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Enrique Arnanz Villalta, filósofo y sociólogo: "La verdadera felicidad es dar sentido y rumbo a la vida y no dejar que nadie te lo arrebate"


Img Enrique Arnanz Villalta, filósofo y sociólogo:
Next Llobregat
20 Enero 2026
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Enrique Arnanz Villalta confiesa tener una sensación extraña cuando se le brinda la oportunidad de reflexionar cómo ser mayores en el siglo XXI. Se trata de una reflexión temática razonable y vital, que "lo que la vive la entiende y lo que no, difícilmente lo comprende". Reconoce que, en su caso, esta reflexión le ha obligado a realizar un viaje interior, porque "cada uno es dueño de su identidad, de su sensibilidad y de su destino". Mientras pronuncia estas palabras, los miembros del Consejo Consultivo de las Personas Mayores del Baix Llobregat le escuchan con atenta mirada durante la celebración del 30 aniversario de la constitución de este organismo pionero en el país.

El filósofo, tras subrayar que el Baix Llobregat es la comarca de Cataluña "donde mejor funciona el movimiento de las personas mayores", pone de ejemplo este fenómeno para "significar que el tercer sector es un sujeto político imprescindible. Las palabras de Arnanz no tienen el cariz académico de los grandes discursos. Su planteamiento es sencillo: parte de "pasar un rato amigable.

Evidencias innegables

No se trata, por tanto, de un análisis conceptual, sino de una charla “desde el vivido, la pulsión vital para vivir intensamente el tiempo que queda y el despertar cada mañana”. Para evitar dispersiones, Villalta se centra en tres evidencias imposibles de negar ni desconocer. La primera, que "sencillamente somos mayores, y para los jóvenes somos ya viejos y viejas". Biológicamente, a partir de 70 años se produce pérdida de lo que denomina “capital vital y también un lento colapso de los sentidos”. Esto se nota al levantarse con molestias y dolores y comprobar la mochila de medicación diaria imprescindible, sobre todo ante situaciones crónicas.

"Nos dicen que estamos fenomenal, que no aparentamos la edad, y es cierto", asegura el filósofo. Y esto es así porque "todos nos encontramos bien física, mental y psíquicamente e incluso contemplamos la vida que hemos vivido con mucha intensidad y las diferentes etapas hasta decir como el poeta 'Confieso que he vivido", y este capital vital produce una cierta paz interior y reconciliación con nosotros mismos al intentar vivir y no ver pasar la vida". el límite de la propia edad, de la salud, porque quiero seguir viviendo, por ejemplo, con esta pareja de sufriente degeneración". Y aquí es cuando "el límite no es otro que saber que la vida tiene un misterio y que entro en la última etapa del largo camino de la vida"
El filósofo y sociólogo Enrique Arnanz ha participado en las celebraciones del 30 aniversario de la constitución del Consejo Consultivo de las Personas Mayores del Baix Llobregat, un organismo pionero en el país

Huir del sentido fatalista

Para Villalta "no debemos darle un sentido fatalista a la vejez, aunque sea irreversible. No es la premuerto. Es vida en la vejez. Tiene algunas ventajas. Ya no necesitamos usar las máscaras que impone la vida en este teatro en el que se suelen representar varios papeles. Si es el caso, confiesa, que he vestido la mano, conflictos, de personaje solidario". Pero añade que una persona paciente, abierta a la diferencia como él, "ahora, al ser mayor, al ver que el horizonte de la vida se reduce, tenemos el derecho y el privilegio de ser uno mismo y de liberarnos de las máscaras".

Liberarse de las máscaras no resulta fácil, argumenta, "porque nos hemos identificado con ellas y hemos configurado nuestro personaje desde la máscara. Pero -agrega- al desaparecer la máscara irrumpe uno mismo en su desnudez con luces y sombras". Es entonces cuando surgen preguntas que asustan: ¿verdad quién soy? ¿Cuáles han sido mis sueños fundamentales? ¿He estado y soy Feliz? Aparecen temores que atormentan: ¿cuál es mi lugar en la vida?, ¿lo he conseguido? He estado coherente con mis valores y he procurado hacer el bien?, ¿qué puedo esperar ya?, ¿qué puedo ya hacer?

"Nadie puede responder por nosotros. Nadie puede ponerse en nuestra propia piel", afirma el filósofo, porque "ante estas preguntas que no sabemos si hay respuestas, no se puede poner máscaras". Reconoce que hay gente que no se plantea estas cuestiones o recurre a tópicos, quizás por el miedo a encontrarse a sí mismo. Preguntas desconcertantes sin respuestas. Difíciles y profundas que tiene que ver con el propio yo. Pueden tener mil respuestas o, sobre todo, "porque para muchos ellos mismos son su mayor misterio". Son preguntas necesarias porque son como herramientas para explorar el mundo interior, que ayudarán a seguir naciendo, creciendo y saber morir.
Arnanz asegura que "hay que declararse insumiso de la ideología catastrofista que paraliza; es momento de la desobediencia, de la disidencia que devuelva capacidad personal y colectiva para librar el combate a la mediocridad"
Arnanz asegura que "hay que declararse insumiso de la ideología catastrofista que paraliza; es momento de la desobediencia, de la disidencia que devuelva capacidad personal y colectiva para librar el combate a la mediocridad"

Vivir en un mundo convulso

La segunda evidencia que cita Villalta es que no podemos olvidar que vivimos en el siglo XXI y el tercer milenio; en un mundo convulso cuya característica principal es la rapidez de las transformaciones. Lo digital es ya nuestro hábitat. El escenario del poder y la gobernanza está fragmentado. Quienes tienen poder, los estados, las multinacionales, los medios y plataformas, configuran un poder e influencia muy asimétrica. ¿Cuál es nuestro sitio como ciudadanos? ¿Cuál es nuestra postura frente a las injusticias brutales? ¿Podemos hacer algo? En su respuesta, afirma que "el mundo de los ultraconservadores y post fascistas han construido el relato de que el modelo de vida está basado en la pobreza, la desigualdad, el medio ambiente, la guerra, la violencia contra las mujeres, la canonización del consumismo".

El filósofo argumenta que los historiadores están de acuerdo en que ningún momento de todos los períodos de tránsito de la humanidad han reunido tantas variables de forma simultánea y tan compleja y con tanta aceleración como la que hoy en día atravesamos. "Debemos asumir -dice- que somos mayores en un tiempo histórico, complejo, intenso y global que nos supera en comprensión". Y añade: "no hay que negarlo o maquillarlo, nos toca ser habitantes del mundo en este tiempo, espacio, lugar, país, y es ahí donde tenemos la obligación moral y ética de vivir la vida con sentido, dando importancia a lo que somos y tenemos. Porque-agregamos mayores que queremos cambiar las cosas, y que el mundo sea menos estúpido e injusto Somos estúpidos e injustos". lo que hemos recibido como don para que sea privilegio”. "Por muy jodidos que estemos, siempre debemos dar algo a los demás; es importante esta opción vital y que muchas preocupaciones sean consideradas inútiles, como realizar una operación estética a un muerto", concluye.
La disertación de Arnanz lleva por título: "El nuevo paradigma: autonomía, libertad, talento y dignidad. Lecciones para la vida"

Pérdida de confianza en un futuro mejor

La tercera evidencia que enumera el filósofo en su conferencia se centra en lo que considera una "convicción extendida", y no es otra que "haber perdido la confianza en una mayor calidad vida en el futuro". Argumenta que puede antojarse que pensar en el futuro como un cambio de esperanza resulte absurdo y propio del buenismo y de soñadores “ante la deriva de la crisis ecológica, de la democracia y de los humanos descartados para todos, de la guerra, de los efectos de la inteligencia artificial (IA), el ascenso al poder de energúmenos gracias estratégicas”. Y recuerda que a menudo, los diálogos que mantenemos están llenos de palabras como: desencanto, desconfianza, desesperanza, desilusión, des…

Convencidos de que el sistema no se sostiene más a sí mismo y de que está colapsado, Villalta señala que “parecemos instalados en un profundo desencanto pasivo y en una profunda desesperanza”. “Me preocupa porque sólo produce catastrofismo y alarmismo universal, más porque fomenta el menfotismo, la indiferencia y la paralización social, y por ese miedo hay quien grita en el baño: ¡que paren el mundo que yo me bajo!”
En opinión del filósofo y sociólogo, el nuevo paradigma lo representan, entre otros, Eduardo Mendoza, Clint Eastwood, Isidro Fainé, Micky Jagger o Isabel Allende
En opinión del filósofo y sociólogo, el nuevo paradigma lo representan, entre otros, Eduardo Mendoza, Clint Eastwood, Isidro Fainé, Micky Jagger o Isabel Allende

Pensamiento sin gas ni potencia

En su elucubración pública, el filósofo sostuvo que "el pensamiento ha perdido gas y potencia" y que "no existe pensamiento utópico progresista, porque hoy es regresivo y quienes sueñan con algún futuro quieren que el pasado vuelva. Algo así como fijar que el pasado en el eslogan que otro mundo es posible, como que el pasado.

Y ante esa suerte de cosas, la posición vital de Enrique Arnanz es negarse a pensar que la incertidumbre sea la única certeza. "Me niego a pensar que el apocalipsis es el único futuro, que este tiempo de riesgo carezca de oportunidades. Hay que declararse insumiso de la ideología catastrofista que paraliza", subraya. Y agrega que debemos “obstinarnos en entrelazarnos con complicidades unos con otros, porque es momento de la desobediencia, de la disidencia que devuelva capacidad personal y colectiva para librar el combate a la mediocridad”.

Ser portadores de una nueva esperanza

Los mayores que han visto el paso de generaciones, que han sido testigos de cambios sociales, en la economía, culturales y políticos, que han escuchado relatos de todo pelaje, "tenemos una responsabilidad especial". Y esta responsabilidad, en opinión del filósofo, es "ser referentes y portadores de una nueva esperanza, porque debemos reivindicar el tempo de la esperanza desde la certeza que tiene sentido, sin importar el resultado final. Reivindicamos -añade- el optimismo inteligente, que es la capacidad de tener un ideal, un norte como guía, sabiendo que lo importante es".

"El esfuerzo solidario mejora el mundo y es válido; no sólo la eficacia y la eficiencia, porque no hay acto de amor que caiga en saco roto de forma irreversible". Sostiene el filósofo que "la esperanza y el optimismo inteligente es una forma de resistencia; el compromiso hacia los demás justifica la vida. Por eso -añade- no hace falta tirar la toalla, porque esto es una manera de garantizar que la barbarie no se meta en nuestro corazón, en la familia y en nuestras comunidades".

Llegados a este punto, Arnanz agrega que “no puede haber esperanza ni optimismo inteligente sin aceptación de sí mismo y tu propia historia, gozar de autonomía, tanto personal como material, en la convicción de una vida con sentido y crecer y ser consecuente con los valores y las metas”. Tampoco puede haber esperanza ni optimismo sin ideas. Y el filósofo recuerda a Nelson Mandela, quien fundamentaba la esperanza en la virtud ética y humanista, ya que después de 27 años cárcel, al salir gritó: nunca se le puede negar a alguien la posibilidad de cambiar. El día que negamos esta posibilidad, estamos negando la vida. Ni tampoco podemos negarnos la posibilidad de cambiar a nosotros mismos.
Eva M. Martínez Morales, presidenta del Consejo Comarcal de El Baix Llobregat, flanqueada por Javier Silva Pérez, diputado delegado de Ciclo de Vida y Comunidad de la Diputación de Barcelona y Raúl Moreno Montaña, secretario general del departamento de De
Eva M. Martínez Morales, presidenta del Consejo Comarcal de El Baix Llobregat, flanqueada por Javier Silva Pérez, diputado delegado de Ciclo de Vida y Comunidad de la Diputación de Barcelona y Raúl Moreno Montaña, secretario general del departamento de De

Paradigma de cómo ser mayores hoy

En su reflexión, el filósofo propone un nuevo paradigma de cómo ser mayores hoy. Pero vayamos por pasos. Arranz primero define que paradigma es algo así como una nueva teoría, un nuevo modelo explicativo compartido por muchos y que se adecua al momento histórico actual. Una nueva visión que corresponde a los nuevos tiempos. ¿Cuáles eran las cualidades o rasgos que describían los mayores en el viejo paradigma? Se trata de estereotipos que todavía siguen hoy condicionado una visión general: el edadismo, que no es otra cosa que determinar y considerar lo mayor que es una persona en función de su edad cronológica. La edad elevada se asocia con una esperanza de vida corta, con la peor salud física y mental y con el deterioro cognitivo. También con la no productividad.

En una sociedad como la nuestra, un mayor deja de ser útil porque el sistema de vida es y será el trabajo considerado como un tiempo productivo. En definitiva, eres socialmente el trabajo que desarrollas y por el que pagan. Otro aspecto del anterior paradigma es la falta de compromiso de los mayores, "que perdemos interés y vivimos con el encefalograma plano, convirtiéndonos en pasotas. Es un pensamiento colectivo -agrega el filósofo- que se sustenta en la visión de que estamos en estado de tranquilidad casi permanente porque las cosas nos resultan indiferentes".
Incapacidad de adaptación

Otra explicación de este paradigma es la falta de flexibilidad, "porque se supone que somos incapaces de adaptarnos a las nuevas realidades y que nuestra máxima es que cualquier tiempo pasado fue mejor". De esta guisa, también se sustenta la convicción de que por ser mayor se mantienen ideas de carácter conservador. Otro elemento del mismo paradigma es la decadencia intelectual, “porque se deteriora la inteligencia con la edad, olvidando que existen otras inteligencias sumamente importantes y básicas, como la inteligencia emocional, la inteligencia experimental y la espiritual”. Y finalmente, señala Arranz, está el mito de la sexualidad, “como si desapareciese o se adivina un cierto tono de perversión, en el sentido de que tener ese ánimo identifica la explicación de ser un viejo verde”.

El común denominador del anterior paradigma que todavía persiste es una visión social negativa de la vejez y de las personas mayores, a quienes se les considera esencialmente dependientes y, por tanto, “hay que protegerles porque no están en condiciones de saber lo que les conviene y por eso hay que decidir por ellos: frente a los problemas, por ausencia de valía, por incapacidad de tomar”.
"Lo más importante en la última etapa de la vida es conectar con lo trascendente, situando nuestra felicidad no en la relación con cosas materiales, sino en la relación con las personas, los demás y otorgar una enorme importancia a la participación"

: Aspecto del público que llenó el auditorio del Consejo Comarcal de El Baix Llobregat durante la conmemoración del 30 aniversario de la constitución del Consejo Consultivo de las Personas Mayores de la comarca
: Aspecto del público que llenó el auditorio del Consejo Comarcal de El Baix Llobregat durante la conmemoración del 30 aniversario de la constitución del Consejo Consultivo de las Personas Mayores de la comarca

Huir de los derrotismos

La principal preocupación del envejecimiento activo es huir de los derrotismos. En Europa y en el Occidente desarrollado sufrimos una profunda crisis de espiritualidad, de sentido, al identificar el ser con el tener, y “como tenemos mucho, nos instalamos en la cultura de la satisfacción y por eso no tenemos necesidad de cambiar”, argumenta Arranz, quien afirma que “todo ser humano tiene vida espiritual al confrontarse con la vida y vivir con todo en sí mismo; -añade- y otros menos: son los que no profundizan, los que huyen de las preguntas y se instalan en la mediocridad. Es importante aclarar que no es necesario identificar la espiritualidad con la religión, sino que se trata de un camino personal, un vínculo”, concluye.

En este escenario de crisis en el que vivimos, el filósofo sostiene que "todos tenemos que jugar el papel de la rebeldía y el cambio. Debemos empeñarnos -añade- en espiritualizar la vida o el mundo. Eso no significa volvernos aburridos y metafísicos, no pisar el suelo, mirar el ombligo, no rechazar el progreso y la rechazar el progreso y la rechazar el progreso y la rechazo. En este sentido, Arranz afirma "que poner empeño en espiritualizar la vida significa una revolución. Primero, porque supone ser cada vez más capaces de conectar con lo trascendente, situando nuestra felicidad y la del ser humano, no en la relación con cosas materiales, sino en la relación con las personas, los demás. Esto es lo más importante en la última etapa de una vida: en tirar la enorme etapa en la vida.

Participar es ayudar a los demás

Participar significa para el filósofo, "ayudar a otros desde el corazón, y colaborar en causas y proyectos comunitarios; ser amable y generoso, compartir, tratar a la gente con bondad en momentos difíciles". A su juicio, todo esto realizado por personas mayores transmite una lección elocuente al mundo: vivir sin amar no es vivir, es simplemente sobrevivir". Porque "espiritualizar es vivir con conciencia y propósito y no dejarse llevar por circunstancias y reacciones a lo que ocurre; significa dar rumbo a la vida, todo lo contrario de ir haciendo". Por eso "cobra sentido encontrar prácticas que nutran alma, naturaleza, arte, lectura, creaciones que salgan de dentro y también continuar aprendiendo, no desperdiciar oportunidades capacitación permanente para adaptarse cambios era".

La vejez, para Arranz, es última oportunidad que la vida ofrece para crecer y terminar de nacer y madurar. También la espiritualidad transforma el dolor en crecimiento, sin llegar a sacralizarlo, sin ser masoca, porque no es una virtud moral sufrir por sufrir, sino que al ganar terreno el dolor físico con la edad, “debemos cuidarnos pero sin paranoias, tener visión e integrarlo sin abandonar el cuidado, priorizando hábitos saludables antes de medicalizar vida la personalidad, tanto en la fatiga, como en la enfermedad, el envejecimiento, la agonía y la muerte”.
Joan Salas, presidente de la Asociación Sumerios; Josep Nadal, presidente de la Tienda Solidaria; Lluïsa Llanta, usuaria de las viviendas con servicios comunitarios el Milenario; Enric Molina, delegado del Consejo de las Personas Mayores, moderados por En
Joan Salas, presidente de la Asociación Sumerios; Josep Nadal, presidente de la Tienda Solidaria; Lluïsa Llanta, usuaria de las viviendas con servicios comunitarios el Milenario; Enric Molina, delegado del Consejo de las Personas Mayores, moderados por En

Aprendizaje desde el dolor

¿Qué aprender a través de la experiencia del dolor y en la merma de la salud?, se pregunta socráticamente el filósofo. “Aprendemos a abrirnos más al amor, a los demás, y también humildad y el sentido del límite, de modo que se pueden convertir los achaques en crecimiento y ser un buen ciudadano mediante una espiritualización de esta etapa a través de la escucha activa y los cuidados hacia los demás; en definitiva, ser maestros en radicales, comprendemos las emociones; hemos aprendido no sólo con la cabeza, sino también con el corazón”.

Otra cosa a tener en cuenta es que "no siempre es necesario tener razón, sino que es más inteligente saber escuchar; desarrollar más la capacidad de la tolerancia, la paciencia y una visión de luces largas, porque el tiempo lo cura casi a pesar de no todo merece una respuesta inmediata. Ser maestros en inteligencia emocional también implica priorizar lo importante, la paz interior, los vínculos.

No hay que olvidar que, si la vida es un regalo, llegar a ser mayor es un regalo extra. La vejez es más que la dimensión biológica, porque no estamos terminados, estamos en la génesis de nosotros mismos dando rumbo a la vida y dando sentido. Ser ciudadano de ese siglo no obliga a estar siempre a la defensiva, sino a conquistar la vida, que es multicolor. “Hoy los mayores tenemos un papel y una función social de relevancia para espiritualizar la vida y el mundo: el centro de la vida y el mundo ya está ocupado, no por el dinero, no por el material, ni por el poder de dominar o saber, sino por la persona humana como tal y por tanto, la mirada inteligente de la vida consiste en tratar humanamente a los humanos”.

"Los mayores hoy nos apuntamos al paradigma del envejecimiento activo y no podemos engañarnos a nosotros mismos, porque no es una decisión que llueva del cielo, sino que nace de la tierra al aspirar una mayor calidad de vida y de jubilación: quien mira con luces cortas y sólo vive siendo preocupado por mi, el mío; quien ha vivido así nosotros previsiblemente. Existe una relación muy grande entre calidad de vida y de jubilación. Y aunque es muy difícil un cambio radical en la última etapa vida y no somos dioses y no podemos hacer que la realidad se adapte a nuestros deseos, sí es necesario pensar que la vida es breve y tenemos la obligación ética, estética e inteligente de dedicarnos a lo que verdaderamente es importante.
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La verdadera legitimidad democrática radica en la ciudadanía

Sociólogo y filósofo. Presidente de IC Iniciatives y de la Fundación Esplai, Enrique Arnaz Villalta también es Asesor para Políticas Sociales en el Parlamento Europeo. El eje transversal de su vida profesional ha sido la preocupación por el desarrollo comunitario, el ámbito asociativo y de las organizaciones sociales en España y Latinoamérica, con especial incidencia en algunos escenarios de exclusión social. Cree profundamente que la verdadera legitimidad democrática reside en la ciudadanía y que el más grave error de nuestro modelo de vida es que pensamos que la felicidad está en la relación de las personas con las cosas y no en la relación de las personas con las personas. Vive con intensidad el momento de repolitización y resocialización que estamos viviendo en nuestra sociedad.

Más que una dimensión biológica

Pero la vejez es más una dimensión biológica. El filósofo Enrique Arnanz Villalta subraya que hay que gritar que mientras hay vida y aliento y “tenemos que mantener las oportunidades de amar, construir, vivir intensamente la vida cotidiana, defendiendo los valores, y estar presentes en espacios que cultivamos”. La vida y el aliento y tener sueños, "porque la posibilidad de hacerlos es lo que hace interesante la vida". El filósofo entiende la vejez como "la última oportunidad que la vida ofrece para seguir creciendo y llegar a madurar un poco más y acabar de nacer".
Efectivamente, en esta etapa de la vida de Enrique Arnanz "estamos en la génesis, pero hasta el último día no se acaba el nacimiento porque todavía no estamos terminados". Se da sentido al día a día cuando “nos relacionamos con los demás, al descubrir fortalezas sin límites, cuando amamos, en los proyectos, con los hijos y los nietos, cuando conocemos cosas, lugares que impactan… Cuando ocurre todo esto nacemos lentamente porque seguimos viviendo los días con los ojos abiertos, dando sentido al día a día”. Y concluye: “la verdadera felicidad es dar sentido a la vida, darle un rumbo y no dejar que nadie te lo arrebate”.
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