El valor de seguir presente
Su jubilación "no fue un punto final", sino una nueva etapa. Como voluntario en el colegio, Juan Antonio sigue contribuyendo a la comunidad educativa, ahora desde otro lugar: el huerto escolar. "Allí los niños cultivan, aprenden y se llevan lo que crece. Todo esto tiene una serie de valores, y ellos lo perciben como muy positivo", comenta.
Para él, la clave del envejecimiento activo es mantener la conexión con el entorno y las nuevas generaciones. "El problema que nosotros tenemos, de alguna manera, es la invisibilidad. Desaparece el puesto de trabajo y desapareces tú. Entonces ya no existes. Hacen falta iniciativas donde se fomente de alguna manera seguir siendo visible, con tus virtudes, para ayudar; pienso que es positivo", argumenta.
Desde la asociación Gent Gran y el Foro G3 de Gavà, Juan Antonio promueve actividades que rompen la brecha generacional. Y explica que cree firmemente en el valor de estos encuentros: "Las relaciones intergeneracionales son superpositivas, rompen los estereotipos y nos hacen ver de otra manera".
Sin embargo, advierte sobre la forma de cómo a menudo se plantean en las escuelas. "Cuando se llevan a los niños a las residencias, indirectamente estás creando un estigma o tópico de vulnerabilidad sobre la vejez. Los jóvenes ven allí un posible futuro, y el futuro es duro en algunas ocasiones". Su propuesta es invertir el modelo: "Debería también añadirse otra iniciativa, pero al revés: que las personas mayores acudieran a los institutos o colegios y aportaran su experiencia, su profesión o su historia de vida. Esto sí que es práctico y positivo". Porque para Juan Antonio, la intergeneracionalidad no debería ser un concepto, sino una práctica cotidiana.