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Joan Torres Carol, ex presidente de TMB, FGC y la Asociación de Ingenieros de Cataluña: "Si trabajas de lo que te gusta y encima te pagan, tienes un privilegi


Img Joan Torres Carol, ex presidente de TMB, FGC y la Asociación de Ingenieros de Cataluña:
Sergi Marine
19 Enero 2026
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La vida de Joan Torres Carol es un intenso recorrido por la historia política, social y urbana de Cataluña. Ingeniero de formación y servidor público por vocación, fue una figura clave en la ordenación del tráfico y la movilidad de Barcelona durante décadas, con un papel decisivo en la transformación que culminó en los Juegos Olímpicos de 1992. Sin embargo, su relato comienza mucho antes, en un entorno familiar y educativo que acabarían marcando su forma de entender el servicio público.

Una educación llena de humanismo

Joan Torres recorda el seu pas pel Batxillerat com una etapa paradoxal: en plena dictadura, va tenir la sort de trobar professors que transmetien curiositat i criteri crític. Un d’ells, el professor Gil —pare de l’advocat i activista Gil Matamala i d’Ariadna Gil— va despertar en ell l’interès pel món cultural i social. Malgrat el context autoritari, formaven “una comunitat viva”: feien festes, visitaven museus, viatjaven a França i compartien una educació que “anava molt més enllà del franquisme”.

A la universitat va continuar alimentant aquest esperit crític. Entre filosofia, política i amistats marcades per la militància de l’època, va començar a forjar la seva mirada social: “La sensibilitat política ja estava contaminada”, diu somrient.
Fue teniente de alcalde del Ajuntament de Barcelona y responsable de la movilidad con el alcalde Pasqual Maragall

Una infancia entre motores y fundición

Torres nació en Hospitalet en una familia de herreros e industriales del Baix Llobregat. Su padre tenía una pequeña fábrica que producía motores de explosión que funcionaban con petróleo, destinados tanto a labores agrícolas como a bombas hidráulicas para el delta del Llobregat. “Mamé virutas, aceite y fundición”, recuerda. Aquel entorno le encaminó naturalmente hacia una carrera técnica.

El padre quería que estudiara Ingeniería de Caminos -un título reservado a los jóvenes que demostraban talento y vocación- y él entró directamente en la escuela, superando la vía de selección especial de la que se siente todavía orgulloso.
Joan Torres i Carol lucía barba desde joven, cuando trabajaba de técnico en el Ayuntamiento de Hospitalet
Joan Torres i Carol lucía barba desde joven, cuando trabajaba de técnico en el Ayuntamiento de Hospitalet

Compromiso social desde la juventud

Durante sus estudios, el clima de cambio político le llevó a implicarse en un colectivo juvenil en L'Hospitalet, llamado Alfa 63, un grupo que combinaba cultura, teatro y movilización política. También se sumó a los sindicatos universitarios catalanes y al movimiento estudiantil en plena transición.

Obtuvo una beca para trabajar en Pegaso, pero la crisis de la empresa y la quiebra de ese camino profesional le llevaron a presentarse a una oposición municipal. Y la ganó: entró a trabajar en el Ayuntamiento de L'Hospitalet con sólo veinticinco años. Allí conoció al alcalde Matías España, un hombre “fascista pero apasionado por la ciudad”, del que recuerda divertidas anécdotas y una obsesión: hacer crecer la ciudad hasta los 300.000 habitantes.

El salto a Barcelona

En 1979 llegan las primeras elecciones municipales democráticas. Torres participa en la fundación del PSC y pronto es conocido dentro del partido como pieza técnica de confianza. Este prestigio le lleva al Consejo Comarcal ya la Corporación Metropolitana de Barcelona, ​​donde comienza a trabajar con Pasqual Maragall. De esa etapa recuerda un proyecto que marcó un antes y un después: la primera gran regulación del taxi metropolitano, que unificó tarifas, taxímetros y condiciones laborales. A partir de ese momento se convierte en una figura central en la reorganización del tráfico en Barcelona.
Joan Torres en la actualidad

Los Juegos Olímpicos

Cuando Pasqual Maragall llega a la alcaldía, le pide que asuma la dirección de movilidad, tráfico y posteriormente vía pública. Aquellos años fueron decisivos: se instalaron cámaras de control, se digitalizó el tráfico, se creó el IMD, y sobre todo se logró que la disciplina vial fuera real, gracias a un cambio clave: cobrar las multas efectivamente.
"Si no controlas la disciplina, tienes un caos", afirma.

Con la llegada de los Juegos de 1992, Barcelona debía ser una ciudad ordenada, fluida y moderna. Torres recuerda aquella época como una “aventura apasionante” en la que el tráfico se convertía cada noche en una pantalla llena de puntos verdes y rojos que él seguía con obsesión.
Tras 15 años intensos, decide dejar la política activa. Abre un despacho de consultoría especializado en movilidad y comienza a asesorar proyectos en todo el país.

Uno de ellos le lleva hasta Andorra, donde el jefe de gobierno le ficha para diseñar la primera Agencia de Movilidad del país. Allí planifica semáforos, túneles, accesos y ordenaciones urbanas que todavía hoy persisten.

Posteriormente participa en la creación de la Fundación RAC, orientada a la seguridad vial ya promover comportamientos responsables en la conducción.

El último gran capítulo: Renfe

En 2016 recibe una llamada inesperada: Renfe le ofrece ser consejero de la división de mercancías. Acepta el reto y permanece hasta el 2023. Explica que vivió de cerca la complejidad de la separación de Adif y Renfe, las luchas internas y la transformación de la empresa. También formó parte de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

Cuando repasa su vida, Torres lo resume con una sonrisa: “En la vida lo he pasado bien: he trabajado, he reído, he viajado, he tenido hijos y nietos… y he sido feliz.” Es padre y abuelo, apasionado del cine, el deporte y especialmente la motocross, con una colección de Bultaco y Alpina que cuenta con orgullo. Desde hace veinte años pasa largas temporadas en Sant Llorenç de Morunys, donde ha recorrido el valle a caballo y en moto.

Aunque supera un cáncer de próstata y algunas secuelas posteriores, mantiene la vitalidad y el sentido del humor. Sobre el presente, no tiene dudas: "Mi etapa de compromiso técnico y político ya ha terminado". Pero sigue siguiendo la movilidad de Barcelona y defiende que sin datos, ordenación y racionalidad, "una ciudad no se entiende".
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Una vida dedicada a la movilidad y al servicio público

Nacido en 1943, Joan Torres Carol creció en una familia de industriales del Baix Llobregat vinculados a la mecánica y la fundición, un entorno que le acercó desde muy joven al mundo técnico. Ingeniero de Caminos, combinó su formación académica con un compromiso político y social intenso durante la universidad, vinculado a movimientos culturales y estudiantiles de la transición.

Inició su trayectoria profesional en el sector industrial hasta que accedió, por oposición, al Ayuntamiento de Hospitalet. Con la llegada de la democracia municipal, su perfil técnico le situó rápidamente en puestos de responsabilidad en el área metropolitana. Su experiencia le llevó a colaborar estrechamente con Pasqual Maragall en la transformación de la movilidad de Barcelona como teniente de alcalde del Ayuntamiento de la capital.

Fue uno de los impulsores de proyectos clave como la regulación metropolitana del taxi, la modernización del tráfico urbano, la disciplina vial, la digitalización de la movilidad y los preparativos para los Juegos Olímpicos de 1992. Después de quince años en la gestión pública, fundó un despacho de consultoría especializado en movilidad, asesoró al gobierno de Andorra en la creación y, finalmente, fue consejero en Renfe entre 2016 y 2023. Pero antes, también presidió Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC) y la Asociación de Ingenieros de Cataluña, además de consejero de Renfe Mercancías.

Defensa de una movilidad racional

La filosofía profesional de Joan Torres se puede resumir en esta frase: "Todo lo que se puede medir se puede conocer; lo que se puede conocer, se puede gestionar; y lo que se puede gestionar, se puede mejorar." De esa idea nació el IMD, las primeras cámaras urbanas y sistemas digitalizados de control del tráfico en Barcelona. También impulsó pruebas piloto, calles peatonales en fines de semana, espacios para la bicicleta e instrumentos para racionalizar la vía pública.

Considera que la movilidad es un equilibrio entre tecnología, disciplina y planificación, y defiende que el gran reto actual es reducir la entrada masiva de coches en Barcelona sin generar desigualdades: "Si entran un millón de vehículos cada día, se necesitan alternativas reales: ferrocarriles regionales potentes y un metro más rápido y amplio".
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