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Núria Artola, presidenta de la Asociación de Vecinos de Les Planes de Olesa de Montserrat: “Yo prefiero hablar de tercera juventud porque es una nueva etapa vital, no una continuación” - Next LLobregat
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Núria Artola, presidenta de la Asociación de Vecinos de Les Planes de Olesa de Montserrat: “Yo prefiero hablar de tercera juventud porque es una nueva etapa vital, no una continuación”


Img Núria Artola, presidenta de la Asociación de Vecinos de Les Planes de Olesa de Montserrat: “Yo prefiero hablar de tercera juventud porque es una nueva etapa vital, no una continuación”
Jordi Vizuete Valls
18 Enero 2026
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A sus 64 años, Núria Artola es una de esas personas que sostienen la vida comunitaria sin buscar protagonismo. Ahora jubilada, pero administrativa de profesión, viuda desde hace dieciséis años y madre de una hija ya adulta, encabeza como presidenta la Asociación de Vecinos de Les Planes, donde coordina actividades culturales, talleres y conferencias mensuales sobre salud y bienestar. Todo sin ánimo de lucro. "Somos un grupo de personas muy unidas, lo que hacemos lo hacemos para ayudarnos mutuamente", explica.

Ella misma se define como "inquieta, creativa y al día de todo". Esta energía le ha convertido en un referente de su barrio. "Me siento querida, y eso es lo más importante. Cuando participas activamente, la gente te lo devuelve". Su visión de la vida es práctica: implicarse, actuar y nunca quedarse parada.

Una vida de compromiso

Su compromiso social no es casual, desde joven, entendió el valor del voluntariado, aunque su padre le recomendaba lo contrario. "Él me decía que no me metiera en nada, pero siempre he hecho exactamente lo contrario", recuerda. Esta actitud rebelde y empática ha marcado su camino: "Me gusta ayudar, formar parte de las cosas, sentir que puedo aportar".

Su padre sufrió Alzheimer, una experiencia que la golpeó profundamente. "Me da miedo el deterioro cognitivo, no tanto el físico. Con mi padre vi cómo se pierde la dignidad. Pasas de ser quien eres a ser 'la de Olesa'. No me gustaría que me pasara". La memoria es para ella la esencia de la identidad. "Puedes envejecer con arrugas, pero perder el recuerdo de quien eres es mucho más duro", sentencia.

En cuanto a la muerte, habla con serenidad: "No le tengo miedo. Lo que me da miedo es el dolor, el sufrimiento". Esta lucidez es fruto de un proceso de pérdidas y aprendizajes. Cuando se quedó viuda, su hija era adolescente. "Tuve que ser la poli buena y la poli mala. No era fácil, pero lo hice como pude". Hoy mantiene una relación muy cercana con ella y dice que el tiempo les ha ayudado a entender mejor.
Artola defiende desde joven que lo importante es mantener la ética y la empatía

El entorno como red de soporte

Artola cree firmemente en el valor de la comunidad. "Siempre hay un amigo o una amiga que te anima a hacer cosas. La red de apoyo es esencial para digerir una pérdida". En su barrio promueve actividades para combatir la soledad no deseada: "Hemos empezado a reactivar un programa para detectar situaciones de riesgo de aislamiento. Por suerte, de momento no hemos visto casos de maltrato, pero no sé si en otros municipios será igual", explica.

Una nueva mirada sobre la edad

A pesar de su implicación con el colectivo senior, Núria no se identifica del todo. "Eso de la tercera edad no me gusta mucho. Yo llamo tercera juventud". Su forma de entender el envejecimiento es positiva y dinámica: “No lo veo como una continuación, sino como el inicio de otra etapa vital”.

Nunca se ha sentido discriminada por la edad. "Creo que es porque tengo carácter extrovertido y parece que sea más joven de lo que soy". Si tuviera que ponerse una edad, dice riendo: “Diez años menos de los que tengo”. Para ella, la edad es una cuestión de actitud más que de calendario.
A diferencia de otras personas de su generación, no idealiza el pasado. "Las nuevas generaciones tienen mucho potencial, pero hay que saber dirigirlo". Defiende que los jóvenes actuales son más críticos y conscientes de la realidad que les rodea. "Ahora les preocupa poder trabajar, tener un sueldo digno y acceder a una vivienda. Es normal: la sociedad les ha cortado las alas".

Pero cree que hay que reforzar la educación cívica y el respeto. "Quizá deberíamos enseñar más valores en las escuelas. No todo es competencia y rendimiento. Es necesaria una asignatura que enseñe a tratar bien a las personas ya ser solidario".

Espiritualidad y valores

La presidenta de la Asociación de Vecinos de Les Planes observa con interés los cambios morales y religiosos de la sociedad. "Hemos pasado de una sociedad cristiana a una sociedad laica muy rápidamente, pero la espiritualidad todavía está ahí. Los valores, el amor, la compasión, esto no se ha perdido". No cree en la religión como dogma, sino como transmisión de valores humanos. "Lo más importante es mantener la ética y la empatía".

También se muestra crítica con los medios de comunicación, que a menudo, dice, invisibilizan a las personas mayores o la tratan como un colectivo homogéneo. "A mí no me afecta mucho, pero a otras personas les puede hacer daño. Hay quien se siente ofendido, y con razón".
El día de su boda. Artola es un referente de su barrio, donde "me siento querida, y eso es lo más importante: cuando participas activamente, la gente te lo devuelve"

Cambios sociales del futuro, presente y pasado

Acerca del futuro, su visión es pragmática. "No me interesa la inmortalidad. Me interesa la calidad de vida". Es partidaria de replantear los modelos de atención a las personas mayores. "Las residencias tradicionales deben cambiar. Hay iniciativas como las ciudades seniors o las viviendas con servicios que pueden ser una alternativa digna y moderna".

Pese a su energía, reconoce que ahora mismo hay cosas que le hacen respeto. "La tecnología avanza muy deprisa y eso genera inseguridad. Siempre tienes miedo de que te engañen". Por eso insiste en que es necesario mantener el “tú a ti” en los servicios: “El trato personal y la confianza no se pueden sustituir con pantallas”.

Cuando se le pregunta por el pasado, sobre qué le diría a su yo de veinte años, no duda: "Que no sufra tanto por las cosas y que se deje llevar". Una frase sencilla, pero que resume toda una filosofía de vida: vivir con serenidad, empatía y sentido común.
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Hacia unas ciudades seniors más humanas

Núria Artola es partidaria de repensar el modelo de residencia tradicional. "Las ciudades seniors o viviendas con servicios son una alternativa muy interesante, más respetuosa con la autonomía de las personas". Estos espacios, explica, permiten mantener una vida activa y comunitaria con soporte profesional, pero sin la rigidez de las residencias clásicas.

Considera que es necesario impulsar políticas que faciliten el acceso a estos modelos y hacerlos económicamente viables. "Son demasiado caros para la mayoría de la gente. Habría que subvencionarlos o adaptarlos a los ingresos reales de la población". También defiende que la entrada en una residencia o centro asistido debe ser siempre una elección personal. "Debe ser voluntario, nunca impuesto. Y los profesionales que trabajan deben tener vocación y sensibilidad".

Educar en valores, una asignatura pendiente

Para Núria Artola, el respeto y la solidaridad deberían ser materias obligatorias. "Habría que instaurar una asignatura humanitaria que enseñara a tratar bien a las personas. En otras culturas esto es básico".
Cree que la sociedad ha avanzado mucho en conocimiento, pero ha descuidado la educación emocional y ética. "Se habla mucho de rendimiento y competencia, pero pocos valores. Y esto se nota en el comportamiento de la gente joven". Sin embargo, es optimista: "Ahora las escuelas comienzan a fomentar el pensamiento crítico y los debates, y eso es muy positivo".

Para ella, los valores morales no dependen de la religión, sino de la educación y del ejemplo cotidiano. "La espiritualidad no se ha perdido, sólo ha cambiado de forma. Lo importante es mantener la empatía y el respeto".
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