Artistas mayores: entre la vocación y la dificultad de jubilarse
Las personas que han dedicado su vida al arte llegan a menudo a la vejez con una trayectoria llena de creatividad pero también con una realidad laboral frágil. Varios estudios recientes señalan que los artistas mayores sufren mayores dificultades que otros sectores para acceder a una jubilación estable. La intermitencia laboral, los contratos temporales y la carencia de protección social son factores recurrentes.
Una revisión publicada en el European Journal of Ageing destaca que la participación artística tiene efectos positivos sobre la salud física, cognitiva y emocional. Sin embargo, estos beneficios no siempre se traducen en estabilidad económica. Según el 5º Informe Sociolaboral de la Fundación AISGE, publicado en 2024, el 77% de los artistas españoles ingresa menos de 12.000€ al año, y cerca del 72% vive por debajo del umbral de la pobreza. Esta situación hace que una parte significativa del sector tenga que prolongar su vida laboral más allá de lo deseable, a menudo y desgraciadamente sin las mismas capacidades físicas ni oportunidades de trabajo que en etapas anteriores.
Para artistas vinculados a disciplinas físicas, como la danza, la situación es aún más compleja: el cuerpo no permite mantener el mismo rendimiento, pero tampoco el sistema ofrece alternativas claras para garantizar ingresos o reconocimiento en la madurez. Muchos optan por dedicarse a la docencia, participando en proyectos comunitarios o continuando en formatos adaptados, pero a menudo con insuficientes remuneraciones.
Historias como la de Marta Guerrero reflejan esta realidad: vocación inagotable, voluntad de continuar activa y, a la vez, una conclusión clara: es necesario reforzar las políticas de protección y reconocimiento para que los artistas puedan envejecer con dignidad, sin tener que renunciar a lo que ha definido toda su vida.