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Warning: Trying to access array offset on null in /var/www/html/nextllobregat/root/noticia.php on line 198 Generación del autorretrato - Next LLobregat
En el momento en que un adolescente se toma una fotografía frente al espejo revela una época en la que hay que comprender el propio cuerpo, juzgarse desde el exterior, identificarse con el propio reflejo.
El feed de Tik Tok o Instagram es el álbum de fotos, de la vida propia de la gran mayoría de los jóvenes. Y la galería de imágenes del móvil son sus recuerdos. Ya no se consultan los álbumes familiares más que para recordar a los ancestros. Ahora documentamos el presente con el teléfono para recordarlo y, así, queda transformado repentinamente en el inminente pasado.
El sociólogo Nathan Jurgenson señala: "nuestra visión documental contemporánea sitúa el presente como un futuro pasado potencial, creando una nostalgia por aquí y ahora". Como si documentar, tomar fotos de nuestra vida diaria, con la idea de compartirla y/o recordarla, convirtiera lo que vivimos rápidamente en pasado. La vida se experimenta como algo cada vez más documentable, y quizás también se experimenta al servicio de su documentación, siempre pensando en el nuevo público accesible”.
La adolescencia, que se prolonga durante toda la juventud vital, es una época de mirarse mucho en el espejo. Muchas de esas veces, para hacerse una fotografía, más allá del selfie donde se incurre en todas las edades, unos más que otros. Según los psicólogos, en el momento en que un adolescente se toma una fotografía frente al espejo revela una época en la que hay que comprender el propio cuerpo, juzgarse desde el exterior, identificarse con el propio reflejo.
"Estamos completamente supongo al reflejo inerte que nos devuelve el espejo, al reflejo vivo que intentamos leer a los ojos de los demás. Velamos por la aparición de nosotros mismos de acuerdo con una imagen ideal", explica la psicoanalista Françoise Dalto. Por tanto, la atracción por el espejo no es sólo una cuestión de apariencia, donde sólo se recurriría a una mirada crítica ya la mirada prestada al otro, sino también de autorreconocimiento. “Ante los cambios corporales que trastornan la apariencia, tan sorprendente es seguir reconociéndose en la misma imagen como preguntarse si se trata siempre de la misma persona”, señala la psiquiatra Sandrine Calmettes-Jean.
Durante este período del autorretrato en el espejo, por primera vez, también se tiene en cuenta la irreversibilidad del tiempo, la imposibilidad de retroceder. Mirar el reflejo, observar la pérdida del cuerpo infantil, es en cierto modo necesario para poder crecer y construir la propia identidad futura. El tiempo de la adolescencia profundiza definitivamente en “esta brecha de uno mismo a uno mismo, entre lo que uno era y lo que se está convirtiendo”, añade Dalto.
A menudo, los adolescentes se retratan en el espejo por puro aburrimiento, pero también porque se ven guapos/as en su reflejo. Al menos, más bonita o bonito que en las fotos que le suelen hacer sus piedras. La imagen propia suele ser un asunto tan delicado e importante durante el período de la adolescencia que no suele permitirse que te fotografíe a nadie más que tú mismo/a. Vergüenza y dolor a la hora de pensar en la idea de que el propio cuerpo abandone la infancia. No se suele querer que otros centren su atención en ti para tomarte una fotografía.
Sin embargo, la imagen reflejada por el espejo dista de ser idéntica a la imagen que los demás tienen de nosotros: el espejo invierte la derecha y la izquierda en torno a un eje vertical de simetría, y sabemos que la “imagen” que los demás tienen de nosotros no es la misma que la imagen que el espejo refleja. Desde que somos niños, y nos identificamos con la imagen que tenemos de nosotros mismos en el espejo, “éste constituye nada menos que algo así como un lugar de encuentro de puntoso de vista, un lugar de acomodación en el limpio que le da la óptica, un lugar de exterioridad relativa donde el sujeto intenta agarrarse global en uno entre sí y otro”, explica Cal.
La adolescencia, entonces, no puede dejar de confiar en el espejo, utilizando un aparato como el móvil para fotografiarse. Ese instrumento que es su confidente, su amigo silencioso que le devuelve una imagen de sí mismo que reconoce, donde se esfuerza por identificarse entre todos los cambios corporales y psicológicos.
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