Generación | Senior
Javier González Abad, director del Citilab:
Jordi Vizuete Valls
14 Enero 2026
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SeniorLab, una iniciativa impulsada por el Citilab de Cornellà, es un laboratorio comunitario pensado para que las personas seniors puedan investigar, aprender, experimentar y desarrollar proyectos propios en un entorno colaborativo. No se plantea como un aula clásica, sino como un ecosistema donde el conocimiento se construye de forma práctica y colectiva, y donde cada participante aporta su mochila vital para orientar procesos de creatividad tecnológica. Es un lugar en el que la digitalización deja de imponerse desde fuera y se convierte en un instrumento puesto al servicio de la curiosidad y la autonomía.
En este contexto, el director gerente del Citilab de Cornellà, Javier González Abad, conoce bien los retos que enfrenta a la población senior. Su trayectoria profesional ha estado marcada por la convicción de que la innovación no puede existir sin inclusión y que la tecnología tiene un deber moral: no dejar a nadie atrás. Con una experiencia vinculada a la gestión pública, la innovación social y la dinamización comunitaria, González Abad ha trabajado para consolidar el Lab como espacio abierto, participativo y radicalmente humanista. Él mismo resume el espíritu de su trabajo en una idea tan directa como necesaria: “Lo primero que hacemos desde Citilab es reconocer que todo el mundo tiene la capacidad de investigar e innovar más allá de la edad”.
Citilab, Cornella de Llobregat
Los mayores en el centro de la ciudad
Esta mirada es especialmente relevante en un momento en el que el edadismo se consolida como una de las formas de discriminación silenciosa de nuestra sociedad. Él mismo lo expresa sin rodeos: "Todo algún día afortunadamente llegaremos a ser seniors, pero desgraciadamente el colectivo ahora se encuentra con este concepto que se llama edadismo, que en esencia es discriminación".
Los datos lo corroboran y él los conoce de primera mano: infantilización en el trato, impaciencia, invisibilización y un miedo creciente que hace que muchas personas renuncien a actividades que les interesan para evitar prejuicios.
González Abad insiste en que la primera respuesta ante el edadismo es poner a las personas mayores en el centro: “Si queremos una sociedad empoderada, lo que debemos hacer es incluir, no excluir a la gente mayor a raíz de estereotipos y prejuicios”. Para él, el valor de un senior no es una cuestión estadística ni productiva; es una cuestión humana y moral: “Después de todas las experiencias vitales que han vivido las personas seniors, no se les puede infravalorar, sino animar a que participen”.
En este punto, el SeniorLab adquiere pleno sentido. Según explica, muchas personas que han vivido abruptas transiciones tecnológicas necesitan un espacio de aprendizaje digno y adaptado a su ritmo. No se trata sólo de enseñar a utilizar herramientas digitales, sino de reconstruir confianzas e impulsar proyectos que conecten con intereses reales. "Tenemos la obligación moral de adaptar los procesos de aprendizaje a las capacidades de cada persona, sobre todo en un mundo donde todo cambia muy deprisa", afirma. Por eso, el SeniorLab trabaja con una metodología basada en comunidades de práctica, donde el proyecto es la excusa y la tecnología, la herramienta.
"La motivación intrínseca o el interés de las personas seniors es la que es, y nosotros acompañamos las iniciativas que ellos lideran mediante un aprendizaje práctico y experiencial".
El director gerente alerta también del riesgo real de desigualdad digital, especialmente en aquellas generaciones que han tenido que dar en décadas un salto que los nativos digitales dan en meses. "Durante muchos años la sociedad ha vivido en una etapa analógica, pero ahora estamos en una disrupción muy fuerte en la que la tecnología tiene un impacto brutal".
Ante esta realidad, el SeniorLab no busca convertir a nadie en experto, sino ofrecer herramientas para que cada persona se sienta parte de la sociedad del conocimiento. “Lo que debemos conseguir es romper el miedo a afrontar la tecnología y lo digital”, sostiene.
Javier Gónzalez Abad, director del Citilab
“Lo que debemos conseguir es romper el miedo a afrontar la tecnología y lo digital”
El trabajo intergeneracional es otro punto clave. González Abad describe varios proyectos que han permitido unir experiencias y saberes distintos, desde videotutoriales sobre trámites digitales hasta la formación para entrenar inteligencias artificiales. En todos los casos, la colaboración fluye de forma orgánica: "Si una persona joven o senior tienen un conocimiento común y un proyecto en la cabeza, pueden hacer match".
El director gerente también subraya que estas iniciativas son posibles gracias al compromiso de las instituciones públicas. "Son posibles porque el sector público está empujando, como son el Ayuntamiento de Cornellà o el Área Metropolitana". Sin embargo, defiende la importancia de las alianzas con entidades, fundaciones o universidades: "La innovación no es sinónimo de individualismo".
Imatge del SéniorLab
Sobre el edadismo en los medios de comunicación, es prudente pero claro: “Los estereotipos, de forma consciente o inconsciente, puedes verlos… aunque cada vez esta percepción está cambiando más”. Admite que ha habido contenidos que hoy serían inaceptables, pero confía en un futuro que vaya "hacia mejor".
Al final, su discurso tiende hacia el legado generacional, un concepto que él reivindica con firmeza: "Los estereotipos duelen a un colectivo que podría darnos muchos consejos. Necesitamos como sociedad la madurez y la experiencia senior". Y añade: “Es una cuestión de legado… un legado que debe mantenerse, cuidarse y sobre todo respetar”.
González Abad ve esperanza en todas las generaciones y considera que tanto seniors como jóvenes comparten un mínimo común denominador: la voluntad de vivir con dignidad y contribuir a mejorar la sociedad. "Confío en los seniors y en la gente joven, en el humanismo de los valores", dice con una convicción que hace de síntesis final.
SeniorLab se presenta así como un modelo donde la tecnología ya no es un destino, sino un camino compartido. Un espacio en el que aprender, crear y colaborar vuelve a ser una experiencia humana antes que digital. Y, sobre todo, un recordatorio de que una sociedad que desprecia a sus seniors es una sociedad que se empequeñece. En cambio, una sociedad que les escucha, valora y hace protagonistas es una sociedad que se permite a sí misma un futuro más sabio.
Suran Vázquez: el papel invisible que hace posible el aprendizaje
En cualquier proceso de aprendizaje colectivo existen figuras que, sin ocupar titulares, sostienen la arquitectura del proyecto. En SeniorLab, esta figura tiene un nombre propio: Suren Vázquez, dinamizadora y formadora. Su tarea es tan discreta como imprescindible: conseguir que cada sesión sea un espacio de acompañamiento, escucha y motivación tecnológica para personas que buscan mantenerse activas en un mundo acelerado.
Suren Vázquez y una participante del SéniorLab
Vázquez coneix profundament la diversitat dels grups amb què treballa. “Ara tenim tres grups… els dos primers són d’uns vint participants i un altre amb nou integrants”, explica. Grups mixtos, amb dinàmiques pròpies i, fins i tot, amb noms triats per ells mateixos: Invictus, Cornellà Sàvia i les CiberMinervas. Cadascun d’aquests col·lectius té el seu ritme, la seva història i les seves expectatives, i la formadora és qui tradueix aquesta pluralitat en activitats que tinguin sentit per a tothom.
Ella admet que harmonitzar coneixements és un desafiament constant: “És complicat de gestionar perquè no tothom té els mateixos antecedents tecnològics”. Però en lloc de convertir aquesta diversitat en un obstacle, la transforma en motor: les sessions parteixen de “dinamitzar a partir d’allò que sap la persona i afegir un valor que desperti l’interès”. La clau és simple i potent: vincular la tecnologia amb la vida real.
El trabajo de Vázquez también trasciende el espacio presencial. Para aquellos que no pueden desplazarse, coordina una comunidad virtual con recursos, materiales y videotutoriales: "Tenemos una comunidad Classroom para aquellas personas que no se pueden movilizar… y yo me encargo de gestionarlo". De esta forma, el SeniorLab se mantiene vivo más allá de las sesiones semanales, y cada participante puede seguir explorando el mundo digital a su ritmo.
Su trabajo es, en definitiva, el de tejer confianza. Hacer que la tecnología deje de ser una amenaza y pase a ser una oportunidad. Hacer que cada persona sienta que es capaz. Y eso sólo lo consigue un perfil de formador que entiende que antes de enseñar es necesario escuchar, y antes de dinamizar es necesario reconocer las experiencias de quienes tiene delante.
Dos participantes del SéniorLab

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