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Generación Artificial: ¿Nihilistas o humanistas?


Img Generación Artificial: ¿Nihilistas o humanistas?
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23 Enero 2026
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A la mayoría de los jóvenes entrevistados les cuesta verse en el futuro, porque "me cuesta hacerlo en una semana", dice Albert. Esperan que cerca de casa, con los suyos, y trabajando de lo que más les gusta. De momento, en las materias que han estudiado y creen los dedos para que pueda seguir creciendo en los ámbitos personal y profesional. A su yo del año 2050 le dirían que quieren llegar en su mejor versión en ambos aspectos y que lucharán por conseguirlo. Reconocen que la opinión pública les afectaba antes mucho más que ahora. Antes, cuando eran adolescentes, cualquier comentario en las redes sociales que fuera negativo, lo pasaban bastante mal. Y ahora intentan relativizarlo. Empiezan a estar tranquilos sabiendo que dan su máximo y que trabajan de forma honesta.

Casi todos los jóvenes de Hospitalet y Baix Llobregat apagan el móvil o desconectan de las redes sociales mucho menos de lo que les gustaría. Algunos, por su trabajo de periodistas, se ven obligados a estar conectados permanentemente a lo que ocurre en el mundo. Por lo menos así es como se toman su profesión. Y en ese sentido, las redes sociales son la vía más directa de acceso a la información. Por tanto, ni apagan nunca el móvil ni acaban de desconectar de las redes sociales. A la pregunta si opinan que las redes sociales son la actual heroína (droga dura) que crea dependencia, también la mayoría intuye que existen drogas mucho más duras, perjudiciales y dependientes. Pero sí, están de acuerdo en que muchos viven enganchados a las redes y que eso no les hace ningún bien. Dicho esto, consideran que no todo lo que ofrecen las redes sociales es negativo. Ni mucho menos. Defienden que es necesario encontrar el equilibrio y ser capaces de desconectar de vez en cuando. Cuando no eres capaz de encontrar estos espacios, entonces es el momento de buscar ayuda para no acabar enfermo.

Amenazas y retos de una nueva civilización

Utilizar las redes con cabeza supone una gran palanca de cambio, reconocen todos los jóvenes entrevistados en la segunda parte de este Anuario 2024 que lleva por título Defendemos el futuro. Seguro que el lector de estas líneas conoce alguno de los riesgos de la adicción en las redes sociales como los retos virales que han provocado la muerte de muchos adolescentes, acoso, noticias falsas o fake news y discursos de odio. En uno de los apartados de este capítulo se habla de estos riesgos. Y también que el feed de Tik Tok o de Instagram es el álbum de fotos, de la vida propia de la gran mayoría de los jóvenes. Y la galería de imágenes del móvil son sus recuerdos. Ahora documentan el presente con el teléfono para recordarlo y, así, queda transformado repentinamente en el inminente pasado. También hay que tener constancia de que si Internet fuera un país, sería el sexto que más contaminación emite del mundo, y que existe una amenaza silenciosa que afecta a nuestro entorno ya nuestra calidad de vida: la contaminación digital; y aunque no percibimos sus efectos de forma inmediata, su impacto es innegable.

Muchos son los intelectuales que piensan que estamos a las puertas de un apocalipsis digital con la irrupción de la inteligencia artificial. Se preguntan si perderá sentido o será sustituida o abolida definitivamente nuestra herencia espiritual acumulada a lo largo de milenios. ¿Estamos al final de nuestra civilización y desconocemos cómo será la que venga, así como el papel que tendremos? ¿Nos conducen las nuevas tecnologías, los algoritmos y la inteligencia artificial a una especie de estado policial en el que todos formaremos parte de una gran mente colectiva? ¿Dejaremos de actuar como individuos responsables y libres, esclavizados y vigilados por aparatos sin los cuales ya no podremos vivir?

Soberbia tecnológica y capitalismo de vigilancia

Para el escritor, profesor y humanista César Antonio Molina, los mayores desafíos contemporáneos no provienen únicamente de las graves crisis ambientales, las amenazas de las guerras nucleares o las oleadas de renovados autoritarismos. Hay otro añadido que pone en grave riesgo existencial a la humanidad: la soberbia científica y el, hasta ahora, incontrolable desarrollo tecnológico en manos privadas desaprensivas en esta evolución del capitalismo de datos en el que los usuarios de las plataformas y redes que pueden utilizarse de forma gratuita, pagan con sus datos, de forma que las personas somos las mercancías.

El economista de Harvard Shoshana Zuboff ha puesto nombre a la era dominada por el negocio de las tecnologías digitales. La destacada analista de la modernidad digital ha publicado su nuevo libro definido la era del capitalismo de vigilancia, donde plantea la cuestión de sí en el mundo de los gigantes tecnológicos y las máquinas inteligentes sigue quedando lugar para la naturaleza humana. Zuboff afirma que el capitalismo industrial destruye el planeta y el de vigilancia destruye la naturaleza humana. El capitalismo de vigilancia se basa en el expolio de las personas a partir de sus datos y ella cree que si no ponemos freno, acabará por destruir la naturaleza íntima del ser humano.

¿Qué hacer con los humanos en la era de la IA?

Hay muchas más preguntas: ¿estamos preparados para sobrevivir a la mayor revolución tecnológica de la historia? ¿Qué hacemos con los humanos? ¿Cómo preservar nuestra civilización, nuestra cultura, nuestras democracias, nuestras libertades y nuestro espíritu crítico? ¿Cómo conciliar que el ser humano siga siendo la medida de todas las cosas si las máquinas, que son cosas, pasan a ocupar la centralidad de la civilización artificial?

El sueño utópico de la ciencia, imitar al cerebro humano sin sus imperfecciones, y la vertiginosa aceleración de la IA, nos conducen sin remedio hacia una "civilización artificial" en la que cohabitarán seres humanos y máquinas. Ésta es la principal conclusión del próximo libro de José María Lassalle con el mismo título. Incisivo, aunque esperanzador, Lassalle analiza las consecuencias culturales, geopolíticas y filosóficas de este fenómeno. Las dos superpotencias que se disputan la hegemonía planetaria, EEUU y China, buscan conseguirla a través de una IA que proporcione armas más mortíferas, empresas más competitivas y gobiernos que ejerzan un mayor control social. Mientras, Europa busca una alternativa más humanista: una IA amigable que reserve a los seres humanos un rol decisorio y decisivo.

El nihilismo cala entre los jóvenes

El presente y más el futuro tiene el reto del nihilismo ahora que ha llegado a su consumo digital. Desnuda de sentido y propósito, la técnica es hoy una experiencia básicamente nihilista para muchos autores y filósofos. La técnica como voluntad de poder incesante que incrementa su capacidad de provocar cambios sin propósito. Lo demuestra su criatura más perfecta: la inteligencia artificial (IA).

El nihilismo, la doctrina filosófica que considera que al final todo se reduce a la nada y, como consecuencia, nada tiene sentido, cala entre las nuevas generaciones, que suelen rechazar todos los principios religiosos, morales y de conocimiento porque se fundamentan en que no aceptan ninguna autoridad o principio como la fe y no existe una deidad, porque la naturaleza y el suyo sufrimiento. No existen verdades absolutas para los nihilistas y la realidad parece siempre aparente. Por eso, la vida no tiene significado objetivo, propósito o valores intrínsecos por éstos. Es un pensamiento que parece de crítica social, política y cultural a los valores, costumbres y creencias de una sociedad en la medida en que éstas participan del sentido de la vida, negado por los nihilistas. Por eso, son partidarios de las ideas vitalistas y lúdicas, de deshacerse de todas las ideas preconcebidas para dar paso a una vida con opciones abiertas de realización, una existencia que no gire en torno a cosas inexistentes.

Nacida hace siete décadas de la terquedad utópica de la ciencia moderna de imitar la inteligencia humana, la inteligencia artificial sólo quiere superarla desprovista de sus defectos. Tanto que ahora corre descontrolada ya velocidad de vértigo hacia la meta de una conciencia que la hará creerse perfecta, diagnostica Lassalle. En efecto, parece que la humanidad camine hacia una civilización artificial en la que convivirán humanos y máquinas, aunque no saben de qué forma y cómo. En cualquier caso, el desenlace dependerá de los alcanos de las capacidades cognitivas de una IA que superará al cerebro humano. Esto nos obligará a determinar dónde descansará el valor práctico de los humanos y qué trabajo realizaremos en colaboración con las máquinas.

Factor de desestabilización

Uno de los problemas radica en los tecnólogos, que empujan como expertos que sólo deben proponerse avances para llevar las cosas más lejos, y unas nuevas generaciones que adoptan todas las ofertas tecnológicas. El progreso de la IA siembra peligros. Y tan sólo una mirada basada en la prudencia de educarse en la duda que aporta el humanismo podrá neutralizarlo, afirma Lassalle.

Estamos abriendo las puertas de una IA general y generativa que desarrolle multitareas que sacarán al ser humano la capacidad de hacerlas. Pocos jóvenes saben realizar simples operaciones como sumar o restar sin ayuda de la calculadora del móvil. El fin del cálculo mental precedió al fracaso de la comprensión lectora que certifica el último informe PISA. Esto ya es un hecho. Será la IA un factor que desestabilizará nuestras sociedades y para lo que no tenemos gobernanza política.

Expertos como José María Lassalle, que ha trabajado el humanismo tecnológico, ven que vendrá pronto el mayor problema, cuando la IA dé un segundo paso, se haga fuerte y desarrolle estados mentales que establecerán una relación de alteridad, de otretado, de tú a tú con el ser humano.

Barcelona es una oportunidad para plantear estos desafíos. La entidad público-privada española Digital Future Society pretende aprovechar el Congreso Mundial de Móviles (MWC) en Barcelona para organizar un foro paralelo de debate especializado. También Barcelona acoge el Foro del Humanismo Tecnológico de Esade que dirige José María Lasalle, un foro desde donde se ve necesario examinar la revolución digital mediante una agenda humanizadora y ética que promueva una estrategia pública de regulación, asentada sobre un relato humanista que devuelva a las personas la centralidad perdida frente a la tecnología y el bienestar de los seres humanos.

Han venido para quedarse

Ahora se está ensayando masivamente a través de los videojuegos, pero pronto pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana. El metaverso nos llevará más allá de nuestras fronteras tangibles, físicas, conocidas, será una de las más habituales tecnologías posthumanas.

El Chat GPT y el Chat GPT Plus son un desarrollo de la inteligencia artificial. Hace cualquier trabajo que se le solicite: estudios, investigaciones, mantiene conversaciones, responde a preguntas. Almacena grandes cantidades de textos para realizar tareas relacionadas con el lenguaje, desde la traducción a la creación de textos. Esta inteligencia artificial es tan poderosa y capaz de generar respuestas completas e informadas que podría terminar con Google y otros buscadores. Si durante siglos no hubo duda de la autoría de los grandes creadores, hoy en día existen muchas dudas sobre quienes escriben: ¿humanos o máquinas?

Google ha arrojado una inteligencia artificial que es capaz de programar como un humano. Alpha Code es tan buena como sería un programador medio. Alpha Code resolvió problemas de lenguaje natural jamás vistos antes mediante la predicción iterativa de segmentos de código basados ​​en el segmento anterior y generando millones de posibles soluciones candidatas.
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