Convertir la C-31 en una ruta patrimonial
Una de las propuestas más singulares fue convertir la carretera C-31, popularmente conocida como autovía de Castelldefels, en una ruta patrimonial. Esta vía está estrechamente vinculada a la historia de la parte baja del Baix Llobregat y del área metropolitana: evoca los primeros desplazamientos familiares en coche, especialmente con el Seat 600, el acceso de la clase media a las vacaciones y el auge del ocio en las playas y los campings. Establecimientos como La Ballena Alegre, La Tortuga Ligera o El Toro Bravo forman parte de este imaginario colectivo.
La jornada también mostró que conservar no significa necesariamente inmovilizar. Marta Lloret, divulgadora conocida como la «cazadora de masías» y directora de la Fundació Mas i Terra, expuso fórmulas creativas para recuperar masías, darles nuevos usos y evitar su abandono. Por su parte, Maria Mercè Costa, jefa del Servei de Patrimoni Arquitectònic del Departament de Cultura de la Generalitat, presentó algunos de los bienes culturales de interés nacional (BCIN) más destacados y declarados recientemente en Cataluña.
La clausura corrió a cargo de Pau Rodríguez Cabanach, que también guió una visita a la Granja de la Ricarda, y de la alcaldesa de El Prat, Alba Bou. La alcaldesa subrayó que la protección del patrimonio arquitectónico exige una mirada territorial que supere los límites municipales, especialmente en una comarca sometida durante décadas a una intensa transformación urbanística y de infraestructuras.
La decana del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, Sandra Bestraten, y el arquitecto Lluís Domènech Girbau, bisnieto de Lluís Domènech i Montaner, también debían participar en la jornada, pero finalmente no pudieron asistir por problemas de última hora.