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La crisis de la soledad se regulariza a través de la constancia y el compromiso local


Img La crisis de la soledad se regulariza a través de la constancia y el compromiso local
María Castillo
16 Enero 2026
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Vivimos hiperconectados, pero cada vez más solos. En una época en la que sólo con un clic podemos hablar con cualquier persona al otro lado del mundo, a veces falta alguien al otro lado del pasillo. La soledad se desliza en cenas sin compañía, en tardes sin planes, en días sin ni una llamada y en momentos en los que necesitas hablar, pero no tienes con quién.

No se trata de estar solo, sino de sentirse solo, de no tener con quien compartir lo importante o, simplemente, lo cotidiano. Y aunque parezca un mal silencioso, está muy presente. Tan presente que ya tiene respuesta desde muchos frentes: instituciones, asociaciones vecinales, tecnologías diseñadas para acompañar e incluso nuevas formas de convivencia o soporte emocional.
Vivimos hiperconectados, pero cada vez más personas se sienten solas.

Esfuerzos por tratar la soledad

Según el informe “El negocio de la soledad” (OBS Business School, 2025), más del 30% de los hogares en España son unipersonales, lo que sitúa al país en el liderazgo de Estados europeos en personas que viven solas. En este contexto, el consumo de ansiolíticos casi se ha duplicado desde 2004, con un notable aumento entre los jóvenes y los adultos que experimentan soledad no deseada. Ante esta realidad, se han empezado a desarrollar nuevos modelos de convivencia, como las residencias 2.0 o el intercambio generacional de vivienda.

El 60% de las personas experimentarán soledad en algún momento de su vida, según datos de la Fundación Vivofácil, que recientemente presentó el documental "La sociedad de la soledad" en el Congreso de los Diputados. Dirigido por Rodolfo Montero, el documental recoge historias reales de personas de distintas edades y contextos que han convivido con la soledad. Entre ellas, un anciano que perdió a su pareja; una joven escritora; un influencer con problemas de salud mental o un refugiado que huyó de la guerra.
La inteligencia artificial debe ser una herramienta para acompañar, no un fin en sí misma.
La tecnología también se está sumando. En mayo de 2025 se celebró en L'Hospitalet de Llobregat la feria FiraGran, el mayor salón europeo dedicado a las personas mayores. Allí se presentaron propuestas como Arkeo, un robot que anima a enviar mensajes o hacer videollamadas; Serenia, un asistente virtual que detecta signos de tristeza o deterioro cognitivo; y Wuateke, un dispositivo que combate la soledad a través de la música. Estos recuerdan que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta, no como un fin.
Tocar la puerta puede ser el primer paso para combtir la soledad. Fuente: Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC)
Tocar la puerta puede ser el primer paso para combtir la soledad. Fuente: Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC)

Gavà, tocar la puerta

En un momento en el que cada vez cuesta más crear vínculos reales, hay proyectos que apuestan por recuperar la vida en el barrio. Uno es A-porta, un programa impulsado por la Confederación de Asociaciones Vecinales de Cataluña (CONFAVC), que ya funciona en más de veinte zonas de Cataluña. Su propósito es volver a conectar a los vecinos a través de la proximidad, la conversación y el apoyo entre personas. En los barrios de Gavà, en el Baix Llobregat, han demostrado que algo tan simple como llamar a la puerta de alguien puede marcar la diferencia.

Carlota Martínez, coordinadora del proyecto en Gavà, explica que el primer paso es detectar a personas con carisma o inquietudes sociales, y formarlas en el rol de “picaportes”, tal y como se les llama al proyecto. Estas personas reciben formación en comunicación asertiva, técnicas de entrevista y herramientas para detectar soledad, como por ejemplo la escala UCLA. "Queremos que los voluntarios se den cuenta de su potencial para transformar su entorno", afirma Martínez. Una vez formados, los picaportes visitan a los vecinos, hablan con ellos, los hacen compañía y los vinculan a recursos comunitarios como asociaciones, grupos de caminatas o círculos de mujeres.

En el barrio de Can Tintorer de Gavà, voluntarios del proyecto A-porta recorren las casas para detectar casos de soledad y ofrecer ayuda. Melissa Ramos, una de las picaportes, recuerda una visita que no olvidará. Un hombre mayor les abrió la puerta y les explicó que había perdido a su mujer ya su hijo con apenas un mes de diferencia. “Nos dijo que no quería hacer la entrevista, que no podía”, explica.

Melissa y su compañera le dejaron claro que estarían por el barrio, disponibles si algún día quería hablar. Semanas después, volvió a abrir la puerta y habló durante dos horas. No quiso ir a un grupo de luto, pero agradeció poder desahogarse. Con el tiempo, empezó a salir ya recuperar la rutina. Lo que más destaca Ramos es que “a veces no se trata de dar soluciones, sino de estar ahí”. Y esto, dice, ya puede significar mucho.

Ayudar a los vecinos de siempre

Melissa Ramos forma parte de esta red desde el barrio de Can Tintorer de Gavà, donde acompaña a vecinos, les ayuda con gestiones o simplemente les escucha. Al convertirse en madre tuvo que dejar los estudios de psicología, pero participar en este proyecto le ha permitido reanudar estas ganas de ayudar a los demás. "Muchos de los vecinos que acompañamos son personas que hemos visto siempre en el barrio. Para mí, esto tiene un valor especial", comenta.
“Ver que con una conversación ya puedes cambiarle el día a alguien es muy impactante.”
Durante el confinamiento, crió sola a su hijo y vivió un aislamiento que no identificó como soledad hasta tiempo después. “Queremos desmitificar que la soledad sólo afecta a la gente mayor”, declara Ramos. En el barrio han acompañado a personas en proceso de duelo, madres solas, personas mayores que pasan días sin hablar con nadie, o jóvenes que se aíslan en casa.

Gracias al proyecto, muchos vecinos se han vinculado a actividades comunitarias. La asociación vecinal, por ejemplo, ha creado un círculo de mujeres para compartir experiencias o salidas de senderismo para todas las edades. Incluso organizan sesiones para enseñar a la gente mayor a utilizar el teléfono móvil. La clave es el acompañamiento y la constancia.
El barrio también puede ser una red de soporte. Fuente: Melissa Ramos
Además de su labor como picaporte, Melissa Ramos colabora con la asociación Desconecta, en Castelldefels. Allí acompañan a jóvenes de entre 18 y 30 años que pasan gran parte de su tiempo en casa, frente a una pantalla. "Muchos no estudian ni trabajan, y apenas salen", explica. Algunos han pasado por situaciones de agorafobia, otros simplemente no se sienten cómodos en espacios sociales convencionales.

 
Todos los viernes organizan juegos de mesa y salidas en grupo para fomentar la socialización. También organizan caminatas y encuentros semanales. Con el tiempo, estos jóvenes van ganando confianza y reanudan el contacto con los demás. "Si conseguimos que un viernes, en lugar de quedarse solos, vengan a charlar y compartir, ya es un pequeño éxito", señala Ramos.

Soporte a un botón de distancia

Para Carlos De Mir, vecino de Gavà de más de 80 años, la soledad no es una condena. Vive sólo desde hace cinco décadas, pero no se siente solo. "Estoy acostumbrado a vivir así, y tengo a mis hijas y nietos muy presentes", explica. Sin embargo, hace 15 años decidió solicitar el botón de teleasistencia, un pequeño dispositivo colgado en el cuello que lo conecta con un centro de atención las veinticuatro horas del día. "Incluso cuando toco el botón sin querer, siempre hay alguien en el otro lado", señala. Una presencia que, sin interferir en su día a día, le ofrece seguridad y le permite seguir viviendo solo y con tranquilidad.

Este sistema forma parte del Servicio Local de Teleasistencia (SLT), un recurso público que se ofrece en Cataluña a los ciudadanos de más de 75 años que viven solos, así como a personas con discapacidad o en situación de dependencia. A través de este servicio, puede contactar directamente con profesionales especializados en caso de caídas, emergencias médicas o cualquier situación de riesgo. El personal valora la urgencia y, en su caso, avisa a los servicios médicos o familiares indicados. Además de brindar seguridad, este sistema permite a las personas mayores mantener su independencia en el hogar durante más tiempo.
Un botón y una voz al otro lado pueden ayudar a aliviar la soledad. Fuente: Diputación de Barcelona
Un botón y una voz al otro lado pueden ayudar a aliviar la soledad. Fuente: Diputación de Barcelona

Hablar también es urgente

El botón rojo, tal y como se conoce popularmente, no sólo actúa en emergencias. Según datos de la Diputación de Barcelona, ​​aproximadamente la mitad de las llamadas no son por motivos médicos, sino simplemente por “hablar un rato”. La conversación es, en muchos casos, el primer auxilio. En los últimos años, el SLT atendió a más de 17.500 llamadas de personas que se sentían solas, y ya ha superado las 117.000 personas usuarias activas. La solicitud debe tramitarse a través de los servicios sociales municipales, lo que permite adaptar mejor la demanda en cada caso.
Aproximadamente la mitad de las llamadas a la teleasistencia son sólo para hablar un rato.
En paralelo, la Diputación impulsa el Programa Nexes, una iniciativa contra la soledad no deseada. Mediante este programa, se consensúa con la persona un plan de apoyo personalizado que puede incluir información sobre actividades del municipio, acompañamiento, búsqueda de voluntariado y organización de talleres, almuerzos en grupo o salidas culturales. Cada año, alrededor de mil personas participan en Nexes y, al terminar, la mayoría asegura sentirse menos sola que al principio.
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