-
Generación | Senior

Gumersindo Nuño, tesorero de la Asociación de Personas Mayores Esplai Montserrat de Sant Vicenç dels Horts: “La infancia fue muy difícil, porque pasamos mucha hambre y como nosotros había mucha gente”


Img Gumersindo Nuño, tesorero de la Asociación de Personas Mayores Esplai Montserrat de Sant Vicenç dels Horts: “La infancia fue muy difícil, porque pasamos mucha hambre y como nosotros había mucha gente”
Jordi Vizuete Valls
19 Enero 2026
Img Autor
Compartir Comparteix
Gumersindo Nuño, aunque todo el mundo le llama Nuño, nació en Santa Cruz de Mudela, en Ciudad Real. Llegó a Cataluña con cinco años y recuerda claramente la pobreza y las dificultades de ese período. Eran siete hermanos y, como dice él mismo, "pasamos mucha hambre". Sin embargo, guarda momentos positivos, como cuando el maestro insistía en que él tenía talento para estudiar matemáticas y le proponía a la familia que le pagaran una carrera. La respuesta siempre era la misma: no podían permitirse ni libros ni gastos.

Así que con doce años dejó la escuela y empezó a trabajar. Primero cargando grava en el río, después conduciendo un carro, y finalmente, con sólo catorce años, entró en un taller de tornería en Sant Vicenç dels Horts. Aquel oficio ya no le abandonaría nunca más. "Ha sido un oficio duro y complicado", reconoce, "pero ha sido toda mi vida".
"San Vicente ha cambiado mucho: antes tenía mala fama, ahora es un pueblo tranquilo"
Durante décadas combinó el trabajo de tornero con tareas de electricista de forma autónoma. Lo explica sin dramatismos ni orgullo exagerado: simplemente era lo que había que hacer. Su vida laboral iba mucho más allá del horario oficial. De hecho, dice que a menudo plegaba a las cinco de la tarde y seguía trabajando hasta tarde por encargos particulares.

Una de las experiencias que recuerda con mayor detalle es la mili. Por sus habilidades con los números, le pusieron a gestionar la cantina y la contabilidad. Cuenta que “nunca robé un duro”, pero que entre propinas y pedidos pudo ahorrar dinero. Cuando habla, hay humor y orgullo, pero sobre todo conciencia de lo que representaba tener recursos en esa etapa de la vida.

Hoy, a sus 83 años, aún no ha dejado de implicarse en la comunidad. Es tesorero de la Asociación de Personas Mayores Esplai Montserrat y de Vicentina, y sigue ayudando con asuntos de electricidad cuando es necesario. A quien le pregunta por qué sigue trabajando, responde con una pregunta sencilla: "¿Qué debo hacer en casa?". Para él, la jubilación no es dejar de hacer sino redirigir el esfuerzo hacia lo que tiene sentido.
Gumersindo Nuño de joven
"Los abuelos para los nietos somos referentes, aunque les hacemos una rega de vez en cuando"
Hoy, a sus 83 años, aún no ha dejado de implicarse en la comunidad. Es tesorero de la Asociación de Personas Mayores Esplai Montserrat y de Vicentina, y sigue ayudando con asuntos de electricidad cuando es necesario. A quien le pregunta por qué sigue trabajando, responde con una pregunta sencilla: "¿Qué debo hacer en casa?". Para él, la jubilación no es dejar de hacer sino redirigir el esfuerzo hacia lo que tiene sentido.

Su mirada sobre el edadismo es matizada. No siente que personalmente haya sido tratado de forma injusta por la edad, pero reconoce que existen situaciones en las que las personas mayores son tratadas como si no fueran capaces. Dice que el problema no es la tecnología en sí, sino el ritmo con el que se ha impuesto: "No es que no lo entendamos, es que a veces no nos dan tiempo".

Cuando habla de los jóvenes también evita estereotipos. Para él, la clave es el mutuo respeto y el modelo familiar. “Mis nietos nos quieren muchísimo”, dice, y lo achaca al hecho de haber mantenido un vínculo activo y presente con la familia.

Si pudiera volver a su yo adolescente, sólo añadiría un elemento: estudio. Reconoce que le hubiera gustado tener una carrera no lo dice con amargura, sino como quien reconoce una ventana que no pudo abrir. Sin embargo, afirma que ha sido un hombre feliz y que el trabajo le ha dado estabilidad, identidad y red social.
nom

Un pueblo hecho de personas, no de estereotipos

A pesar de haber vivido trayectorias diferentes, Amparo y Nuño coinciden en un punto muy claro: no se puede juzgar a una generación, ni a una comunidad, por cuatro personas desagradecidas o maleducadas. Tanto ella como él rechazan los tópicos sobre juventud, inmigración o vejez, y defienden que cada persona tiene su propia historia y su propio camino.

También recuerdan que, años atrás, Sant Vicenç dels Horts tenía mala fama. Cuentan que había bares conflictivos, grupos de jóvenes problemáticos y una imagen exterior que no ayudaba. Pero eso dicen, ya ocurre. Ahora sólo queda “el rastro”, esa influencia residual que todavía puede hacer aparecer alguna manzana podrida o alguna “oveja negra”.

Pero ellos lo tienen claro: el municipio de hoy es un pueblo de gente honesta, trabajadora y orgullosa de lo construido. Tanto Amparo como Nuño aseguran que aquí han encontrado lugar, comunidad y reconocimiento. Y cuando se les pregunta qué significa Sant Vicenç dels Horts para ellos, la respuesta es sencilla y contundente: Estamos felices aquí.
Volver al listado Volver al listado
Next Llobregat

Utilizamos cookies propias y de terceros para finalidades analíticas y técnicas, tratando datos necesarios para la elaboración de perfiles basados en tus hábitos de navegación. Puedes obtener más información y configurar tus preferencias desde 'Configuración de cookies'.

 

Configuración de cookies