Gastronomía al lado de casa: 10 mesas imprescindibles en el sur de Barcelona
Flavia Monasterio
19 Enero 2026
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El Baix Llobregat es una de las comarcas más diversas y dinámicas del área metropolitana ya pocos kilómetros de Barcelona. Es un territorio con una riqueza culinaria, cultural y social que, sin embargo, puede pasar desapercibida. Trabajando a través de la gran huerta del Parc Agrari, que proporciona productos de proximidad y de gran calidad, estas 10 mesas -o restaurantes- son espacios donde se cruzan historias, sabores y tradiciones que son un reflejo vivo de la esencia de la comarca.
La cocina del Baix Llobregat es territorio, memoria y producto de proximidad.
Marimorena, innovación de km 0
Marimorena es un restaurante que evoca la sensación de estar como en casa. Podrás disfrutar de una buena comida hecha con productos locales y situada en una zona muy rica a nivel de producción de verdura y carnes, donde la alcachofa es el producto estrella. Su carta tiene una oferta gastronómica tradicional con algo de innovación, con el fin de adaptarse al público desde su propio gusto con una base de productos de proximidad.
El propietario y chef de Marimorena, Albert Mendiola, ha creado un “sushi catalán” con arroz cultivado en el Delta del Ebro y pan con tomate. "Siempre intento, cuando uso técnicas de otras cocinas, que el producto sea muy local", afirma. El carpaccio de huevos fritos es exquisito y es el plato referente del restaurante, compuesto por una cama de huevos crudos, piñones encima y gambas alrededor. El Baix está totalmente presente en la identidad del restaurante, ya que Albert Mendiola nació y vivió toda su vida en Sant Boi de Llobregat.
Mendiola fue premiado por el galardón Cocinero del Año 2017. Su estilo culinario, como describe, es “la cocina de la abuela con la mirada del nieto”. Ha tenido un fuerte referente en su madre, que fue su mejor maestra desde pequeño, lo que se refleja en la comida y el ambiente familiar y cálido del local. Mantiene los pies en el suelo a la hora de gestionar sus logros y ha creado un equipo de trabajo que fluye con buena comunicación, lo que da paso a tener un trato agradable con los clientes. Él afirma: “Seguimos creyendo en la cocina de aquí, que hacemos con cariño y con la experiencia de hace 30 años, y con un equipo que lo hace con todo el amor".
La creatividad también puede ser local y arraigada en el producto.
Atrévete, arroces con sello social
Atrévete, situado en Sant Boi de Llobregat, nació de forma espontánea para incentivar a salir de la zona de confort y con una nueva oferta gastronómica especializada en arroces y gambas. Giovanna Aldunate y Rogelio Ordóñez abrieron este restaurante muy cerca del Parque Agrario del Baix Llobregat, puesto que los productos de proximidad juegan un gran papel en su carta. Ofrecen una calidad de cocina tradicional que juega con la creatividad para ofrecer una experiencia que estimula los sentidos.
Giovanna Aldunate (izquierda) i Rogelio Ordóñez (derecha), propietarios de Atrévete
La gastronomía también puede ser una herramienta de compromiso social.
Por otra parte, Giovanna y Rogelio hacen que Atrévete sea una empresa consciente de la realidad social a partir de colaboraciones con varios colectivos y minorías, así como el patrocinio de cenas a deportistas y actores. También han sido ganadores del Premio Oscar Manresa en un concurso de paellas solidario en la Rambla, organizado por la Fundación Esclerosis Múltiple (FEM), y en el restaurante tienen espacios adaptados para personas con discapacidad para asegurar que la experiencia de todos los clientes sea la mejor posible.
El Palau Vell, encanto de la cocina de siempre
de la Barca es parte del encanto del Palau Vell. Antany era una casa de veraneo, pero ahora se ha convertido en un restaurante de dos pisos donde caben 175 personas y con salones privados para eventos. También se han empezado a celebrar tardes durante la temporada de verano, al aire libre y con música en vivo en la terraza del local.
El plato estrella del Palau Vell es el bacalao, elaborado y preparado con diferentes productos, como por ejemplo la alcachofa. De hecho, tienen 365 recetas distintas de bacalao, una para cada día del año. En verano, las cerezas y los calçots son los productos predominantes, aunque la carta va cambiando a lo largo del año, dependiendo de la temporada y los productos.
Durante unos años, el restaurante había pasado a la cocina de estrella Michelin, con mucha fusión de esferificaciones y espumas, pero se dieron cuenta de que sus clientes lo que más disfrutan es la cocina tradicional, a fuego lento ya través del producto local. De esta forma, la cocina del Palau Vell se basa en recetas de siempre pero con una propuesta moderna y actualizada al día de hoy. Por ejemplo, los canelones de sepia o las chips de berenjena con miel de caña son exquisitas en el paladar, además de un servicio al cliente de 5 estrellas.
Josep Martín Canals, chef i propietario del restauranten Palau Vell
A sus 26 años, Josep Martín Canals dio vida a este espacio porque sabía que le apasionaba mucho la cocina después de haber trabajado varios años en otro restaurante con su padre. Gracias a esa experiencia, se animó a abrir su propio local. Su referente siempre fue y será su padre, quien le enseñó todo lo que sabe. "Ha habido otras personas que me han enseñado la base de la cocina, pero realmente quien me inculcó la hostelería y la manera de trabajar fueron mi padre y mi madre, cada uno a su manera", explica Josep.
Desde el principio, el chef decidió que, al menos, un 30% de la carta debía incluir el producto de proximidad. Empezó a trabajar con un equipo de sólo 4 personas, y a día de hoy ya son 14 las que forman parte desde hace 20 años, desarrollándose a medida que el restaurante evolucionaba. “Hemos ido creciendo poco a poco, pero con buena calidad”, asevera Josep.
Una de las terrazas exteriores del Palau Vell, donde se puede disfrutar del ambiente y su cocina
Rústico, creatividad mediterranea
Tal y como su nombre indica, este restaurante tiene un ambiente rústico y acogedor. El propietario y chef, Virgilio Contero, proviene de tres generaciones de hosteleros y gracias a su padre decidió abrir Rústico, transformando el local -que antes era un bar- en un restaurante. Siempre ha sido un chef vanguardista, aunque no ha dejado a un lado el toque clásico, creando una cocina mediterránea moderna. Para crear nuevos platos, se inspira en el mismo producto, jugando mucho con las formas. “Veo una pelota esférica y pienso en hacer una pasta que simule esta forma”, comenta Virgili.
Desde Rústic se trabaja con dos productos icónicos de El Prat: el pollo Pota Blava y la alcachofa. De cara al verano se ofrece una variedad de especialidades, como chuletones madurados o gazpacho de melón. "Combinamos mucho sabores y el cliente lo aprecia", asegura Virgili. “Somos un restaurante con pasión y cariño, que damos a nuestra cocina, siempre con ánimos de seguir creciendo”.
Preparación de hojaldre con ahumados y alioli de remolacha del restaurante Rústic
Cal Mingo, explosión de sabores
Ubicado en Viladecans, este pintoresco restaurante proporciona una experiencia cercana y familiar, pero a la vez profesional. El producto de proximidad es un sello de identidad en su carta, haciendo uso especialmente del tomate o espárragos. "Es una muestra de concienciación de la riqueza dentro de tu propio territorio. El transporte es mucho menor y el grado de frescura mucho mayor, lo que te da un producto de alta calidad para trabajarlo", comenta Mingo Morilla, el propietario y chef. Empleando una cocina adaptativa, hace un mix de cocina tradicional y moderna. Mezcla sabores y fusiona colores en función del paladar mental. Por ejemplo, una tarta de foie de calabaza o unos canelones servidos de manera vertical y sin salsa bechamel, pero con un foie con bacon y queso.
Morilla empezó dedicándose a la cocina por necesidad, después de que su padre cayera enfermo cuando él tenía 15 años. Y a los 25, abrió Cal Mingo en el Baix Llobregat. Es su territorio, donde se encuentra su familia y donde se le dio la oportunidad de ejercer como propietario y cocinero. Su familia siempre cocinaba en casa y desde su infancia recuerda cómo su madre le mostraba el aprovechamiento de la comida. De hecho, le sorprende que a día de hoy haya tanto desperdicio y ha transferido esta filosofía a su restaurante, para no tirar la comida sobrante y practicar siempre la sostenibilidad.
Por otra parte, la relación con sus clientes ha aportado mucha calidad humana al restaurante, dado que la mayoría ya son amigos. "Yo tengo muchos títulos, Presidente del Gremio y otras cosas -dice Morilla-, pero soy lo que soy porque soy cocinero."
Fricandó de gambas con setas de estepa
9Cèntric, calidad y firma sostenible
En 9Cèntric valoran profundamente la calidad y frescura de los productos de proximidad que les proporciona el Baix Llobregat. El restaurante es conocido por sus arroces y pollo Pota Blava, que son los productos emblemáticos de El Prat. En verano, el producto de temporada es el tomate, y en 9Cèntric aprovechan para elaborar platos de tomates con diferentes texturas. Es una “cocina casera catalana” adaptada al momento contemporáneo. Por ejemplo, ofrecen unas gyozas, que es un plato producto de una técnica asiática, pero rellenas de Pota Blava.
José Luis Pol, el chef de 9Cèntric con productos de proximidad del Parque Agrario del Baix Llobregat
Los tres socios del restaurante, Sergi Bonillo, José Luis Pol y Daniel Cabedo, ya contaban con una empresa de hostelería cuando decidieron abrir 9Cèntric como reto personal y poder desarrollar un concepto que ya tenían muy integrado, que era la sostenibilidad, igualdad y gastronomía de km 0, para tener posicionamiento local. Con la certificación Biosphere, que trabaja con el concepto de turismo sostenible, incorporan la sostenibilidad medioambiental, social y económica en su día a día en el restaurante.
El local tiene también una terraza exterior que los propietarios aprovechan para organizar tardeos y darle este ambiente juvenil a 9Cèntric. Dependiendo del día y el horario se adaptan a la tipología de cliente, modelando la carta y el menú diario. Es, en conjunto, una propuesta gastronómica de territorio y para el municipio, que ofrece accesibilidad y calidad.
Cal Sagristà, tradición con pasión
Cal Sagristà es una empresa familiar que nació en 1954 como una bodega de vinos y que fue transformándose en un restaurante. El propietario actual, Josep Sagristà, tuvo claro desde pequeño que quería continuar con el legado de su madre, y ahora lo comparte con su mujer, Sonia Mallol. La mayoría de la clientela del restaurante es habitual y ellos conocen sus nombres, gustos y preferencias, lo que crea un ambiente familiar y personalizado.
La suya es una cocina casera y totalmente tradicional que tiene como sello de identidad el estar en el Baix Llobregat. Durante la temporada de verano, el producto estrella es el mirabolà, que se emplea para hacer mermelada y asados, así como también lo es el melocotón para el postre. En este sentido, Josep espera que algún día la gente del territorio sea consciente del tipo de productos que hay en el Baix Llobregat y no los desprecien, ya que éstos siempre han sido la base que le ha permitido elaborar platos de calidad.
La cocina de siempre sigue viva cuando se adapta sin perder la esencia.
Su plato típico de canelones, elaborado con carne, salsa bechamel y queso holandés, crea una consistencia gustosa en el paladar que te da la sensación de estar degustando un plato hecho por tu madre o tu abuela. Una cocina que te transporta a tu infancia, hecha con amor y gusto. "He comido bien, he estado a gusto y volveré. Creo que estas son las tres frases fundamentales con las que espero que se queden los clientes", explica Sagristà.
Josep Sagristà prepara sus icónicos canelones en Cal Sagistrà
4 Canyes, apreciar la comida de temporada
Situado en El Papiol, 4 Cañas tiene un ambiente más campestre, rodeado de flores y huertas donde también cultivan algunos de sus productos. Es un restaurante muy espacioso, con varias mesas exteriores para disfrutar de la naturaleza, e incluye un salón para eventos de estilo rústico, donde se puede dar servicio a 18 personas.
Jesus Navarro, principalmente arquitecto, es el propietario que decidió abrir este restaurante hace 11 años, después de formar parte de una escuela de hostelería. Los inicios fueron difíciles y sufrió malas experiencias con el personal, pero hace dos años que formó un equipo con el que está contento y trabaja a gusto.Su chef, Sergio Serrano, realiza una cocina tradicional mediterránea y elaborada al momento.
Aunque ha cocinado todo tipo de comidas, desde la cocina catalana hasta la griega, sus platos icónicos son las sartenes y los guisos. Además, utiliza el concepto de platos de temporada, creando comidas con el producto como base. En 4 Cañas, trabaja con un buen equipo de cocina que fluye bastante bien y que dedica tiempo y pasión a la profesión. Pero lo que espera es que a través de su cocina los clientes puedan retroceder a alguna comida de su infancia, y que se marchen del restaurante pensando que han disfrutado de la experiencia.
Mirador de Sant Just, panorámico y gustativo
Con una vista panorámica ya 30 metros de altura sobre el suelo, el restaurante del Mirador de Sant Just ofrece una cocina gustativa enfocándose en platos que incorporan alimentos como la cereza, la alcachofa y el tomate. Su propietario y chef, Joan Mascaró, abrió el restaurante siendo muy joven, a los 23 años, por lo que tuvo que enfrentar muchos tropiezos. Sin embargo, formó parte de la red de restaurantes del Parque Agrario del Baix Llobregat - Sabors de l'Horta desde sus inicios, cuando sólo eran 9 restaurantes los que se habían adherido. "Los productos del Parc Agrari ocupan un lugar muy importante a la carta. Es una gran ayuda", defiende Joan. Sin perder la base de su estilo culinario, en el Mirador de Sant Just la cocina va adaptándose a los cambios de lo que la clientela busca.
Vista desde el interior del restaurante el Mirador de Sant Just con vistas al municipio de Sant Just Desvern
El edificio donde se ubica el restaurante, inspirado en formas circulares, es bastante singular, ya que antaño era una vieja fábrica de cemento. Y a su lado está situado el Walden 7, un edificio emblemático de la arquitectura brutalista. El espacio del Mirador de Sant Just dispone de tres niveles: el primero ofrece un music club donde se celebran fiestas, el segundo está destinado al restaurante, y el tercero es un mirador en el que se puede disfrutar de unas impresionantes vistas del municipio de Sant Just Desvern.

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