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Generación | Senior

Joan Salas Orozco, sociólogo y fundador y presidente de la asociación Sumerios: "Las personas mayores pueden ser clave para poder educar a muchos núcleos poblacionales"


Img Joan Salas Orozco, sociólogo y fundador y presidente de la asociación Sumerios:
Joan Pau Vila
19 Enero 2026
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En un mundo obsesionado con el futuro, Joan Salas recuerda que la sabiduría nace del tiempo vivido. Hay quien asocia el envejecimiento con la pérdida o el declive, pero él defiende la infravalorada, pero esencial, aportación de las personas mayores a la sociedad. Explica cómo la clave del futuro no está sólo en la juventud, sino también en el potencial de una generación que todavía puede contribuir mucho. Reivindica a menudo que la forma que tienen las personas mayores de mirar el mundo puede ayudar a “tranquilizar” a una sociedad que él ve demasiado acelerada y radicalizada. Por eso insiste tanto en recuperar un diálogo entre generaciones que permita reconstruir valores compartidos.

Este sociólogo habla con una claridad que sólo da la experiencia. Salas se define como una persona inquieta y activa, capaz de implicarse y llevar adelante proyectos propios y colectivos. Observa a la sociedad con ojo crítico y considera que valores como la tolerancia, el respeto y la solidaridad se han perdido. Por eso habla a menudo de una “educación intergeneracional” que vuelva a unir lo que el ritmo moderno separa.

Con siete décadas a sus espaldas, Joan Salas no se retira del pensamiento ni de la acción. Sabe que el tiempo es limitado, pero lo utiliza como materia prima de su compromiso. Mira el futuro con serenidad, convencido de que su trabajo más importante aún no está terminado. Ahora preside Sumerios, una asociación que fundó y que trabaja para reconocer el papel de las personas mayores en la sociedad actual.

La longevidad, clave del presente

Joan Salas sostiene que el futuro del país pasa por mirar cara al envejecimiento. "El envejecimiento de la sociedad es una de las grandes claves del presente y aún lo será más en el futuro", afirma. Insiste en que no se trata de un problema, sino de un reto de organización social: miles de personas llegan a la jubilación con salud, formación y ganas de hacer cosas, pero la sociedad todavía no sabe qué hacer con ese potencial. Por eso defiende que las personas mayores deben dejar de ser percibidas como una carga y pasar a ser reconocidas como un recurso esencial para reforzar valores como la tolerancia, la fraternidad y la solidaridad: "Las personas mayores pueden ser clave para poder educar en muchos núcleos poblacionales. Es clave que la sociedad vea que necesita a estas personas", explica.
Foto de Joan Salas arreglada con IA

Movilizar a una generación que tiene mucho que decir

Salas parte de una idea central: la generación que hoy se jubila ha crecido dentro de un largo período de estado del bienestar que no ha caído del cielo. Recuerda que sus padres y abuelos sufrieron la guerra, la represión y la pobreza, y que precisamente de ahí nace el esfuerzo colectivo por construir unos servicios públicos sólidos. "Nos hemos beneficiado de una estabilidad que consiguieron nuestros padres. Ahora nos toca devolverlo", sostiene.

Para él, retornar significa implicarse en la vida colectiva: educar, acompañar, hacer de puente entre generaciones, ofrecer experiencia y tiempo. Habla de médicos jubilados, ingenieros, trabajadores calificados, personas que han traído empresas o administraciones y que, una vez fuera del mercado laboral, quieren seguir aportando. "Hay mucha gente mayor con una capacidad bestial de producir ideas y proyectos", subraya.

También se refiere al talento silenciado de muchas personas mayores que, a pesar de carecer de cargos directivos, han acumulado décadas de oficio y conocimiento práctico. Para Salas, esta experiencia puede ser decisiva para reforzar comunidades o para ayudar a jóvenes que entran en el mercado laboral.
Foto de Joan Salas en la jornada Envejecimiento justo, una sociedad para todas las edades, en Sant Just Desvern
Foto de Joan Salas en la jornada Envejecimiento justo, una sociedad para todas las edades, en Sant Just Desvern

Es necesario un observatorio de la longevidad

De esta visión nace Sumeris, la asociación fundada y dirigida por Joan Salas. El objetivo principal es conseguir la creación de un Observatorio de la Longevidad. Salas explica que este observatorio "tendrá dos vertientes". La primera es científica y estadística, y la segunda es creativa y estratégica. Desde Sumerios ya presentan documentos, se reúnen con instituciones e invierten muchos esfuerzos para conseguir llevar a cabo este proyecto.

Opina que Catalunya necesita un espacio permanente que registre los datos reales de la longevidad, pero que también elabore propuestas para aprovechar todo ese potencial. "Las actividades futuras de las personas mayores deben pasar, deben idearse y deben crearse dentro de este observatorio", afirma. Considera que sólo así las administraciones dejarán de realizar políticas fragmentarias y podrán construir una mirada integral del envejecimiento.
Foto de Joan Salas actualmente

Discriminación cotidiana y difusa

Salas define el edadismo de diversas formas, como cualquier forma de discriminación por motivo de edad, y sostiene que es mucho más frecuente de lo que parece. "El edadismo sobre todo es pensar que la persona mayor es diferente de ti y que tiene una serie de situaciones físicas y mentales que no son las mismas que las tuyas. Por tanto, pongo una barrera y no empatizo con esa persona", explica.

No se trata sólo de un desprecio abierto, sino de barreras sutiles: no escuchar a una persona mayor porque se la da por poco capaz, evitar relacionarse con ella, decidir por ella, situarla siempre en el rol de dependiente. También señala formas más graves, como el maltrato en el hogar.

Continuar mientras el cuerpo y la cabeza respondan

Joan Salas observa su futuro con incertidumbre pero de forma despreocupada. No se ve impulsando grandes proyectos nuevos, pero sí manteniendo el compromiso con sus proyectos en marcha. Sigue trabajando de forma voluntaria en Sumerios y quiere seguir contribuyendo a todo aquello que tenga que ver con la longevidad, la convivencia y el papel activo de las personas mayores. Asimismo, reconoce con realismo que llegará un momento en el que la energía no será la misma: "Llegará un momento en que mi cuerpo y mi cabeza ya no estarán tan adecuados para sacar adelante proyectos", admite.

Esa mirada hacia el futuro la combina con un ejercicio de autocrítica. Salas reconoce equivocaciones, decisiones que hoy tomaría de forma diferente y, sobre todo, ocasiones en las que habría querido cuidar más ciertas relaciones humanas: "Lo más complicado de la vida son las dependencias humanas, las relaciones humanas".

Para Salas, el envejecimiento no es un final de trayecto, sino un espacio donde todavía pueden nacer ideas, proyectos y formas de convivencia para un país que necesita recuperar los valores que le hicieron crecer.
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Profesional de la administración local en Cornellà y Hospitalet

Joan Salas (Barcelona, ​​1954) es hijo único de una familia trabajadora del barrio de la Ribera, junto a Santa Maria del Mar. Se forma a los jesuitas y al escultismo, que considera su “segunda escuela”, en plena dictadura. De joven se compromete con la oposición política y empieza a trabajar en una empresa constructora con sede en Madrid, donde estudia Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Complutense. Su vida profesional se desarrolla sobre todo en la administración local, en Cornellà, Hospitalet y Barcelona, ​​en proyectos de promoción económica. Ya jubilado, vive en Sant Just Desvern, está casado y tiene una hija, e impulsa Sumerios, dedicada al papel de las personas mayores.

El futuro de las pensiones

Para Joan Salas, el debate sobre las pensiones es inaplazable. Afirma que el sistema actual "seguramente no es sostenible" y que habrá que adoptar medidas en breve. Defiende alargar voluntariamente la vida laboral en profesiones que lo permitan y crear o reorganizar impuestos específicos para reforzar el fondo de pensiones. Recuerda que la “hucha” de la Seguridad Social había acumulado una gran reserva gracias a décadas de cotizaciones, pero que algunos gobiernos “echaron mano de esta caja para tapar otros agujeros”. También alerta de que el aumento de jubilados y la precariedad salarial de los jóvenes tensionan aún más el sistema, que sólo podrá salvarse con un gran acuerdo político.
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