La tierra nos hace y nos deshace
La tierra nos hace y nos deshace. Dice Roser Vernet: “… será el pedazo donde aterricemos de entrada y hagamos estancia y vida el que nos marcará”. Sin embargo, el campesino hace y deshace su entorno a medida humana, crea el paisaje, de una manera amable y pausada, hasta que se produce la irrupción de la máquina con la industrialización del campo, cuando el paisaje se modifica a la medida de la máquina, aceleradamente hacia un progreso indefinible, impulsado por intereses cada vez más lejanos y promesas inciertas de futuro, lo que perturba el lento pero inexorable discurrir del tiempo cíclico de las estaciones.
Tampoco podemos obviar la larga historia del campo rebelde, que se documenta gráficamente con carteles de la Guerra Civil y fotografías más actuales. La conversión de la tierra en “mercancía ficticia”, como definió acertadamente Karl Polanyi, ha pesado gravemente sobre la vida de los campesinos, hasta convertir su aprovechamiento en una industria y, como tal, presa de las tendencias actuales del capitalismo neoliberal, lo que ha motivado enfrentamientos seculares, de difícil solución, como nos muestran recurrentemente las imágenes de las revueltas campesinas en los medios.
Obras de artistas como Guillem Viladot, Josep Guinovart, Joan Brossa y muchos otros aportan su particular visión sobre la vida en el campo. Hay que destacar la participación de la molinense Paula Artés, con su audiovisual El negocio del viento, 2021. También la presencia literaria de la santfeliuense Joana Raspall, que Pau Minguet nos facilita en el catálogo de la exposición: “No solo en los libros se encuentra la cultura, sino también en la destreza con que se trenza una ristra de ajos, se repara una red o se afila una guadaña… En todo aquello que es obra de la mente y del trabajo”.