La gente ha salido a la calle y se ha situado, una vez más, en el lado correcto de la historia: en la defensa de los derechos de las personas y del derecho constitucional a acceder a una vivienda digna, y en la denuncia del desahucio inhumano de Mari Carmen Abascal. Al verla expulsada de su casa en silla de ruedas y hundida moralmente, sentimos en nuestro propio corazón su derrota, su sufrimiento y su humillación.
Ha luchado durante ocho años para no ser expulsada de su hogar. La calle ha estado y sigue estando a su lado, y el clamor popular contra las injusticias no se ha detenido.
No olvidaremos nunca a Olga ni a tantos hombres y mujeres que, desesperados, han perdido la esperanza. Por ellos y ellas debemos seguir luchando para dar respuesta al problema de la vivienda con medidas contundentes. Pero también debemos señalar a quienes han bloqueado las soluciones.
Recordemos que las medidas legislativas no llegaron a tiempo. El 2 de octubre pasará a la historia por la alianza de las fuerzas de derechas contra los derechos de las personas. Pudimos comprobar cómo el PP, Vox y Junts per Catalunya votaron en el Congreso de los Diputados en contra de los dos decretos ley que defendían el derecho a la vivienda y protegían a las personas vulnerables frente a los desahucios.
Hemos podido ver en directo la extrema fragilidad de esta valiente mujer de 87 años. No ha podido seguir luchando y debemos lamentar, con una profunda tristeza, que haya perdido la vida. Un fondo inmobiliario la acosaba sin compasión para echarla de su casa, a pesar de que nunca había dejado de pagar el alquiler.
Un gran movimiento ciudadano ha salido a la calle para exigir medidas que pongan fin a los desahucios de personas vulnerables y para reclamar políticas que garanticen el acceso a la vivienda. Este clamor ya ha llegado a 25 ciudades de todo el Estado. La voz de la gente se ha alzado, y los y las progresistas estamos a su lado, frente a las fuerzas más reaccionarias y los grupos fascistas que se enfrentan a las manifestaciones pacíficas en defensa del derecho a la vivienda.
Derecho a la vivienda y derecho a la cultura. Necesitamos más cultura también porque nos proporciona herramientas para hacer frente a la desinformación, a los rumores falsos y a las mentiras interesadas que solo defienden los intereses económicos de la especulación inmobiliaria.
El acceso a la cultura está reconocido en el ordenamiento jurídico internacional de las Naciones Unidas como un derecho fundamental de las personas. Es uno de los pilares de la democracia y del ejercicio de las libertades de creación y de opinión.
En los tiempos que vivimos, marcados por el acoso de los movimientos y gobiernos de ultraderecha en todo el mundo, también en España y en Cataluña, la defensa de la cultura es más necesaria que nunca. Ni un paso atrás.