Aún es reciente la introducción de la palabra edadismo en los léxicos y diccionarios normativos. Se trata de un paso adelante, visibilizador, porque no dar nombre a un hecho, a una realidad, implica discriminarla, ocultarla, y éste es el caso del edadismo.
Según el informe mundial sobre el edadismo que la Organización Mundial de la Salud publicó en 2021, en Europa, una de cada tres personas mayores sufre alguna discriminación relacionada con su edad. Son discriminaciones presentes en todo tipo de ámbitos y entornos: en las relaciones sociales, en las instituciones, en los servicios públicos, en los entornos familiares, incluso a veces nos las autoinfligimos.
Las administraciones públicas nos estamos implicando crecientemente en el abordaje del edadismo, una problemática oculta que ha ido aflorando y que nos abre un amplio abanico de posibilidades para actuar. Por eso hemos empezado a emprender iniciativas y programas para darles respuesta.
Como alcaldesa y como presidenta de la Diputación de Barcelona, tengo la certeza de que la perspectiva local resulta clave. Porque se aborda y enfrenta mejor el edadismo desde la proximidad, cerca de la gente, poniendo nombre y cara a las personas que lo sufren. Ser cercanos a la gente hace que los gobiernos locales tengamos la mejor disposición y perspectiva para darle la vuelta a todo aquello que genera discriminación por edadismo.
Asimismo, somos conscientes de que no se trata de una discriminación aislada, sino que suele estar relacionada y agravada con otras formas de discriminación, como el machismo, el capacitismo o el racismo. De esta forma tenemos discriminaciones que se acumulan y se retroalimentan, multiplicando la desigualdad. Vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, envejecer no tiene el mismo significado para un hombre que para una mujer. Esa doble discriminación resulta muy clamorosa. Por otra parte, el edadismo perjudica a la sociedad porque se desperdicia el capital de conocimiento que posee la gente mayor, que se puede vehicular mediante programas de mentoría, por ejemplo.
Como digo, el municipalismo es el primer frente en la lucha contra el edadismo. Por eso, en la Diputación de Barcelona tenemos un fuerte compromiso con los derechos de las personas mayores y contra el edadismo. Este compromiso se concreta, por ejemplo, en el proyecto transformador "Generaciones diversas: hacia la igualdad de oportunidades", con el que impulsamos los derechos y la igualdad de oportunidades en diferentes momentos vitales, teniendo en cuenta la diversidad de la sociedad. Lo hacemos formando profesionales, sensibilizando a la ciudadanía y acompañando a los ayuntamientos con recursos económicos y técnicos para impulsar proyectos municipales de abordaje del edadismo. En este sentido, destaco el programa "Lucha contra el edadismo hacia las personas mayores", que hemos dotado con un millón y medio de euros.
No quiero acabar sin recordar otra iniciativa pionera, el I Congreso de Edatismo, que, con el lema “Hacia unos municipios no edadistas”, impulsamos entre octubre y noviembre de 2025. Con este congreso innovador quisimos establecernos como referente en el trabajo en este campo, y por eso reunimos experiencias provenientes del mundo académico, de los prácticas, son necesarias para eliminar la discriminación edadista.