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Josep Maria Rañé, dirigent sindical i polític amb quatre dècades de compromís social: “La solidaritat sempre és un egoisme intel·ligent” - Next LLobregat
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Josep Maria Rañé, dirigent sindical i polític amb quatre dècades de compromís social: “La solidaritat sempre és un egoisme intel·ligent”


Img Josep Maria Rañé, dirigent sindical i polític amb quatre dècades de compromís social: “La solidaritat sempre és un egoisme intel·ligent”
Aleix Gándara
17 Enero 2026
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Con setenta años largos y una vida dedicada al trabajo colectivo, Josep Maria Rañé sigue transmitiendo la misma serenidad con la que afronta los conflictos desde joven. Nace en Sant Just Desvern y comienza como delineante en una fábrica de hormigón, un entorno donde pronto descubre la fuerza y ​​los límites de la lucha obrera. El despido que recibe en 1978, después de impulsar UGT en la empresa, no lo derrumba; por el contrario, abre el camino que define toda su trayectoria. Desde ese momento, se vincula al sindicato con dedicación plena y aprende que los conflictos sólo tienen sentido si se orientan hacia una solución pactada.

La negociación no es debilidad, sino inteligencia

En UGT asume responsabilidades de acción sindical hasta convertirse en secretario general de la comarca del Baix Llobregat, y este recorrido le da un criterio que le acompaña siempre: la negociación no es debilidad, sino inteligencia. Recuerda a menudo un consejo que recibe de un dirigente veterano: “Lo importante no es cómo entras en una reunión, sino cómo sales”. Esta idea estructura toda su forma de actuar. En 1982 da el salto al PSC como independiente, y en 1988 es elegido diputado en el Parlament de Catalunya, donde trabaja durante quince años en áreas como industria, energía, ocupación e igualdad.

Cuando en 2003 entra en el primer Govern del tripartito de la Generalitat presidido por Pasqual Maragall, asume la conselleria de Trabajo e Industria con la convicción de que el modelo económico catalán necesita un cambio profundo. Detecta que la economía se asienta demasiado en la construcción y apuesta por un giro hacia la industrialización de calidad, la innovación y la formación. Impulsa el Acuerdo Estratégico por la Internacionalización y la Calidad del Empleo, que quiere establecer un crecimiento basado en el valor añadido y en mejores condiciones laborales. Para él, “lo que es importante, pero el cómo es esencial: las políticas deben tener coherencia, deben ser realistas y deben estar pensadas para mejorar la vida de la gente”.
Imagen de los años 80, cuando Josep Maria Rañé era dirigente sindical de UGT en la comarca del Baix Llobregat
Imagen de los años 80, cuando Josep Maria Rañé era dirigente sindical de UGT en la comarca del Baix Llobregat

Optimismo bien informado

Pese a las dificultades de esos años, no mira atrás con nostalgia. Mantiene un optimismo que define como "bien informado", lejos de la ingenuidad, pero también de los catastrofismos. De cada etapa obtiene un aprendizaje, incluso de situaciones más duras, como la larga huelga en Montesa. A través de estas experiencias entiende que el exceso de confrontación puede romper puentes irreparables y que la fuerza, sin una clara estrategia, sólo genera ruido. Por eso insiste en que es necesario saber hasta dónde puede llegar cada banda antes de poner en marcha un conflicto.

Cuando habla del presente y las nuevas generaciones, reconoce que la configuración del trabajo hace más difícil que un joven se sienta parte de un colectivo. La digitalización, los equipos dispersos y la flexibilidad horaria rompen la convivencia cotidiana que antes definía la conciencia obrera. Ya no hay entradas masivas a las seis de la mañana, ni monos de color uniforme, ni estribillos conjuntos. “Si no ves a tu compañero, si sólo recibes correos y mensajes, cuesta mucho más imaginar que tiene un problema compartido”, reflexiona. Sin embargo, observa cómo renacen nuevas formas de organización: “riders” (repartidores), “kellys” (camareras de habitaciones de hoteles), y grupos que se autocoordinan ante la precariedad. Para él, la solidaridad no desaparece sino se transforma.
En diciembre de 2003 Rañé fue nombrado consejero de Trabajo e Industria con el primer tripartito del Govern presidido por Pasqual Maragall
En diciembre de 2003 Rañé fue nombrado consejero de Trabajo e Industria con el primer tripartito del Govern presidido por Pasqual Maragall

Cultura individualista

También alerta de que la cultura empresarial de los últimos años refuerza el individualismo. Contratos cortos, cambio constante de personal y exigencia de disponibilidad hacen que muchos trabajadores no desarrollen un vínculo con la empresa. Si no se crea estabilidad, dice, tampoco puede exigirse compromiso. Esto no es sólo un problema laboral; es una cuestión de cohesión social. Por eso defiende que el sindicalismo debe evolucionar y adaptarse a este nuevo ecosistema. Las organizaciones deben ser más ágiles, más planas y más conectadas con las realidades dispersas del trabajo digital.

Sobre la inteligencia artificial muestra una preocupación clara: la opacidad. Considera que el uso de algoritmos en procesos laborales puede reproducir sesgos de género, edad u origen, y que las empresas a menudo amparan decisiones discutibles en la supuesta neutralidad de la tecnología. "Si hay un aumento de productividad, debe repartirse", afirma. Y si hay una herramienta que afecta a las condiciones de trabajo, es necesario saber cómo funciona. El progreso, dice, no puede ser excusa para afianzar desigualdades.
"La desigualdad es la principal amenaza del futuro democrático"

El Baix es ahora un territorio diversificado

Cuando analiza el Baix Llobregat, lo hace con una larga mirada. Recuerda a la comarca como una olla de presión industrial durante los ochenta, con cientos de expedientes de regulación y una conflictividad muy intensa. Hoy, en cambio, observa un territorio más diversificado, con potentes servicios, hospitales, centros educativos y un Parque Agrario que considera imprescindible preservar. Cree que el futuro de la metrópoli pasa por mantener estos “pulmones” y por evitar que las presiones urbanísticas se coman espacios que garantizan calidad de vida.

Cuando piensa en el futuro identifica la desigualdad social como el gran reto del siglo XXI. Considera que la polarización es un síntoma y no la causa, y sólo con equidad se pueden sostener los valores democráticos. Reivindica los tres principios de la Revolución Francesa —libertad, igualdad y fraternidad— como brújula contemporánea, siempre entendidos de forma colectiva y no individualista. En la política, como en el sindicalismo, defiende que es necesaria coherencia, honestidad y conciencia de representación.

El legado

Cuando se plantea qué legado le gustaría dejar, evita hablar de cargos o decisiones concretas. Prefiere pensar en una forma de hacer: actuar con criterio, pensar en el bien común y recordar que ninguna transformación es posible sin contar con la gente. Quizá por eso, todavía hoy, sigue transmitiendo esa combinación de serenidad y firmeza que le caracteriza: la de un optimista que conoce las dificultades, pero que confía en que siempre hay camino si se hace juntos.
 
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Trabajo fragmentado y colectividad débil

Rañé observa que la digitalización y la flexibilidad horaria rompen los espacios compartidos que antes construían identidad trabajadora. El teletrabajo, la dispersión de los equipos y la falta de presencialidad dificultan que los jóvenes perciban problemas comunes. Sin embargo, considera que renacen nuevas formas de organización, como las plataformas de “riders” (repartidores) o las “kellys” (camareras de habitaciones de hoteles), que demuestran que la solidaridad sigue viva. Para él, el sindicalismo debe adaptarse a estas realidades, simplificando estructuras y ganando agilidad. La clave, dice, es entender que el poder siempre es desigual y que sólo la organización colectiva puede equilibrarlo.

Compromiso convertido en trayectoria

Nacido en Sant Just Desvern, Rañé inicia su vida laboral en una fábrica de hormigón, donde descubre la importancia de la organización colectiva. Impulsa UGT en plena transición y desarrolla una trayectoria que le lleva a ser secretario general de la comarca. En 1988 entra en el Parlament de Catalunya como diputado y más tarde asume la consejería de Trabajo e Industria con el primer tripartito del Govern presidido por Pasqual Maragall. Siempre ha centrado su acción en la calidad del empleo, la industrialización y la cohesión social. Mantiene un estilo sereno, pragmático y dialogante, que define también su etapa posterior en espacios institucionales y municipales.
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