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Maria Carme Casanova, dirige el programa “La Veu de la Gent Gran” en Radio Sant Boi: "Hay que apostar por la calidad antes que la cantidad: encuentro un absurdo luchar contra la muerte"


Img Maria Carme Casanova, dirige el programa “La Veu de la Gent Gran” en Radio Sant Boi:
Jordi Vizuete Valls
16 Enero 2026
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Maria Carme Casanova tiene setenta y seis años y vive en Santa Coloma de Cervelló, nacida en Castellón, de padres emigrantes, pero se considera plenamente catalana. Creció en una familia humilde, "que no pobre", ya que, como explica: "éramos ricos en cariño". Su infancia, “fue algo triste”, pero marcada por el esfuerzo y la responsabilidad. Con sólo once años ya trabajaba en una peluquería, ya partir de los catorce lo combinaba con un trabajo en un despacho. "Tenía un traje para toda la semana", recuerda, con serenidad.

Ahora bien, su trayectoria es la de una mujer que se ha realizado a sí misma, rompiendo silencios y esquemas. Uno de sus hitos más destacados y que luce con orgullo es que fue la primera presidenta esposa de la Asociación de Atletas Veteranos de la Federación Catalana y Española de atletismo. “Luché por hacerme un sitio y que me valoraran como ser humano, no como mujer”, comenta.
Fue la primera presidenta esposa de la Asociación de Atletas Veteranos de la Federación Catalana y Española de atletismo
Fue la primera presidenta esposa de la Asociación de Atletas Veteranos de la Federación Catalana y Española de atletismo

Una mujer luchadora

Aquella proactividad le acompañó también cuando presidió durante catorce años la Asociación de Comerciantes de Sant Boi. Después de jubilarse, lejos de retirarse, comenzó una nueva etapa en Santa Coloma de Cervelló, donde coordina el Casal de la Gent Gran. "Mi idea era que en un casal se hagan más cosas que jugar al bingo", explica. Así, bajo su empuje, el casal se ha convertido en un espacio vivo, con actividades culturales, sociales e intergeneracionales.

Dirige un programa radiofónico, La Veu de la Gent Gran, en Ràdio Sant Boi, donde se habla “de cosas interesantes y útiles para las personas desde el punto de vista de expertos”. Es un magacín abierto a todo el mundo, pero especialmente pensado para la gente mayor, con temas que van desde el bienestar y la salud hasta el cine y la historia. Se retransmite los lunes de 16 a 18 de la tarde.

La sentencia de una generación

Cuando habla de las distintas generaciones, lo hace con orgullo pero también con preocupación. "Desgraciadamente, los jóvenes de hoy son unos pobres desgraciados, tienen más de lo que nosotros teníamos, pero son menos de lo que nosotros éramos", lamenta sobre el futuro que les espera. Casanova no cae en la nostalgia gratuita, pero sí denuncia la falta de esfuerzo y conciencia colectiva. "Los jóvenes a veces me dan pena porque no tienen las ideas claras. Me preocupa el aumento de los votantes de la extrema derecha... quizás porque recuerdo los tiempos de la dictadura y me enciende la sangre".

Atribuye esa desorientación a una educación que ha perdido su fundamento crítico. "La sociedad y la política es la primera causa de la falta de implicación de los jóvenes. Los políticos parecen actores y actrices que interpretan el papel de lanzar puñetas a la oposición". Y añade que "la falta de información política en los ámbitos familiares y académicos" contribuye a alimentar los extremos.
: Si ella tuviera que darle un consejo a sí misma cuando era joven, por ejemplo cuando hizo la primera comunión, dice que “me recomendaría que siguiera haciendo lo que me gusta”

Vivir mejor la vida más allá de la longevidad

Cuando habla de la vida, no idealiza la longevidad: "Si la vida ha sido satisfactoria, no veo la necesidad de una inmortalidad o llegar a los 150 años, lo encuentro un absurdo luchar contra la muerte. Hay que apostar por la calidad antes que la cantidad". Esta filosofía, que combina lucidez y serenidad, también se refleja en su forma de entender el amor y la convivencia. “A lo largo de los años la pasión se diluye como una nube, pero el cariño persiste... la compañía, el cariño, los detalles son el verdadero sexo en la vejez”, explica con ternura y convicción.

Casanova defiende una vejez activa, implicada y reivindicativa. "El cambio no es tan difícil, pero la gente mayor no hacemos ruido", dice con una sonrisa media irónica. "Deberíamos coger a todas las personas mayores del Baix Llobregat y montar una manifestación; entonces, quizá, se nos escucharía un poco más". Este espíritu combativo se ha traducido en proyectos concretos, como su lucha por crear un comedor social para personas mayores que viven solas: "Para aquellas personas que no saben cocinar y viven solas, que se aseguren una comida al día".

El orgullo de los años y los cambios de los tiempos

La pichón cree que la experiencia es una forma de sabiduría que la sociedad no siempre sabe reconocer. "Si no conociera mi edad y tuviera que meterme unos años encima, prefiero ponerme los que tengo; me siento orgullosa de mis experiencias y vivencias. La mejor universidad que he tenido es mi vida".

Habla con igual pasión de la ética, la familia y la responsabilidad. "Se ha perdido la honradez en los tiempos de hoy. La palabra hablada y un apretón de manos no tienen valor. Antes lo que se decía, iba a misa". Lamenta la falta de confianza y la burocratización de la vida cotidiana, que, según dice, "ha sustituido al compromiso por el protocolo".

También reflexiona sobre el papel de las nuevas tecnologías: "Las redes sociales son como la pólvora, útil pero peligrosa". No rechaza el progreso, pero insiste en que "las instituciones y empresas deben ser más solidarias con las personas no adaptadas a las nuevas tecnologías". Esta mirada inclusiva y empática resume su forma de entender la vida: no se trata sólo de sobrevivir, sino de convivir.
Maria Carme Casanova creció en una familia humilde, "que no pobre", ya que, como explica: "éramos ricos en cariño"
Su trayectoria es, en definitiva, una lección de resistencia y humanidad. "Considero que he tenido éxito por mi mérito, pero sobre todo por los méritos de grupo", afirma con humildad. "Siempre he sido una persona muy persuasiva, todo el mundo es necesario y nadie es imprescindible", detalla. También menciona que si ella tuviera que darle un consejo a sí misma cuando era joven dice que, “le recomendaría que siguiera haciendo lo que le gusta”.
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Residencias y dignidad

Desde su experiencia como voluntaria y una de las responsables del Casal de las Personas Mayores de Santa Coloma de Cervelló, conoce de cerca la realidad de las personas mayores del municipio. "Yo cobro 600 y mi marido 800 euros; si tuviésemos que pagar una residencia, la de aquí del municipio cuesta más de 2.000 euros", denuncia con contundencia. Su crítica no es sólo económica, sino también moral: "Si construyen pisos con acceso a servicios, que no sean como residencias ni prisiones, me vendería o cambiaría mi casa para ir a vivir allí". Reclama un nuevo modelo residencial basado en la autonomía y la convivencia, en el que la dependencia no signifique pérdida de dignidad. Su compromiso va más allá del discurso: actualmente impulsa un proyecto de comedor social "para que las personas mayores solas tengan garantizada, al menos, una comida al día".

El deseo que madura

Para Maria Carme Casanova, la sexualidad no se desvanece con el tiempo: cambia de forma, pero no de fondo. “A lo largo de los años la pasión se diluye como una nube, pero el cariño persiste”, afirma con la serenidad de quien entiende que el deseo también puede ser ternura. Explica que "la sexualidad queda en un segundo plano, en el sentido que se transforma"; y matiza que "lógicamente también hay relaciones sexuales en el sentido tradicional, pero la compañía, el cariño, los detalles son el verdadero sexo en la vejez".

Su visión rompe tópicos y reivindica una mirada más amplia sobre el placer: la intimidad no desaparece, evoluciona. "Claramente, cada caso y pareja es un mundo", añade, recordando que el amor maduro no tiene recetas universales. Su reflexión pone en valor una dimensión de la vejez a menudo silenciada: la del cuerpo que ama y todavía sabe emocionarse.
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