De los mercados municipales al desperdicio
El Observatorio no se limita a analizar lo que se compra y se consume. También mide el número y el tipo de establecimientos alimentarios, la disponibilidad de productos ecológicos y de proximidad, la presencia de mercados municipales, cooperativas de consumo, huertos urbanos y proyectos educativos.
Otro de sus ámbitos de seguimiento es el desperdicio alimentario. La herramienta estima las pérdidas generadas en el campo, la industria, el comercio, la restauración, los comedores escolares y los hogares. También contabiliza la materia orgánica recogida selectivamente, aunque advierte de que esta fracción representa solo una parte de todos los alimentos que se tiran.
La AMB pretende utilizar estos datos para orientar las políticas municipales y detectar mejor las desigualdades entre territorios. Para l’Hospitalet y el Baix Llobregat, la información permitirá relacionar el acceso a los alimentos con la renta, la salud, el comercio de barrio, los mercados, la producción del Parque Agrario y las ayudas sociales.
El resultado es una fotografía compleja: una población que todavía conserva referencias de la dieta mediterránea y vive junto a una fértil despensa agrícola, pero que cada vez paga más por comer y en la que miles de personas tienen dificultades para acceder regularmente a alimentos frescos y proteínas.