Invisibilizar también es discriminar
La ilustradora sostiene que el edadismo tiene mucho que ver con la invisibilización. "Invisibilizamos a una generación supervaliosa y llena de experiencia vital increíble, con la que avanzaríamos mucho", sostiene. Asegura que las mujeres mayores “son las que cargan con el peso familiar, las cuidadoras por excelencia, las que mayor presión sufren en el ámbito estético y mediático”. Y denuncia la doble moral entre hombres y mujeres: "Los hombres maduran y pueden lucir canas y arrugas como un símbolo de atractivo; en cambio, una mujer con canas parece descuidada. Éste es un claro reflejo de edadismo y sexismo combinados".
El personaje de Dominga, una anciana, frágil pero inconformista, representa precisamente esa voz silenciada. "Fue fácil construirla, porque es la personalidad de mi abuela: la ironía, el humor, el no callarse, enfadarse si es necesario y mostrarse vulnerable cuando es necesario. Es un personaje muy fiel a ella", relata la autora del libro "Dominga habla sola, mejor hablar sola que callar acompañada". Con el tiempo, explica, el proyecto creció hasta convertirse en un altavoz social. "Cuando empecé a tener más voz, me di cuenta de que lo que hacía desde casa podía tener repercusión. Había gente que adoptaba las opiniones de Dominga o su lenguaje. Comencé a sentir una responsabilidad que antes no tenía", confiesa.