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Los sonidos del verano en La Florida, un barrio con voz propia, son de esperanza - Next LLobregat
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Los sonidos del verano en La Florida, un barrio con voz propia, son de esperanza


Img Los sonidos del verano en La Florida, un barrio con voz propia, son de esperanza
Helena Fernandez Del Campo Alite
18 Enero 2026
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El barrio de La Florida de Hospitalet se caracteriza por su diversidad cultural y una fuerte identidad comunitaria, donde la mitad de los residentes son de origen extranjero. Es innegable que es un espacio en el que se entrelazan vidas procedentes de otras zonas de España y de todo el mundo, con culturas diferentes, religiones opuestas o, sencillamente, formas de vivir totalmente dispares.

Sus vecinos encuentran un nexo común en el barrio, formando una comunidad profundamente consolidada que se apoya y respeta constantemente. Sin embargo, existen problemas evidentes: existe una estigmatización del barrio que provoca un obstáculo para su desarrollo y la plena integración de sus residentes.

Para tener un punto de vista neutral sobre cómo viven los niños, los padres, los vecinos o los profesionales que trabajan en instituciones o entidades de la zona, hablamos con una profesora del barrio, la presidenta de la Asociación de Vecinas y Vecinos del barrio, Júlia Portal, y tuvimos en cuenta el estudio realizado por las alumnas del grado superior de Integración Social Florida: deseos y carencias”

Compromiso y resiliencia comunitaria

Organizaciones vecinales y entidades trabajan en proyectos que buscan fomentar la participación ciudadana, mejorar los espacios públicos y promover la inclusión social en esta zona de Hospitalet. Cuando llega el calor a las calles del barrio, llega también el paro de las escuelas. Y lo que podría parecer una pausa para muchas familias, para las de La Florida no significa descanso, sino reorganización, resistencia y, sobre todo, una reinvención comunitaria.

Desde hace unos años, el barrio se ha hecho conocido a escala mundial a raíz de algunos de los cantantes que se han criado, como Morad y Beny Jr, dos artistas que, además de encontrar un camino positivo para sus vidas, también buscan mejorar la vida de los niños de la zona, motivándolos a formarse, patrocinando el equipo de fútbol del barrio. Acciones como éstas son una muestra del compromiso vecinal que existe en un barrio tan estereotipado por las fuerzas del Estado y la sociedad.
Entre juguetes y risas, una muestra del calor humano que ofrece el barrio
Entre juguetes y risas, una muestra del calor humano que ofrece el barrio

Un reto permanente

Hablando con Júlia Portal, presidenta de la asociación de vecinos del barrio, surgió la pregunta de cómo se vive el verano en La Florida. Ella explica que, para el barrio, el verano no representa necesariamente una época mucho más problemática que el resto del año, ya que las familias con dificultades para sostener la crianza de sus hijos deben seguir buscando soluciones e inventando nuevas formas de organizarse, como lo hacen durante todo el año. Faltan estructuras de crianza comunitaria y espacios urbanísticamente más amables para el juego y el cuidado de las personas, sobre todo de los niños.

Las familias que ya viven en el límite económico y emocional, se enfrentan al reto adicional de asumir los gastos de alimentación que durante el curso asumen las escuelas. No existe una gestión específica para la alimentación de los niños cuando no hay escuela, y aunque algunas familias sí pueden solicitar una tarjeta de compra en los supermercados, estas ayudas son escasas, burocráticas y temporales.

Tal y como comentan algunas vecinas, su importe varía según la unidad de convivencia: si se trata de una persona, la cuantía es de 60€ al mes, y si son cuatro personas, 190€. Además, muchas de estas ayudas están condicionadas al empadronamiento, lo que excluye automáticamente a las familias migrantes que, por varios motivos, no han podido regularizar su situación. Así que quizás, quien más lo necesita es quien más queda fuera del sistema.

¿Qué ocurre en verano?

Según el estudio Ser joven en la Florida: deseos y carencias, realizado por alumnos del grado superior de Integración Social del IES Vilumara, el 33% de los jóvenes no lleva a cabo ninguna actividad de ocio por motivos económicos.

En el distrito se promueven actividades dirigidas a la infancia, como el Esplai o la asociación La Llumeneta, una entidad solidaria que acompaña a niños y familias, mujeres y hombres inmigrantes, pero tienen una capacidad muy limitada y muchos niños quedan fuera de estas opciones. Además, existe cierta disconformidad con estas actividades, ya que la mayoría están pensadas y dirigidas por personas adultas que a menudo son externas al territorio y que aportan un espacio de control, provocando que las familias tengan la sensación de que el potencial de estos niños para experimentar, aprender y desarrollar todas sus cualidades queden limitadas.

En este sentido, Júlia Portal cree que si estos espacios pensaran de otro modo, podrían fomentar el relevo generacional en el asociacionismo del barrio y una participación activa de niños y jóvenes en los asuntos comunitarios. Es evidente que el barrio necesita espacios donde surja una socialización espontánea y genuina, donde se dé a la infancia un papel activo en la construcción de su propio tiempo y espacio.
Celebración del centenario del barrio de La Florida en la avenida Primavera
Celebración del centenario del barrio de La Florida en la avenida Primavera

La calle no es de los vecinos

Las mayores vecinas aún recuerdan cómo, hace décadas, la crianza de los hijos era una tarea colectiva. Las calles eran seguras, los bancos numerosos y las plazas acogedoras. Pero a día de hoy el diseño de la ciudad responde a una lógica comercial y de control: los coches ocupan casi todo el espacio, las plazas tienen carteles que prohíben jugar y cada vez hay menos bancos en los que descansar o conversar.

Esta transformación del espacio público impacta directamente sobre la infancia. Sin lugares donde jugar de forma libre y segura, sin sombra ni fuentes, sin vegetación ni mobiliario accesible. Especialmente en zonas como “los bloques”, la más estigmatizada del barrio, se respira un urbanismo hostil -o ésta es la percepción de los propios vecinos-, a pesar de tratarse de una zona peatonal.
Color y movimiento en el corazón de La Florida
Color y movimiento en el corazón de La Florida

Seguridad y estigmas

Un tema recurrente en las conversaciones vecinales es el de la seguridad, no porque La Florida sea necesariamente más insegura que otros barrios, sino porque está constantemente en el punto de mira de los medios y las administraciones públicas. Los titulares sensacionalistas estigmatizan a la comunidad y hacen que desde fuera se cree una imagen irreal del barrio.

Esta criminalización constante justifica intervenciones policiales desproporcionadas, como los planes Tetra, Brida o Kanpai: dispositivos de vigilancia y control que se implementan en nombre del orden, pero que en la práctica reproducen violencia institucional. Es común ver controles arbitrarios en la salida del metro o en las plazas del barrio, especialmente hacia jóvenes racializados.

Así que, al contrario que para muchos niños y adolescentes de otras zonas, para los jóvenes de La Florida la figura del policía no representa protección ni ayuda, sino que les inspira temor. Estos jóvenes han visto cómo entran en su casa, desalojan a familiares o detienen a vecinos, y las charlas obsoletas sobre seguridad vial en las escuelas no ayudan a mejorar esta percepción, ya que no contribuyen a construir una relación más cercana entre cuerpos de seguridad y ciudadanía.
Alumnos del IES Vilumara que realizaron el estudio de los jóvenes del barrio con una de las profesoras
Alumnos del IES Vilumara que realizaron el estudio de los jóvenes del barrio con una de las profesoras

Fomentar una infancia libre

Una de las grandes demandas de las vecinas es que los niños puedan tener voz propia, que su opinión importe y puedan decidir y participar activamente en los asuntos del barrio. Algunas iniciativas ya lo intentan; por ejemplo, los procesos de arquitectura participativa impulsados ​​desde el espacio Pomezia han permitido que los niños diseñen juegos y mobiliario urbano según sus necesidades. Paralelamente, desde centros educativos como la escuela La Florida también se busca crear un entorno de aprendizaje cooperativo, participando en actividades del barrio a través de las diferentes entidades e instituciones, con la intención de enseñar más allá de los conocimientos básicos y formar a los jóvenes en valores.

Sin embargo, existe la sensación de un vínculo frágil entre las instituciones y los vecinos a barrio, y desde la Asociación de Vecinas y Vecinos de La Florida se denuncia la falta de voluntad política para escuchar, acompañar y apoyar las iniciativas que puedan surgir.

La infancia no puede seguir siendo tratada como un objeto sobre el que velar o ejercer control: debe ser reconocida como una comunidad de personas con voz propia. Sólo así será posible crear un barrio mejor, una Florida en la que niños y jóvenes crean que tienen un futuro. Porque sí, La Florida suena en Morad, pero también suena a vecinas en la calle, a risas de niños reinventando el barrio, a batallas de agua, a fogones comunitarios, a protestas, a esperanza, ya una infancia que lucha sin rendirse.
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