Aprendizaje desde el dolor
¿Qué aprender a través de la experiencia del dolor y en la merma de la salud?, se pregunta socráticamente el filósofo. “Aprendemos a abrirnos más al amor, a los demás, y también humildad y el sentido del límite, de modo que se pueden convertir los achaques en crecimiento y ser un buen ciudadano mediante una espiritualización de esta etapa a través de la escucha activa y los cuidados hacia los demás; en definitiva, ser maestros en radicales, comprendemos las emociones; hemos aprendido no sólo con la cabeza, sino también con el corazón”.
Otra cosa a tener en cuenta es que "no siempre es necesario tener razón, sino que es más inteligente saber escuchar; desarrollar más la capacidad de la tolerancia, la paciencia y una visión de luces largas, porque el tiempo lo cura casi a pesar de no todo merece una respuesta inmediata. Ser maestros en inteligencia emocional también implica priorizar lo importante, la paz interior, los vínculos.
No hay que olvidar que, si la vida es un regalo, llegar a ser mayor es un regalo extra. La vejez es más que la dimensión biológica, porque no estamos terminados, estamos en la génesis de nosotros mismos dando rumbo a la vida y dando sentido. Ser ciudadano de ese siglo no obliga a estar siempre a la defensiva, sino a conquistar la vida, que es multicolor. “Hoy los mayores tenemos un papel y una función social de relevancia para espiritualizar la vida y el mundo: el centro de la vida y el mundo ya está ocupado, no por el dinero, no por el material, ni por el poder de dominar o saber, sino por la persona humana como tal y por tanto, la mirada inteligente de la vida consiste en tratar humanamente a los humanos”.
"Los mayores hoy nos apuntamos al paradigma del envejecimiento activo y no podemos engañarnos a nosotros mismos, porque no es una decisión que llueva del cielo, sino que nace de la tierra al aspirar una mayor calidad de vida y de jubilación: quien mira con luces cortas y sólo vive siendo preocupado por mi, el mío; quien ha vivido así nosotros previsiblemente. Existe una relación muy grande entre calidad de vida y de jubilación. Y aunque es muy difícil un cambio radical en la última etapa vida y no somos dioses y no podemos hacer que la realidad se adapte a nuestros deseos, sí es necesario pensar que la vida es breve y tenemos la obligación ética, estética e inteligente de dedicarnos a lo que verdaderamente es importante.