Cuando la experiencia les molesta y la juventud se abarata
Jesús Rodríguez Requeijo observa al mundo laboral con la mirada de quien ha vivido décadas de lucha sindical y transformaciones profundas en las relaciones de trabajo. Desde esa perspectiva, señala que la edad se ha convertido en una frontera invisible pero efectiva. "A una persona de 55 años ya no le cogen porque es mayor, aunque sea un profesional", afirma, denunciando una discriminación que expulsa talento y conocimiento del mercado laboral.
Para Rodríguez, el problema no es técnico sino ideológico y económico. "Hoy no se valora la experiencia. Se valora lo que cuesta menos", resume, apuntando a una lógica empresarial que prioriza el ahorro inmediato por encima de la calidad y la estabilidad. Esa misma lógica es la que explica, a su juicio, la situación de los jóvenes, atrapados en un sistema que los necesita, pero no los protege.
El dirigente sindical está claro a la hora de describir esta realidad: "a los jóvenes se les paga menos ya veces se les exige más. Este es el sistema". Una dinámica que se traduce en prácticas cotidianas que normalizan la precariedad, como cuando “cogen a un chico joven y le pagan cuatro duros”. Ante el discurso dominante sobre el esfuerzo, Rodríguez desmonta el relato afirmando que "hoy se habla mucho de esfuerzo, pero el esfuerzo real lo hacen siempre los mismos, las personas humildes y trabajadoras".
La consecuencia es una generación que accede al trabajo sin derechos consolidados. "Un joven que entra a trabajar sin saber sus derechos, entra sin estabilidad y sin perspectiva de futuro", explica. Una de las expresiones más claras de esta explotación es el uso abusivo de becarios, puesto que "ahora se utilizan becarios que trabajan como cualquier otro trabajador, pero sin cobrar o cobrando muy poco, y esto es explotación".