Sin referentes del pasado agrícola
El cambio de paisaje que se pudo apreciar durante su charla ha sido radical: en 1958, L’Hospitalet contaba con más de 2.000 hectáreas de zona agrícola altamente fértil. Sin embargo, la llegada de oleadas migratorias, el crecimiento urbanístico desmesurado y la expansión de naves industriales han reducido este espacio a la mínima expresión, dejando a las generaciones actuales y futuras sin referentes de su pasado agrícola.
Ireneu Castillo explica que las masías no eran construcciones sin una finalidad concreta, sino que estas edificaciones históricas servían como centros de vigilancia y producción del campo, adaptadas al entorno. Debido al clima, las masías están orientadas al sur para maximizar la insolación, una herencia de la “Pequeña Edad de Hielo” —entre los siglos XIII y XIX—, cuando el clima era mucho más frío.
La jerarquía visual tenía una correlación entre el entorno y la construcción: los árboles grandes indicaban una masía de grandes dimensiones, mientras que los árboles pequeños correspondían a masías de una sola planta. El uso de vigas de madera era uno de los principales recursos constructivos por tratarse de un material económico, aunque entre los masos también se encuentran materiales como la piedra o la cerámica.