José Antonio González Bartrin habla con la tranquilidad sobre que ha dedicado su vida a lo que amaba: la educación física, el deporte y la transmisión de valores a través de la actividad y el movimiento. Creció en Poble Nou, pero la vida lo llevó hasta Sant Just Desvern, en una familia humilde, y recuerda a una infancia marcada por el juego en la calle, la libertad y la sencillez. "Mi infancia fue de máxima felicidad hasta los 14 años: inocencia, diversión, amistades y calle", explica.
Su padre, de origen inmigrado, trabajó en la empresa Olivetti, una fábrica que recuerda como pionera del bienestar laboral. “El sueldo era precario, pero el trato era extraordinario: había una guardería Montessori, colonias, juguetes en Navidad… eso hizo que una familia como la nuestra pudiera tener una vida más digna”. Aquella experiencia, dice, le marcó la mirada social: “Me enseñó que las empresas pueden cuidar a las personas, no sólo aprovecharse”.
Jugar, qué palabra más bonita
A los 13 o 14 años, su madre, preocupada por la aparición de las drogas en los barrios en los años 70, le apuntó a una parroquia donde se jugaba a balonmano. "A mí me gustaba sobre todo el fútbol, lo hacía en la calle, pero descubrí que lo que realmente me gustaba era jugar, haciendo cualquier actividad física me entusiasmaba". El deporte, que al principio fue una protección social, se convirtió en una vocación. Hizo deporte y entrenó de forma profesional y finalmente dio el paso hacia la docencia en el Instituto La Mallola, donde trabajó hasta jubilarse a los 60 años. Y, más tarde, se implicó en proyectos deportivos del territorio, como el Consejo Deportivo del Baix Llobregat y el Atlètic Sant Just FC. Con el tiempo, comprendió que el deporte le había dado mucho más que habilidades físicas: "Primero lo hacía porque me lo pasaba bien y alimentaba el ego. Pero más tarde entendí que el deporte me había enseñado a ser honesto, honrado, competidor y capaz de esforzarme. Te da valores".
Deporte, salud y vínculos
Defiende firmemente el papel del deporte en la salud pública y especialmente en las personas mayores. "El deporte, independientemente de la edad, genera endorfinas, dopamina, oxitocina y serotonina: esto es felicidad y bienestar. Y reduce el estrés". Pero matiza: no todos los deportes sirven en todas las etapas. "Las actividades deben adaptarse. No recomendaría deportes de impacto en la vejez. ¿Lo mejor? El aquagym". También menciona andar, hacer bicicleta, pesas ligeras y estiramientos. Para él, el deporte tiene tres beneficios principales para las personas séniors: La mejora de salud física y prevención de enfermedades; la cohesión social y lucha contra el aislamiento; y que es un espacio de ocio con sentido.
Su forma de entender el deporte es como herramienta de educación y visión positiva de las personas: “Como profesor siempre he pensado que la gente es buena y he intentado transmitir esta idea a través de la práctica del ejercicio físico”. El deporte le había dado valores que él percibe como esenciales: “Una vez descubrí lo que me hacía feliz me dediqué plenamente.
También sabe que cada persona es diferente y que no toda actividad procede a todos por igual. "Depende del carácter de cada persona le recomendaría deportes individuales o de equipo". Para él, esta diferencia es una metáfora de la convivencia: "En la sociedad, como en un deporte de equipo, necesitamos a los demás".
El cambio social: tecnología y valores
A pesar del paso del tiempo, sigue atento a la evolución del mundo deportivo entre las nuevas generaciones. Reconoce un avance importante: "En las nuevas generaciones hay mucha más implicación deportiva". Lo atribuye, en parte, a la necesidad de contrarrestar los riesgos de aislamiento que provocan las nuevas tecnologías: "Un factor determinante ha sido el surgimiento de las nuevas tecnologías, por el riesgo de aislamiento".
El contraste con el pasado es evidente: "Antes no se fomentaba el deporte en la juventud porque lo hacían en la calle, se fomentaba trabajar". Sin embargo, la oferta actual es positiva: "Ahora hay una oferta deportiva mucho más amplia que cuando yo era joven". Pero no todo son ganancias. También detecta un problema en el modelo de referentes deportivos: "Los niños necesitan cultura deportiva y buenos referentes. Ahora, en el fútbol profesional, algunos deportistas no se están comportando de manera impecable".
El edadismo y la inclusión en el deporte
Sobre el envejecimiento, dice que la sociedad habla mucho de edadismo, pero él ve otro fenómeno: "El deporte lo visibiliza claramente: lo que más resuena es el capacitismo. Si tienes alguna limitación, cuesta mucho participar". Y habla de inclusión incluso para los espectadores, todavía existen instalaciones sin accesibilidad básica: rampas, ascensores, barandillas. "Estamos en retraso en infraestructuras". Sin embargo, se muestra optimista: "Cada vez hay más espacios inclusivos y más personas mayores participan en actividades deportivas. Y esto es fantástico".