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La frase que nos enchufó a la vida


Img La frase que nos enchufó a la vida
Francesc Perearnau
17 Octubre 2026
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Tal día como hoy, el 17 de octubre de 1986 se produjo una alegría generalizada. Cuarenta años después de la nominación de la Barcelona olímpica (“A la Ville de…”) el legado deportivo ha superado todas las expectativas. Sólo peligra el desgaste de la memoria de aquel mundo infinitamente mejor. La imagen que encabeza este artículo recuerda la explosión de euforia representada en el alcalde Pasqual Maragall tras el anuncio del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch.

El autor de este artículo, Francesc Perearnau, vecino de Sant Just Desvern, periodista del diario Mundo Deportivo desde 1973, periódico en el que llegó a ser subdirector desde 1996, repasa cómo Barcelona’92 transformó la ciudad y marcó un salto histórico para el deporte español, con 22 medallas y el impulso de programas como ADO y el CAR de Sant Cugat. También destaca el legado en el territorio Llobregat: el Canal Olímpic de Castelldefels, el campo de béisbol de Viladecans y la reconversión de la sede de béisbol en L’Hospitalet, para cerrar con el recuerdo de Nelson Mandela y la esperanza de convivencia que proyectaron los Juegos. 
 Distintas versiones de la mascota olímpica Cobi en funciones de periodista de los diversos medios de comunicación
Distintas versiones de la mascota olímpica Cobi en funciones de periodista de los diversos medios de comunicación

La Barcelona antes de los Juegos

Los mayores de sesenta años aún pueden recordar la antigua tierra de una Barcelona preolímpica, sin rondas, sin Port Olìmpic, el Port Vell ni la Villa Olímpica, los cinturones del litoral también por construir, con la vetusta Terminal 2 como única vía de conexión aérea, sin distrito @22, sin la torre Agbar, próxima a barrios como el de la Mina entre saliendo del chabolismo, aun protagonista del skyline del puente entre Pubilla Cases y Collblanc en aquellos tiempos. Por descontado, una película sin apenas turistas ni erigidas las torres de Calatrava y de Collserola, así como un amplísimo catálogo pendiente de equipamientos, infraestructuras imperecederas -Montanya Olímpica- y transformaciones que el tiempo ha desgastado implacablemente, pero menos que la propia memoria. 

Hoy, cuando se cumplen 40 años de cuando empezó todo, con el histórico “A la Ville de Barcelona”, pronunciado por el presidente del Comité Olímpico Internacional, no debería ser delito echar la vista atrás para redescubrir el merecido reconocimiento de la pequeña, aunque intensa, prehistoria de la que se considera uno de los más colosales fenómenos modernos urbanístico, turísticos y deportivos de una ciudad que -hoy parece un chiste- arrastró a todo un país, España, (sí, España) a celebrar como un solo hombre la fiesta de unos Juegos que asombraron al mundo y le dieron una pátina de modernidad y fascinación al movimiento olímpico, además de provocar un efecto llamada irresistible en todo el planeta por visitar la ciudad que ha estado de moda, compitiendo de tú a tu con París, Roma y Londres, los últimos treinta años.
Los Juegos destaparon el potencial insólito y sorpresivo del deporte español
Los Juegos destaparon el potencial insólito y sorpresivo del deporte español

El salto del deporte español

Lo que nadie esperaba era que los Juegos destaparan el potencial insólito y sorpresivo del deporte español, residual a nivel olímpico durante los noventa años anteriores. 

Tal era la expectativa de ofrecer al mundo una imagen sólida, brillante y espectacular de eficiencia y organización que, ciertamente, el objetivo de ganar más o menos medallas no pareció la más apremiante de las urgencias con tanto por hacer. 

Pero hubo quién sí pensó y creyó en que el sorpaso era posible con el resultado de 22 medallas: 13 oros, siete platas y dos bronces, sólo cuatro menos que en toda su historia anterior, incluidas cinco de oro desde el origen de los Juegos. Fue su mejor participación olímpica hasta entonces y marcó el punto de inflexión del deporte español.

La euforia se desató en cada rincón, la mayoría de ellos por donde había desfilado la antorcha olímpica meses atrás encendiendo un fuego que ya no volvería a apagarse.
 Cuatro personajes tuvieron un papel destacado en conseguir que los atletas españoles pudieran prepararse para los Juegos con el exitoso resultado de 22 medallas: Juan Antonio Samaranch, Josep Lluis Vilaseca, Pere Miró i Carlos Ferrer Salat
Cuatro personajes tuvieron un papel destacado en conseguir que los atletas españoles pudieran prepararse para los Juegos con el exitoso resultado de 22 medallas: Juan Antonio Samaranch, Josep Lluis Vilaseca, Pere Miró i Carlos Ferrer Salat

La apuesta por el alto rendimiento

Dos hombres, el veterano Josep Lluís Vilaseca, histórico dirigente del deporte y un joven Pere Miró, hasta hace poco miembro destacado del CIO, y ambos de plena confianza de Samaranch, se habían empeñado seis años antes, una contrarreloj en tiempos de preparación y formación de atletas para unos Juegos, en arrancar dos proyectos, el programa ADO y el Centre d’Alt Rendiment de Sant Cugat.

A los dos años de “… a la Ville de Barcelona’ y a cuatro años vista de la ceremonia de inauguración, nació la Asociación de Deportes Olímpicos (ADO), una alianza entre el Consejo Superior de Deportes, el Comité Olímpico Español y RTVE, con el objetivo de elevar el rendimiento de los deportistas españoles de cara a los Juegos de 1992. El programa fue pionero como modelo de colaboración público-privada. Las empresas patrocinadoras aceptaron colectivamente patrocinar atletas, pero no individualmente, sino el programa en su conjunto, con aportaciones por federación que oscilaron entre 30 y 150 millones de pesetas, es decir, entre 180.000 y 900.000 euros. El volumen total del primer ADO fue de 79 millones de euros, unos 12.600 millones de pesetas. Fue la mayor inversión de la historia del programa, con más del 90% de los ingresos destinados a la preparación del equipo español excepto la selección de fútbol, que fue financiada por el Consejo Superior de Deportes. Coca-Cola, vinculada al atletismo, invirtió 1.445 millones de pesetas; Tabacalera, asociada a la vela con 1.054 millones; y Leche Pascual, vinculada a la natación con 867 millones. También participaron Banesto, en hípica; Banco Exterior, en baloncesto; SEAT, en ciclismo; Renfe, en piragüismo; Bimbo, en tenis; Freixenet, en balonmano; y Seguros La Estrella, en hockey hierba.

Con ese dinero pudieron administrarse becas, entrenadores, concentraciones y gastos de preparación técnica y logística. En 1992, los deportistas becados recibieron de media 3 millones de pesetas, unos 18.000 euros actuales por su dedicación profesional e íntegra a su tecnificación y preparación específica, algo poco común entonces.
Las dos primeras medallas de oro de los deportistas españoles se ganaron en el Velódromo a cargo de José Manuel Moreno, y en el Estadio Olímpico por Fermín Cacho
Las dos primeras medallas de oro de los deportistas españoles se ganaron en el Velódromo a cargo de José Manuel Moreno, y en el Estadio Olímpico por Fermín Cacho

Quince días de gloria

Ningún esfuerzo, ni el de los deportistas ni el de los técnicos ni tampoco el de los generosos espónsores podía garantizar medallas. Era jugar a la ruleta, una locura para valientes aun poniendo el acento en su extraordinaria experiencia, conocimientos y rigor. En tan poco tiempo fue como milagro que, de pronto, nada más empezar los Juegos, ‘El Ratón de Chiclana’, José Manuel Moreno, clavara su recital en la prueba del kilómetro en pista. El Velódromo de Horta atrajo a cientos de medios, reporteros y aficionados que, como millones de espectadores, nunca habían percibido la magia olímpica con aquella intensidad y proximidad y mucho menos ver a un español colgarse una medalla de oro. 

TVE a nivel nacional y el Canal Olìmpic en Catalunya -hubieron de casarse TV3 y TVE en Catalunya para la fugaz luna de miel de los Juegos- emitieron un especial que iba inicialmente sólo iba a durar hasta la madrugada y se prolongó felizmente durante quince días de gloria, rematados por la inenarrable y autoritaria carrea de Fermín Cacho en la final de 1.500 metros, la prueba reina del medio fondo. Montjuïc se vino abajo y el clamor en los hogares, frente al televisor, hipnotizados por las 21 medallas previas, estremecieron el país.

Desde de entonces, España ha mantenido un nivel muy superior al histórico. Entre Atlanta’96 y París’24, el país sumó 139 medallas más: 35 oros, 64 platas y 40 bronces. La media se sitúa cerca de 17 medallas por edición, un nivel impensable antes de 1992, aunque sin repetir el máximo histórico de 22 medallas ni los 13 oros de Barcelona.

Fue una sucesión de proezas y hazañas deportivas desacostumbradas que, en algunos aficionados, superaron cualquier expectativa conocida, pues Indurain acaba de sumar su segundo Tour, Alex Crivillé apuntaba al primer título en Moto GP del motociclismo español y el Barça de Cruyff, Koeman, Bakero, Stoichkov, Laudrup, Guardiola y Amor, entre otros, conquistaba su primera Copa de Europa el 20 de mayo de 1992. Los culés flotaron felices y durante meses y meses de aquel año inolvidable. 
El Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat fue inaugurado sólo un año después de proclamarse que Barcelona acogería los Juegos del 92
El Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat fue inaugurado sólo un año después de proclamarse que Barcelona acogería los Juegos del 92

El CAR, un legado que sigue activo

Pieza esencial del modelo olímpico fue el Centre d’Alt Rendiment de Sant Cugat, inaugurado hace 39 años, el mismo 17 de octubre, pero de 1987. Una infraestructura ambiciosa y tan necesaria como invisible o mediática, a medio camino entre los más avanzados modelos de preparación y monitorización de alto secreto, la tecnología punta y el trabajo de laboratorio en torno a la fisiología, entrenamiento, alimentación y morfología específica de cada disciplina. 

El CAR se consolidó como una subestructura de preparación de élite básica y clave vinculada al ciclo de Barcelona’92 y ha permanecido como uno de los principales centros de alto rendimiento del país. Actualmente reúne unos 320 deportistas de 30 disciplinas. En los Juegos de Londres 2012, el 40% de los equipos olímpicos españoles se había preparado en sus instalaciones. A lo largo de 30 años, el centro atribuye a sus deportistas 904 medallas obtenidas en Juegos Olímpicos y Paralímpicos, campeonatos mundiales y campeonatos europeos. El CAR representa la dimensión menos visible pero más duradera del legado olímpico: la creación de un equipamiento permanente de rendimiento deportivo, ciencia del entrenamiento y apoyo a los atletas.
 L’Hospitalet, Viladecans y Castelldefels fueron subsedes olímpicas y para acoger las competiciones se construyeron instalaciones de béisbol en las dos primeras y de piragüismo de aguas tranquilas en la última
L’Hospitalet, Viladecans y Castelldefels fueron subsedes olímpicas y para acoger las competiciones se construyeron instalaciones de béisbol en las dos primeras y de piragüismo de aguas tranquilas en la última

El legado olímpico se extendió al Baix Llobregat

Territorialmente, las distancias entre algunas subsedes de la ciudad de Barcelona condicionaron la asistencia de público. No fue el caso de las tres de L’Hospitalet y el Baix Llobregat, perfectamente integradas en el mapa de la capital. Castelldefels vio construir una instalación a estrenar para el piragüismo, Viladecans acogió el béisbol y L’Hospitalet albergó también competiciones de béisbol, formando parte de las 43 instalaciones, quince de nueva construcción —ocho en Barcelona y siete en las subsedes— y otras diez fueron remodeladas. 

Como es fácil de imaginar y de certificar, L’Hospitalet y el Baix Llobregat participaron destacadamente en el terremoto de 1992 y desde luego en la preparación del mayor evento celebrado nunca antes en todo el estado. Al margen de albergar tres subsedes olímpicas en el aspecto puramente competitivo, miles y miles de ciudadanos, ayuntamientos, instituciones se integraron la multitarea de la construir la ciudad del futuro, de hecho indisociable de un Área Metropolitana que se movilizó extraordinariamente.

Barcelona’92 utilizó 43 instalaciones, de las cuales quince eran de nueva construcción —ocho en Barcelona y siete en las subsedes— y otras diez fueron remodeladas. La distribución de sedes fuera de la ciudad respondió a una lógica de proyección metropolitana: llevar el acontecimiento olímpico a municipios del entorno y crear equipamientos con vocación de permanencia.
El Canal Olímpic de Castelldefels se inauguró en 1991 para acoger las pruebas de piragüismo en aguas tranquilas
El Canal Olímpic de Castelldefels se inauguró en 1991 para acoger las pruebas de piragüismo en aguas tranquilas

El Canal Olímpic, de sede de competición a centro de ocio

El Canal Olímpic de Catalunya, situado en Castelldefels, es la joya de la corona. Fue inaugurado en 1991, construido por el Institut Català del Sòl, con participación de la Secretaría General de l’Esport de la Generalitat, con la finalidad exclusiva de albergar las pruebas de piragüismo en aguas tranquilas de Barcelona’92.

La dimensión de la instalación explica su peso posterior: ocupa 43 hectáreas, de las cuales 15 corresponden a la lámina de agua, con unas medidas de 1.250 por 130 metros y una profundidad de cuatro metros. El resto se reparte entre sistemas de bombeo, zonas verdes, aparcamientos, viales internos y edificaciones. 
La oferta del Canal Olímpic de Castelldefels atiende a federados, escuelas, familias, abonados y público general, con especial atención a escolares y grupos
La oferta del Canal Olímpic de Castelldefels atiende a federados, escuelas, familias, abonados y público general, con especial atención a escolares y grupos

Una instalación abierta a nuevos usos

Tras acoger el piragüismo de Barcelona’92, el Canal se reconvirtió en un singular centro polideportivo y de ocio. Ofrece canoa, kayak, piragüismo, windsurf, Optimist, paddle surf, SUP y Big SUP, esquí náutico, cable ski, tiro con arco, running, pádel, pitch & putt, fitness, piscina estival y parque acuático, además de un circuito asfaltado de 2.800 metros habilitado para correr y pedalear, tres campos de fútbol, tres de voleibol, tenis de mesa y tiro con arco. Esta diversidad, para no depender solo del piragüismo federado o de élite, explica su continuidad y éxito.

EQUACAT, S.A., sociedad pública de la Secretaría General de l’Esport y el Institut Català del Sòl, gestiona y explota el Canal y sus instalaciones. Los ingresos proceden de entradas, abonos, alquileres, cursos, grupos, gimnasio, piscinas, pádel, pitch & putt y eventos. La entrada cuesta 4 euros (16-65 años) y 3 euros (5-15 y mayores de 65); acceder con embarcación propia cuesta 16 euros y el gimnasio, 11 euros diarios. La oferta atiende a federados, escuelas, familias, abonados y público general, con especial atención a escolares y grupos. El Canal Olímpic simboliza, de algún modo, la acertada visión, futurista, de la revolución identitaria de Barcelona’92 como marca. 
Viladecans mantiene viva la práctica del béisbol
Viladecans mantiene viva la práctica del béisbol

Viladecans mantiene viva la apuesta por el béisbol

El Campo Municipal de Béisbol de Viladecans, inaugurado en 1987 y mejorado después, fue subsede de Barcelona’92 como resultado de la apuesta coherente de llevar esa disciplina a la cuna del beisbol español. Viladecans acogió partidos clasificatorios y una semifinal. Mantuvo su uso original y sigue siendo instalación municipal y sede del Club Béisbol Viladecans. También ha albergado cuatro Copas de Europa y dos Intercontinentales. En 2022 recibió una reforma de impermeabilizaciones y otros elementos, ejecutada en cuatro meses con 380.857,46 euros. La Generalitat y el Ayuntamiento impulsan además mejoras deportivas por 2,5 millones. La fase de 2028 prevé sustituir la valla y rehabilitar el túnel de acceso del campo, entre otras actuaciones, por unos 649.000 euros. Viladecans encarna el legado directo: misma disciplina e instalación, con continuidad deportiva y comunitaria durante más de tres décadas.

Cierta polémica, a posteriori, provocó la decisión de levantar el Estadi de Béisbol de la Feixa Llarga, subsede de l’Hospitalet, donde se disputaron fases del torneo de beisbol y la final olímpica. Después quedó en desuso y se reconvirtió en el Estadio Municipal de Fútbol de l’Hospitalet, sede del club local: un legado basado en adaptar la infraestructura a nuevas necesidades urbanas y deportivas. Conserva un valor histórico, pues allí compitió Cuba, entonces una potencia mundial del béisbol comparable, en su contexto, al equipo estadounidense de la NBA. 

Sí L’Hospitalet representa la reconversión de un foro olímpico de béisbol en un estadio municipal de fútbol, adaptando la infraestructura a las necesidades posteriores de la ciudad, Viladecans ejemplifica la continuidad deportiva, pues su campo de béisbol sigue cumpliendo la función para la que fue preparado, con inversiones recientes y una nueva reforma prevista hacia 2028.
Cartel oficial de Cobi con el mapamundi
Cartel oficial de Cobi con el mapamundi

Una ciudad que se abrió al mundo

En aquel lejano 17 de octubre de 1986, la candidatura sometida a la elección de la asamblea de CIO previó un plan sobre el papel. Barcelona’92 era entonces más el sueño de Samaranch que una ciudad consciente de su potencial desarrollo y menos aún de imaginar un liderazgo tan potente como el que le esperaba. De esa idea, de un proyecto sobre el papel, la nominación imprimió el alma, la pasión y el convencimiento necesarios para que, entre la pax política y la explosión de talento, los JJOO de 1992 pasaran a la historia por la redefinición de la ceremonia y por la convivencia olímpica, próxima, vital y excitante de una Villa Olímpica nacida como un barrio más de la Barcelona que se dio la vuelta hacia el mar, el mediterráneo, reencontrándose con su verdadera naturaleza. El modelo público-privado de colaboración a favor del interés general, la renuncia -al menos momentánea- al partidismo y la reexpresión de algo tan antiguo como los Juegos Olímpicos bajo un diseño y concepción capaces desafiar con naturalidad los cánones de una nueva realidad, con espontaneidad y frescura transmitieron una sensaciones únicas y desconocidas.

Barcelona’92 reflejó con una alegría desbordante la esperanza de un nuevo y mejor orden mundial. La URSS, recién desaparecida, participó como Equipo Unificado, los países del Telón de Acero recuperaron sus banderas, una sola Alemania desfiló y acaparó medallas en un estadio de Montjuïc que recibió a Nelson Mandela cantándole y con una ovación multitudinaria, el 25 de julio, en uno de los momentos de mayor carga política y emocional de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Su presencia, como líder del Congreso Nacional Africano (ANC) después de haber pasado 27 años encarcelado, tenía un significado extraordinario: Sudáfrica regresaba a los Juegos Olímpicos después de 32 años de exclusión, motivada por su política de segregación racial. Mandela se imbuyó de ese clima excepcional de Barcelona’92 para superar las profundas heridas del apartheid y fomentar una integración social real en un país tan cruelmente dividido como la Sudáfrica de aquella época.

Audaz e inteligente, Mandela vio como una gran oportunidad la disputa del Mundial de Rugby en Sudáfrica tres años más tarde. Los Springboks, como se conocía el equipo nacional de rugby, integrado por una absoluta mayoría blanca y símbolo de aquella la realidad social, iban a ser disueltos por la reacción lógica de rechazo de la nueva directiva de la Federación de Rugby, ya bajo un gobierno democráticamente elegido.

El eco de Barcelona en Sudáfrica

Mandela no sólo lo impidió. Se reunió con el capitán, François Pienaar, y le aseguró que la totalidad del país, la población negra incluida, apoyaría como nunca había pasado al equipo de Sudádrica, que no era el favorito. A cambio, le pidió que ganaran el Mundial. 

Años después, al recordar Barcelona, François Pienaar, evocó la acogida a Mandela recibida en Montjuïc, cuando el estadio entero le había dado la bienvenida cantando. Aquella reacción -dij- le había hecho sentirse orgulloso de ser sudafricano, pese a que el futuro de su país todavía parecía incierto. Nelson Mandela verbalizó como nadie algo tan grande como la victoria de los Springboks el 24 de junio de 1995 ante la insuperable selección de Nueva Zelanda, armada con el mejor jugador de todos los tiempos, Jona Lomu, uniendo en aquella hazaña a un país entero por primera vez en la historia: “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo”, dijo, reconociendo que la atmósfera increíble de Barcelona’92 le había inspirado y fortalecido. 

También convendría recuperar ese legado en las escuelas, en el trabajo, en la política sobre todo y en la convivencia porque ese mundo infinitamente envidiable del 92 fue posible y, aunque de forma fugaz, nos enchufó a la vida.
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