Genética, hábitos y suerte
“Historia de una supercentenaria” plantea que la longevidad extrema depende parcialmente de los genes, pero que estos no explican por sí solos una vida de 117 años. La alimentación, el ejercicio moderado, el descanso, la estabilidad emocional, la ausencia de hábitos perjudiciales y una red sólida de relaciones sociales también pueden desempeñar un papel decisivo.
En la vida de Maria Branyas aparecen además otros elementos menos fáciles de medir: su actitud serena, la capacidad de aceptar los cambios y una marcada resistencia frente a las pérdidas y dificultades acumuladas durante más de un siglo. La propia supercentenaria atribuía su longevidad al orden, la tranquilidad, la conexión con familiares y amigos, el contacto con la naturaleza, la estabilidad emocional y la ausencia de excesos, aunque también reconocía la importancia de la suerte y de una buena genética.
Esteller evita convertir su caso en una receta universal. Cada persona envejece de manera diferente y todavía quedan numerosos interrogantes sobre los procesos que permiten llegar a edades extremas. Sin embargo, la información obtenida puede contribuir a avanzar hacia uno de los grandes objetivos de la medicina contemporánea: no solo prolongar la vida, sino ampliar los años vividos con autonomía y buena salud.