convertido a Barcelona en un destino literario global.
El misterio del barrio Gòtic, donde la iluminación es selectiva
Solo quedan recortes de una Barcelona oscura y aislada, incomparable en la ciudad cosmopolita de hoy. Aquí, los turistas 'zafonianos' buscan visitar y conocer lo que aún permanece en la memoria de los años 30 y 40, con personajes como Óscar Drai, Marina, Daniel Sempere, e incluso el vagabundo Fermín -a partir del cual Ruiz Zafón se describió-.
El imaginario literario de Sarrià
Para todo visitante lejano, la primera parada es el colegio de los Jesuïtes Sarrià, con esa enorme y llena de ladrillos fachada, que refleja el sol perfecto para cualquier aficionado con la esperanza de sentirse como un niño entre estas cuatro paredes. Nunca imaginaría cómo en aquella fortaleza el malvado Javier Fumero fue ideado por el niño tímido y superdotado que fue Zafón. Y es que el barrio de Sarrià cobra vida con la literatura del autor: un turista no le visita sin conocimiento previo de las obras del Cementerio de los Libros Olvidados.
Del mismo modo sucede con el palacio de los Aldaya, en la Avenida Tibidabo 32, hogar escondido de Julián Carax tras enterarse de la muerte de su amada Penélope. Quizás ha sido el hecho de que Zafón trabajó en aquel palacio en sus años de publicista lo que le llevó a describir tan detalladamente la batalla final entre “buenos” y “malos”, encerrados en un palacio blanco con ángeles observando.
Los barrios toman una nueva dimensión cuando se miran desde la ficción.
Otro espacio que todo 'zafoniano' debe visitar es el Hospital modernista de Sant Pau, ese que años atrás recibió la muerte de la etérea Marina y el más fuerte de los gemidos de un padre como el Germán Blau, que pierde el sentido de su vida. Uno sólo puede imaginar aquella escena desgarradora en la torre más alta del hospital, la misma que permitió al Oscar observar desde arriba cómo todo lo que conocía se desvanecía. De hecho, el modernismo es una de las características de la ciudad que inspiraba a Zafón a redactar, y las decoraciones de dragones en el parque Güell pudieron alimentar su colección y obsesión hacia estos animales orientales.
Ciutat Vella, epicentro
Aunque Sarrià guarda un espacio melancólico para el escritor, la verdadera acción sucede en el centro de la ciudad. Por ejemplo, en el Gran Teatre del Liceu, el que acabó con la vida de Mijail Kolvenik. Inspirado por esta idea, creó en su imaginario literario el Teatro del Raval, con grandes torres y un escenario enorme para su adorada Eva Irinova.
En la historia de
Marina, la Catedral de Barcelona presenció la boda de Kolvenik y su esposa, quemada en cuanto le tiraran ácido a la cara. También juega un papel muy importante en el clímax de Carax. Si admiras el mármol de esta estructura, puedes entender mejor cómo la sangre de Eva Irinova destacaba aún más en el lienzo blanco de su vestido y el suelo.
A pocos metros de los tormentosos gritos de Eva en la catedral, se ubicaba el hogar del personaje Nuria Monfort, justo en la plaza de Sant Felip Neri. Esa casa probablemente nunca existió, y fue uno de los muchos ambientes inventados por la imaginación zafoniana, inspirada en los edificios altos y grises de la época.
Del mismo modo, la calle de Santa Anna -donde se ubicaba la librería de los Sempere- aún conserva el aura que Zafón intentaba describir en esa calle cerrada y angosta, con poca luz en verano y menos luz en invierno. Es una calle fría que ya no alberga la famosa librería, sino que se ha convertido ahora en una tienda antigua de guantes que conserva la fachada de lo que una vez fue la Librería Sempere e Hijos. Caminando cerca de la actual tienda, los turistas se acumulan para tomar fotos, pero no es por los libros. Es porque la tienda les inspira lo mismo que inspiraba a Zafón: historia y antigüedad.
La Librería Quera, posible inspiración para la creación de la Librería Sempere e Hijos de La Sombra del Viento
Del mismo modo, la calle de Santa Anna -donde se ubicaba la librería de los Sempere- aún conserva el aura que Zafón intentaba describir en esa calle cerrada y angosta, con poca luz en verano y menos luz en invierno. Es una calle fría que ya no alberga la famosa librería, sino que se ha convertido ahora en una tienda antigua de guantes que conserva la fachada de lo que una vez fue la Librería Sempere e Hijos. Caminando cerca de la actual tienda, los turistas se acumulan para tomar fotos, pero no es por los libros. Es porque la tienda les inspira lo mismo que inspiraba a Zafón: historia y antigüedad.
Una parada (agri)dulce
Finalmente, para acabar con la ruta 'zafoniana' y antes de abandonar el centro, cuando la luz del sol todavía ilumina las callejuelas del barrio Gòtic, como buen fanático hay que merendar churros con chocolate en la Granja Dulcinea de la Calle de Petritxol. Sentados en las sillas de madera, con el suelo caleidoscópico y las fotografías de los años en los que el ruido no era el mayor enemigo, Daniel Sempere y su futura mujer, Bea Aguilar, disfrutaban de su cita a escondidas de su hermano.
En las paredes blancas, los cuadros en blanco y negro manchados por el tiempo adornan la Granja Dulcinea. Y su pequeño balcón interior, que aloja a aquellos clientes estrella obsesionados con churros bañados en chocolate espeso y dulce. Cuando se pregunta a Julián Diaz, trabajador del local, si muchos clientes acuden por Carlos Ruiz Zafón, él responde: "No, ¿quién es? ¿Un cantante?". Parece que ese local clave para Daniel Sempere, quien sólo buscaba leer libros para inmortalizarlos, necesita otro Daniel Sempere para inmortalizar el recuerdo de su autor.
La Granja Dulcinea, el primer lugar de encuentro romántico entre Bea y Daniel en La Sombra del Viento
La inspiración de una tetralogía
Sergi Doria figura que "dentro de la cuota de turistas literarios, Zafón se lleva el porcentaje más alto", pues el autor catalán fue entonces admirado por muchos. De hecho, parece que él está más cerca de terminar como el Cementerio de los Libros Olvidados. La invención de este mundo literario surge muy irónicamente en el desierto de California, donde, a lo lejos, había un lugar donde se vendían libros antiguos al peso. Te daban una linterna, y, como si fuera una cueva, se encontraba los libros que le interesaran.
La Barcelona zafoniana fue creada en base a los recuerdos de algo que ya no existe y que quizás nunca existió más allá de la mente de un escritor. Su obra de éxito, La La Sombra del Viento, la escribió en California y no en Barcelona. Y lo escribe con recuerdos y fotografías de su infancia posguerra. En ese contexto, desarrolló una fascinación por el misterio y el silencio. Es por eso que la última parada literaria de la ruta zafoniana es el Cementerio de Poblenou. En la lectura, los cementerios suelen ser parte fundamental de la trama. Es el lugar en el que el protagonista se detiene a pensar y reflexionar, un espacio de aislamiento perfecto.
La Barcelona de Zafón persiste porque está construida sobre recuerdos y ausencias.
Al fin y al cabo, Carlos Ruiz Zafón conmemoró el recuerdo de una Barcelona de antaño en sus obras. Y se le inmortaliza a él ya la Barcelona modernista leyendo sus novelas. Es un ciclo vicioso del Cementerio de los Libros Olvidados, porque sólo uno es olvidado si no es escogido, admirado, leído y visitado.

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