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Generación | Senior

Enric Molina, dinamizador cultural y actor debutante de Sant Joan Despí: "Soy amante de la vida y la lucharé hasta el último momento"


Img Enric Molina, dinamizador cultural y actor debutante de Sant Joan Despí:
Jordi Vizuete Valls
19 Enero 2026
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Enric Molina tiene 69 años, nació en Barcelona, ​​en la calle Diputació, pero una parte esencial de su biografía transcurre lejos de aquí: "A los 16 años fui a vivir a Mallorca y me quedé hasta los 55", recuerda. Aquella etapa insular lo moldeó profundamente, pero sería el amor quien, años después, le haría volver a Catalunya. “Me devolvió el amor”, dice con una sonrisa que anticipa el espíritu vital que impregna toda la conversación.

Trabajador desde los 15 años empezó como botones en un banco mientras estudiaba arte dramático por las noches y, más adelante, relaciones laborales. A pesar de las oportunidades profesionales que le ofrecían (“podría haber llegado a ser interventor o director”), siempre sintió que ese lugar no era su casa. "El banco me aburría mucho ya los 30 años lo dejé", explica. Aquella decisión, que a muchos les habría hecho vértigo, fue liberadora para él. "No me veía siendo un empleado de banca", sentencia, abriendo así la puerta a su verdadera vocación: la cultura como herramienta de transformación.

Un camino de expresión

Al dejar el banco, fundó una empresa de dinamización sociocultural que marcaría un antes y un después en su trayectoria. "Ayudábamos a jóvenes tutelados, mujeres con problemáticas diversas y también personas de prisiones", explica con orgullo. El arte no era, para él, un lujo estético, sino un puente de vuelta a la dignidad. "Hacíamos experiencias de teatro con las mujeres y también fue la primera vez en el país que un grupo de teatro de una cárcel salía a la ciudad para hacer una representación". Aquel proyecto pionero fue, como él mismo dice, “una experiencia personal y profesional muy buena”, situándolo en el centro de un tejido asociativo que no dejaría de crecer.

Con los años, su actividad se amplió y su perfil público también. Ocupó cargos de representación en la Federación de Pequeñas y Medianas Empresas de Mallorca y colaboró ​​con numerosas entidades. Todo lo preparó, sin que él lo supiera, para su regreso a Catalunya, donde todavía tenía mucha vida cultural por crear.
Instalado de nuevo en Sant Joan Despí, abrió el gastrobar De Pinyol Rojo: "Hacíamos recitales de poesía, exposiciones, había buena comida y un sentimiento de hermandad". A pesar de su corta existencia, ese espacio dejó una huella honda. “La gente tiene un buen recuerdo”, afirma, como si todavía pudiera oír el eco de conversaciones, versos y risas.

Cuando llegó la jubilación, lejos de verla como punto final, la entendió como una nueva etapa para explorar. “Una vez me jubilé eché una mirada a las iniciativas del municipio”, explica, y de esa observación nació un impulso creativo que no ha cesado. "Un conjunto de personas creamos un programa en Radio Despí que se llama Conectado con la vida, que ya tiene 217 programas". La radio le ha ofrecido una forma diferente de conectar generaciones y dar voz a colectivos a menudo invisibles.
Enric Molina aparece en esa foto más joven y con bigote. Ahora, un conjunto de personas ha creado con él un programa en Ràdio Despí que se llama Conectado con la vida, y ya llevan 217 programas"

El mundo del arte escénico

Pero su relación con el arte no había dicho todavía la última palabra. Retomó la poesía, impulsó actividades culturales en la biblioteca Miquel Martí i Pol, y pronto regresó a los escenarios, esta vez como director. "He estado dirigiendo en los últimos cuatro años un grupo de teatro intergeneracional que quiere representar la obra El banc del temps". Paralelamente, ha entrado de manera creciente en el mundo audiovisual: “Estos últimos años he colaborado en dos cortometrajes y una película, Anhels soterrats, Puro Ruído y L'últim adeu, y empezaré mi debut profesional en el teatro con una obra llamada Inquilines".

Cuando mira atrás, reconoce que durante la juventud no pudo dedicarse plenamente al arte: "El tiempo era lo que era, con la formación, el trabajo o más tarde con los hijos". Ahora vive este retorno como una reparación y una plenitud. "Intento estar al día de la actualidad, me gusta mucho vivir", dice, y añade que a pesar de los momentos difíciles, "la vida me ha ido dando oportunidades para seguir siendo feliz". Su concepto de éxito no pasa por el patrimonio: "No tengo patrimonio de nada, pero nunca ha sido una prioridad". Por él, lo que cuenta es el vínculo y la aportación social. "El reconocimiento no es éxito, quizás le acompaña, pero hay que tener claro lo que realmente importa".
Enric Molina ha participado en multitud de proyectos escénicos a lo largo de su vida
Enric Molina ha participado en multitud de proyectos escénicos a lo largo de su vida

La política no ayuda, y las instituciones tampoco

Esta forma de mirar la vida también impregna su visión sobre los jóvenes y la sociedad actual. "La juventud es la misma ahora que cuando mi generación era joven. Pero las redes sociales influyen mucho". Añade que ha habido un fallo en la influencia familiar y la transmisión de valores: "Una franja de edad entre 45 y 60 años no lo ha hecho muy bien, no han sabido transmitir la memoria histórica". Ni la escuela ayuda mucho, dice: "Las escuelas e institutos transmiten lo que significó la dictadura". Todo ello, a su juicio, facilita la entrada de discursos hostiles. "Fachas ha habido toda la vida, desde que soy pequeño", dice sin tapujos. Sin embargo, confía en que la sociedad sabrá frenar la ola de racismo, antifeminismo y extremismo.

La conversación avanza hacia lo político y social. "Los políticos tienen gran parte de culpa", dice refiriéndose al espectáculo de crispación que a menudo se ve en instituciones. "Ha provocado polarización, corrupción, mentiras, lo que ha generado desconfianza e inseguridad, algo que la extrema derecha ha aprovechado". También habla del miedo, especialmente entre los seniors. "Un problema es vivir con miedo. Pero lo generan aquellos discursos de odio". Hace poco le atracaron por primera vez en 69 años, pero rechaza convertir la anécdota en discurso: "Ladrones ha habido siempre y de todo tipo. Es ridículo tergiversar".

Medios de comunicación y edadismo

Al hablar de los medios y de las personas mayores, el edadismo es otro tema que oye hablar. "A pesar de lo que se diga, dentro de la esfera de comunicación que consumo, no veo tanto de edadismo". En el ámbito mediático, señala otra problemática: "Buscan perfiles para reír, gente con poca cultura o riqueza comunicativa. Buscan la declaración distraída, extremada…" Sin embargo, también reconoce que hay programas con profesionales veteranos y que "quizás todavía faltan referentes con valores, pero cada vez el edadismo resuena menos". Y si habla de medios, lo hace también para reivindicar: "Tenemos de las mejores televisiones públicas". El respeto, dice, debería ser un principio mediático innegociable: "Hay que tener respeto por todos".

También aborda el mundo laboral: "La etapa laboral se alargará". Cree que hay menos edadismo en las empresas y que "cada vez se apuesta más por los espacios intergeneracionales". Sin embargo, advierte que aquellas empresas que continúen con políticas edadistas "acabarán cediendo o conduciendo a un cierto fracaso". Y deja un mensaje a los jóvenes: "La gente joven debe saber que hay trabajo que hay que hacer. Se puede estudiar y trabajar, lo ha hecho mucha gente". El secreto, dice, es ser proactivo.

Pero aquí matiza, sobre el edadismo: "Lo que más me preocupa es el maltrato a raíz del capacitismo". Cuando una persona mayor pierde autonomía, dice, a menudo es tratada "como si fuera una carga más que una persona". Por eso reivindica que "los últimos años de las personas seniors sean de felicidad y de introspección".

Ser uno mismo de inicio a fin

Empezó trabajando en un banco, pero le aburría mucho ya los 30 años le dejó para dedicarse a la cultura como herramienta de transformación. La foto es de sus comienzos escénicos
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Conectado con la vida: programa hecho por y con la gente mayor

Conectado con la vida es un programa radiofónico impulsado por la concejalía de Personas Mayores del Ayuntamiento de Sant Joan Despí, con una misión clara: dar visibilidad al colectivo senior y reivindicar su papel activo dentro de la comunidad. El espacio, emitido cada domingo de 18 ha 19 h, propone una estructura variada con secciones que combinan memoria, actualidad, cultura y participación.

Algunas secciones tienen periodicidad semanal, como La canción de tu vida, Te interesa saber, Hoy recomendamos…, Viajes y Una vida de película. Otros se alternan quincenalmente, como Salud y bienestar, Entrevistamos a…, Cultura o Historias del pueblo. El resultado es un formato coral que conecta experiencias personales, conocimientos prácticos y testimonios locales.

El equipo está formado por Enric Molina, Aurora Tresserras, Giuseppe Bolsa, Manuel Escobar, Sebas, Pilar Boncompte y Teresa Collado. El programa invita a las personas mayores a participar, escuchar y reconocerse como parte activa de una sociedad diversa e intergeneracional.

Volver a la pasión después de la jubilación

Hay quien piensa que la jubilación es una retirada, pero para muchas personas es exactamente lo contrario: es el momento de recuperar lo que un día les hacía vibrar. En el caso de Enric Molina, esta etapa ha significado reencontrarse con las artes escénicas, con la poesía, con la cultura y, sobre todo, con una parte de sí mismo que había quedado en un segundo plano durante décadas. El escenario, que había descubierto de joven, ha vuelto a ser su sitio natural, y hoy actúa, escribe, dirige y participa en proyectos que le aportan sentido y entusiasmo.

Recuperar a una afición, sea deportiva, artística, académica o profesional, no es un lujo, es una forma de salud emocional. Hacer música, pintar, estudiar, enseñar, empezar un proyecto social o simplemente dedicar tiempo a lo que nos mueve puede transformar la forma de habitar esta etapa de la vida. La invitación de los voluntarios de este anuario es clara: no renunciar a lo que todavía puede emocionarnos. No es necesario hacerlo con perfección; basta con disfrutarlo.
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