Un reto permanente
Hablando con Júlia Portal, presidenta de la asociación de vecinos del barrio, surgió la pregunta de cómo se vive el verano en La Florida. Ella explica que, para el barrio, el verano no representa necesariamente una época mucho más problemática que el resto del año, ya que las familias con dificultades para sostener la crianza de sus hijos deben seguir buscando soluciones e inventando nuevas formas de organizarse, como lo hacen durante todo el año. Faltan estructuras de crianza comunitaria y espacios urbanísticamente más amables para el juego y el cuidado de las personas, sobre todo de los niños.
Las familias que ya viven en el límite económico y emocional, se enfrentan al reto adicional de asumir los gastos de alimentación que durante el curso asumen las escuelas. No existe una gestión específica para la alimentación de los niños cuando no hay escuela, y aunque algunas familias sí pueden solicitar una tarjeta de compra en los supermercados, estas ayudas son escasas, burocráticas y temporales.
Tal y como comentan algunas vecinas, su importe varía según la unidad de convivencia: si se trata de una persona, la cuantía es de 60€ al mes, y si son cuatro personas, 190€. Además, muchas de estas ayudas están condicionadas al empadronamiento, lo que excluye automáticamente a las familias migrantes que, por varios motivos, no han podido regularizar su situación. Así que quizás, quien más lo necesita es quien más queda fuera del sistema.