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Marta Guerrero, bailarina y psicopedagoga jubilada, de Torrelles: “Una bailarina con las canas no inspira confianza, una psicóloga sí”


Img Marta Guerrero, bailarina y psicopedagoga jubilada, de Torrelles: “Una bailarina con las canas no inspira confianza, una psicóloga sí”
Jordi Vizuete Valls
20 Enero 2026
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Marta Guerrero tiene setenta años y vive en Torrelles de Llobregat, el municipio donde ha construido su presente después de una carrera que combina dos dimensiones aparentemente opuestas: la disciplina física de la danza y la profundidad analítica de la psicología. Su trayectoria profesional empezó en el cuerpo de baile del Liceu, donde trabajó diez años, primero en grupo y después como solista, y continuó más tarde en el ámbito educativo y psicopedagógico, formando generaciones de alumnos.

Su afición por la danza nace de su madre, que "quería ser bailarina, pero mi abuelo no la dejó", explica. Quizá por eso, la llevó muy joven a hacer ballet, una disciplina donde destacaba: “tenía traza y talento”. Sin embargo, ya de pequeña intuía que el cuerpo no es eterno, y recuerda perfectamente su reflexión adolescente: "una bailarina no puedes serlo a los 40 o 50", aunque admite que hoy en día las carreras se alargan más.

Torrelles ha sido su punto de equilibrio, la base familiar y vital que le ha acompañado desde los quince años, cuando conoció a su marido. "Hay que tener paciencia, compromiso… yo considero que soy muy feliz en este sentido", afirma. Entre el municipio, la danza y los estudios ha construido una identidad que combina raíces y curiosidad, movimiento y reflexión.

De bailarina a formadora

La excelencia artística no siempre va ligada a un buen expediente académico, y ella misma lo reconoce con naturalidad: "de niña no era muy buena estudiante", dice con una sonrisa, aunque más tarde lamentó "no saber más de historia o de otros ámbitos del conocimiento". Esta autocrítica, lejos de bloquearla, la impulsó a formarse continuamente.

Durante décadas fue profesora de danza, a menudo en condiciones laborales precarias, como recuerda: "en aquella época ni te aseguraban ni te hacían contrato". Más adelante fue docente también en la Escola Oriol Martorell, donde pudo combinar su experiencia artística con una visión pedagógica cada vez más sólida.

El interés por la psicología fue creciendo hasta que, ya adulta y trabajando, decidió presentarse a las pruebas de acceso para mayores de 25 años y estudiar su carrera. Fue un período enormemente intenso: "era una etapa que podía disfrutar mucho, pero la sufría; en alguna clase me había llegado a dormir o soñar despierta". Sin embargo, el esfuerzo tuvo recompensa: aprobó las oposiciones de psicopedagogía y posteriormente trabajó casi veinte años en los EAP. Mirando atrás, sintetiza su evolución con una frase que la define: “yo siempre digo: una bailarina con el pelo blanco no inspira confianza, una psicóloga sí”.
La actividad de Marta Guerrero como bailarina empezó en el cuerpo de baile del Liceu, donde trabajó diez años, primero en grupo y después como solista

Crítica a la transmisión cultural

Con los años, Marta ha visto cómo la sociedad y las instituciones tratan a las personas mayores, y no siempre con respeto. Su compromiso contra el edadismo nace de una experiencia personal: "conocí qué era una discriminación cuando vi el mal tratamiento hacia mi madre en algunas administraciones sociosanitarias". Este episodio fue la chispa que la llevó a participar en el Consejo Consultivo de las Personas Mayores del Baix Llobregat.

Defiende que las personas mayores tienen mucho que decir y que a menudo no se las escucha lo suficiente. "Tienen tantas historias para contar que es una lástima que algunas personas no les escuchen". Para ella, envejecer no es sólo perder capacidades, sino ganar perspectiva: "cumplir años tiene sus ventajas y desventajas… pero tenemos un cúmulo de experiencias muy valioso".

También lamenta la falta de memoria histórica en algunos campos, especialmente en la danza: "las nuevas generaciones no conocen la historia del ballet en Cataluña". Por eso valora tanto la intergeneracionalidad: "siempre he aprendido mucho de la gente joven", dice.
Marta Guerrero también ha trabajado como psicóloga en el ámbito educativo y psicopedagógico, formando generaciones de alumnos. Empezó a estudiar la carrera con más de 25 años
Marta Guerrero también ha trabajado como psicóloga en el ámbito educativo y psicopedagógico, formando generaciones de alumnos. Empezó a estudiar la carrera con más de 25 años

Envejecimiento activo: danza, comunidad y autonomía

Aún hoy, ya pesar de haberse jubilado a los 68 años Marta sigue vinculada al movimiento. Asiste a clases de danza clásica adaptada, un espacio en el que se siente cuidada y respetada. “Me tratan con un rescoldo maravilloso”, explica.

En Torrelles participa en actividades para seniors, pero advierte de los límites: "una de las dificultades es la accesibilidad". Las urbanizaciones, dice, dejan aisladas a muchas personas mayores que no conducen. Si tuviera que darse un consejo a sí misma de joven, lo tiene claro: “que sea valiente y salga adelante… pero que se asegure que los trabajos queden registrados en la Seguridad Social”.
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Torrellas: envejecimiento, comunidad y cultura

Torrellas de Llobregat es un municipio de casi 7.000 habitantes situado en el corazón del Baix Llobregat, rodeado de naturaleza y con una vida comunitaria marcada por su proximidad. En los últimos años, como el resto de la comarca, ha experimentado un progresivo envejecimiento de la población. El porcentaje de personas mayores de 65 años ha ido aumentando, lo que ha obligado a repensar servicios, actividades y estructuras de accesibilidad.

La vida asociativa es un elemento clave del municipio: entidades culturales, grupos de voluntariado e iniciativas vecinales articulan gran parte del tejido social. Las actividades para las personas mayores tienen un papel destacado, aunque, como señalan residentes como Marta Guerrero, persisten importantes barreras, sobre todo en lo que se refiere a la movilidad entre urbanizaciones y el centro del pueblo.

En cuanto a la danza, Torrellas no cuenta con una escuela propia de gran dimensión, pero sí con espacios municipales en los que se programan actividades de movimiento, talleres y clases puntuales, especialmente orientadas al bienestar y al mantenimiento físico. La proximidad con municipios más grandes de la comarca facilita el acceso a escuelas de danza regladas o actividades vinculadas a las artes escénicas.
Marta Guerrero bailando en el Liceu. La participación artística tiene efectos positivos sobre la salud física, cognitiva y emocional. Sin embargo, estos beneficios no siempre se traducen en estabilidad económica
Marta Guerrero bailando en el Liceu. La participación artística tiene efectos positivos sobre la salud física, cognitiva y emocional. Sin embargo, estos beneficios no siempre se traducen en estabilidad económica

Artistas mayores: entre la vocación y la dificultad de jubilarse

Las personas que han dedicado su vida al arte llegan a menudo a la vejez con una trayectoria llena de creatividad pero también con una realidad laboral frágil. Varios estudios recientes señalan que los artistas mayores sufren mayores dificultades que otros sectores para acceder a una jubilación estable. La intermitencia laboral, los contratos temporales y la carencia de protección social son factores recurrentes.

Una revisión publicada en el European Journal of Ageing destaca que la participación artística tiene efectos positivos sobre la salud física, cognitiva y emocional. Sin embargo, estos beneficios no siempre se traducen en estabilidad económica. Según el 5º Informe Sociolaboral de la Fundación AISGE, publicado en 2024, el 77% de los artistas españoles ingresa menos de 12.000€ al año, y cerca del 72% vive por debajo del umbral de la pobreza. Esta situación hace que una parte significativa del sector tenga que prolongar su vida laboral más allá de lo deseable, a menudo y desgraciadamente sin las mismas capacidades físicas ni oportunidades de trabajo que en etapas anteriores.

Para artistas vinculados a disciplinas físicas, como la danza, la situación es aún más compleja: el cuerpo no permite mantener el mismo rendimiento, pero tampoco el sistema ofrece alternativas claras para garantizar ingresos o reconocimiento en la madurez. Muchos optan por dedicarse a la docencia, participando en proyectos comunitarios o continuando en formatos adaptados, pero a menudo con insuficientes remuneraciones.

Historias como la de Marta Guerrero reflejan esta realidad: vocación inagotable, voluntad de continuar activa y, a la vez, una conclusión clara: es necesario reforzar las políticas de protección y reconocimiento para que los artistas puedan envejecer con dignidad, sin tener que renunciar a lo que ha definido toda su vida.
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