Jóvenes heridos por el esfuerzo
Actualmente, en la época de la meritocracia, el autor sostiene que los triunfadores están convencidos de que están ahí gracias a sus esfuerzos personales y que se merecen todo lo que tienen. Esto provoca una soberbia muy superior a la que tenían las clases altas tradicionales y, al mismo tiempo, produce una angustia enorme en la juventud, que trata a todas luces de cumplir con el “imperativo meritocrático”, que no es otro que la incesante presión para rendir al máximo, alcanzar objetivos muy exigentes y tener éxito. Salen triunfadores, pero también salen heridos.
Visto desde abajo, la soberbia de la élite es mortificante, según Sandel, y la idea de que nuestro destino está solo en nuestras manos es una espada de doble filo: es inspiradora por uno de los bordes, pero odiosa por el otro. El fracaso es ahora culpa de cada uno y no del destino. Ésta es la dura sentencia. Mezque con los perdedores y opresivo con los ganadores, "el mérito acaba convirtiéndose en un tirano". Este diagnóstico de la sociedad actual es el que explica, según Sandel, la irrupción del actual populismo, lo que es también una aportación original.
La tóxica mezcla de soberbia y resentimiento es lo que, según nuestro autor, que también es un reconocido politólogo, subió a Trump al poder. La tradicional vinculación entre clases altas con el partido republicano y las clases bajas con el demócrata se rompió: los hombres de clase trabajadora sin carrera universitaria votaron de forma abrumadoramente mayoritaria a Trump, que representaba el mensaje político de agravio y resentimiento. Trump sabe explotar ese malestar. Mientras hace cuatro años Hillary Clinton hacía constantes referencias a las "oportunidades", Trump hablaba sin tapujos de ganadores y perdedores, inflamando a estos últimos en contra de los primeros.
En Europa y España, en cambio, este mensaje cristalizó en partidos populistas de izquierda y no en las réplicas americanas de derechas. El libro finaliza intentando equilibrar la idea de recompensa asociada al esfuerzo personal con la idea de dignificación que todo trabajo debería comportar, incluidos, por supuesto, a los que no exigen estudios superiores. Queda algo desdibujado el final del libro, que aboga por una sociedad más orientada a buscar el bien común. Este concepto siempre es indefinido y vaporoso, pero, como ocurre a menudo con un buen libro, lleva al lector a reflexionar sobre la validez de las ideas que tenía por incuestionables y de las experiencias que pensaba que las avalaban.