Un acto en Viladecans recupera el papel de militantes, parroquias y movimientos católicos en la resistencia antifranquista y la construcción democrática del Baix Llobregat. La democracia no llegó al Baix Llobregat desde los despachos institucionales. Antes de hacerse visible en las urnas, se había abierto paso durante años en las fábricas, las parroquias, las asociaciones vecinales y también en viviendas particulares que sirvieron como refugio y punto de encuentro de la oposición al franquismo. Una mesa redonda celebrada en Ca n’Amat, en Viladecans, ha recuperado ahora el papel que desempeñaron los cristianos progresistas en aquella lucha por las libertades y en la transformación social de la comarca. En la imagen que encabeza esta crónica, los participantes y el presidente del CECBLL posan para
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El encuentro ha reunido a activistas, religiosos y representantes del movimiento vecinal que participaron en la resistencia antifranquista y vivieron en primera persona el tránsito hacia la democracia. La sesión se enmarca en la decimotercera convocatoria de Investigación Colectiva impulsada por el Centre d’Estudis Comarcals del Baix Llobregat (CECBLL), titulada «1975. El Baix Llobregat», un proyecto que estudia la contribución de la comarca a la recuperación de las libertades durante el franquismo y la Transición.
La investigación está dirigida por el catedrático de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona Joan Botella, que no pudo asistir por motivos familiares de última hora, y está coordinada por la doctora en Historia Contemporánea Carme Sanmartí. El Centre d’Estudis Comarcals del Baix Llobregat (CECBLL) organiza el proyecto con el apoyo de la Generalitat, la Diputació de Barcelona, el Àrea Metropolitana de Barcelona y el Institut Ramon Muntaner.
La concejala de Medio Ambiente de Viladecans, Encarni García Jiménez, y el presidente del CECBLL, Jordi Sicart, abrieron el acto reivindicando precisamente esa democracia construida desde abajo. Entre los ejemplos apareció el de Antònia Donyate, conocida como «la madre», cuya casa se convirtió en lugar de reunión y refugio para personas vinculadas a la oposición. Allí se distribuía prensa del PSUC, se celebraban encuentros políticos y se acogía a jóvenes militantes.