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Jesús Rodríguez Requeijo, activista sindical y militante comunista: "La ignorancia no es casual; es una estrategia" - Next LLobregat
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Jesús Rodríguez Requeijo, activista sindical y militante comunista: "La ignorancia no es casual; es una estrategia"


Img Jesús Rodríguez Requeijo, activista sindical y militante comunista:
Jordi Vizuete Valls
20 Enero 2026
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Jesús Rodríguez Requeijo tiene 76 años, nació en Castelldefels y empezó a trabajar muy joven, con sólo 16 años, en una cantera de Sitges en la que acabaría pasando más de medio siglo de su vida laboral. Él mismo recuerda que "comencé a trabajar en 1965, en la misma empresa donde estuve más de cincuenta años", un inicio que se produce todavía en pleno franquismo y que marca de forma definitiva su conciencia sindical. En ese contexto, fue elegido enlace sindical dentro de un sindicato vertical, una posición desde la que empezaría a tejer contactos con otros trabajadores para impulsar las primeras Comisiones Obreras.

Su militancia estaba muy vinculada a la federación de la construcción, el sector al que pertenecía su empresa. Recuerda aquellos años como una etapa de intensa actividad colectiva, en la que “existía discusión, ideas diferentes, confrontación sindical real”, antes de cualquier decisión. Las movilizaciones, especialmente en el Baix Llobregat, fueron, a su juicio, de una fuerza difícilmente comparable con la actualidad.
Jesús Rodríguez empezó a trabajar a los 16 años. En la fotografía aparece de joven con un grupo de amigos
Jesús Rodríguez empezó a trabajar a los 16 años. En la fotografía aparece de joven con un grupo de amigos

Sindicato, partido e instituciones

La trayectoria sindical de Rodríguez Requeijo no puede desvincularse de su militancia política. Explica que “muchos de nosotros también militaron en el partido” y que, en ese momento, sindicato y partido formaban parte de un mismo proyecto de transformación social. El PSUC fue, y sigue siendo, uno de sus referentes políticos.

Esta implicación le llevó también al ámbito institucional. Formó parte de las primeras listas municipales democráticas y ejerció como concejal en el Ayuntamiento de Castelldefels durante ocho años, siempre desde el partido comunista. Esa experiencia le permitió ver la política desde dentro, pero sin abandonar nunca su identidad de militante de base.
Jesús Rodríguez con un grupo de amigos después de haber salido a realizar una ruta en moto
Jesús Rodríguez con un grupo de amigos después de haber salido a realizar una ruta en moto

Jubilación activa y compromiso con la gente mayor

Jesús Rodríguez se jubiló a los sesenta años y lleva más de década y media en esta etapa vital. Lejos de entender la jubilación como una retirada, explica que “desde entonces he continuado activo con las personas mayores de Comisiones Obreras”, formando parte de la ejecutiva comarcal del Baix Llobregat y participando en diferentes espacios de representación como el Consejo Consultivo de las Personas Mayores, en Sant Feliu. Su actividad sindical se ha adaptado a una nueva realidad, pero mantiene intacta su voluntad de incidir.

En el ámbito personal, está casado desde hace más de cincuenta años y tiene varios hijos. Reconoce que su mujer ha sido una pieza clave, ya que "nunca me puso problemas para ir a congresos o reuniones", asumiendo una dedicación que a menudo implicaba ausencias. Al mismo tiempo, no esconde que la vida también deja heridas, como la pérdida de los padres siendo muy joven o la reciente muerte de su hermana pequeña, hechos que, dice, “siempre se llevan dentro”.
"Cuando una persona se jubila, tiene derecho a seguir viviendo su propia vida"

Desencanto político y espacio público

Rodríguez Requeijo observa con preocupación a la sociedad actual y confiesa que le cuesta entender determinadas actitudes. "Lo que más me cuesta entender hoy es ver cómo gente trabajadora acaba apoyando opciones políticas que van en contra de sus propios derechos", afirma, especialmente cuando ve pensionistas defendiendo discursos que amenazan las mismas pensiones. Esta incomprensión se extiende también a determinadas expresiones juveniles que percibe como una pérdida de memoria democrática.

Es especialmente crítico con el trato institucional hacia las personas mayores. Denuncia que "hay mucha hipocresía institucional" y pone ejemplos concretos como aquellos partidos que defienden a los seniors, pero una vez en el poder no crean políticas para liberar a personas mayores atrapadas en pisos sin ascensor. También reivindica el derecho a vivir la jubilación con autonomía, advirtiendo que convertir la ayuda familiar en una obligación "es una forma de esclavitud", aclarando que no sucede siempre, pero sí más de lo que habría.

En cuanto al espacio público, defiende que "las ciudades son para las personas, no para los coches", y recuerda que una persona mayor con dificultades de movilidad tiene derecho a circular libremente. Para él, esto es también política, aunque a menudo no se quiera reconocer.
Rodríguez es amante del motociclismo
Rodríguez es amante del motociclismo

Valores, actividad y mirada final

Jesús Rodríguez se mantiene activo también a nivel personal. Le gustan las motos, la fotografía y acude regularmente al gimnasio, no con el objetivo de muscularse, sino como forma de mantenimiento corporal. Considera que la fuerza es clave para evitar lesiones y que estas actividades, sumadas a su implicación social, le mantienen vivo y activo. Con setenta y seis años, afirma sin dudar que “sigo siendo lo mismo” y que sigue dispuesto a movilizarse. Su mirada final se resume en una idea clara: "no es necesario tener muchas cosas materiales para vivir bien", sino vivir con valores, coherencia y compromiso.
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Cuando la experiencia les molesta y la juventud se abarata

Jesús Rodríguez Requeijo observa al mundo laboral con la mirada de quien ha vivido décadas de lucha sindical y transformaciones profundas en las relaciones de trabajo. Desde esa perspectiva, señala que la edad se ha convertido en una frontera invisible pero efectiva. "A una persona de 55 años ya no le cogen porque es mayor, aunque sea un profesional", afirma, denunciando una discriminación que expulsa talento y conocimiento del mercado laboral.

Para Rodríguez, el problema no es técnico sino ideológico y económico. "Hoy no se valora la experiencia. Se valora lo que cuesta menos", resume, apuntando a una lógica empresarial que prioriza el ahorro inmediato por encima de la calidad y la estabilidad. Esa misma lógica es la que explica, a su juicio, la situación de los jóvenes, atrapados en un sistema que los necesita, pero no los protege.

El dirigente sindical está claro a la hora de describir esta realidad: "a los jóvenes se les paga menos ya veces se les exige más. Este es el sistema". Una dinámica que se traduce en prácticas cotidianas que normalizan la precariedad, como cuando “cogen a un chico joven y le pagan cuatro duros”. Ante el discurso dominante sobre el esfuerzo, Rodríguez desmonta el relato afirmando que "hoy se habla mucho de esfuerzo, pero el esfuerzo real lo hacen siempre los mismos, las personas humildes y trabajadoras".

La consecuencia es una generación que accede al trabajo sin derechos consolidados. "Un joven que entra a trabajar sin saber sus derechos, entra sin estabilidad y sin perspectiva de futuro", explica. Una de las expresiones más claras de esta explotación es el uso abusivo de becarios, puesto que "ahora se utilizan becarios que trabajan como cualquier otro trabajador, pero sin cobrar o cobrando muy poco, y esto es explotación".

Infancia, redes sociales y una nueva forma de explotación

Jesús Rodríguez Requeijo observa con una mezcla de indignación y preocupación un fenómeno cada vez más presente en las redes sociales: la utilización de menores como reclamo comercial por parte de las propias familias. Para él, no se trata de una moda inofensiva ni de un juego, sino de práctica grave. Lo expresa sin tapujos cuando afirma que “que una familia ponga a un niño de ocho o diez años a hacer TikToks anunciando cremas o ropa es una atrocidad”.

Rodríguez considera especialmente alarmante la exposición pública de criaturas tan pequeñas, sometidas a dinámicas adultas de consumo y apariencia. “Poner a niños tan pequeños a exponerse en las redes sociales, a pintarse, a vestirse para vender productos, es jugar con ellos”, alerta, subrayando que a menudo se banalizan los riesgos emocionales y psicológicos. En este sentido, insiste en que "esto es una forma de explotación infantil, aunque se disfrace de algo moderno o divertido".

A su juicio, el problema no es sólo económico, sino también ético. "Utilizan a los niños para ganar dinero o visibilidad, sin pensar en las consecuencias que esto tendrá para ellos", afirma. El resultado concluye, en una alteración prematura de la infancia, ya que “es cambiarle la vida a un niño por unos likes o por negocio, y eso no debería permitirse”.
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