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El PDUM 2026: la reinvención metropolitana que interpela al Baix Llobregat


Img El PDUM 2026: la reinvención metropolitana que interpela al Baix Llobregat
Jordi Vizuete Valls
11 Febrero 2026
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El territorio no es neutro. Es política economía cohesión social y sobre todo futuro. Cuando el Consejo Metropolitano aprobó el 10 de febrero de 2026, por segunda vez inicialmente, el Plan director urbanístico metropolitano (PDUM) no sólo validó un documento técnico: abrió formalmente la puerta a la revisión del modelo territorial que ha regido el área metropolitana de Barcelona desde 1976. Es decir desde antes de la democr.

Para el Baix Llobregat este dato no es menor. La comarca ha sido durante décadas el laboratorio, y con frecuencia el patio trasero, del crecimiento metropolitano: polígonos industriales infraestructuras logísticas grandes vías de comunicación el aeropuerto el puerto el desvío del río. El PDUM llega en un momento crítico: crisis de vivienda emergencia climática presión sobre los espacios agrarios del delta saturación de movilidad y transformación del tejido productivo. El debate ya no es si es necesario crecer sino cómo y dónde.
El PDUM aboga por un territorio metropolitano policéntrico, entendiendo el policentrismo como una red de centralidades distribuidas, conectadas y complementarias
El PDUM aboga por un territorio metropolitano policéntrico, entendiendo el policentrismo como una red de centralidades distribuidas, conectadas y complementarias

Antecedentes: del PGM de 1976 al nuevo horizonte 2050

El Plan general metropolitano (PGM) de 1976 ha sido el marco normativo que ha ordenado Barcelona y otros 35 municipios durante casi cincuenta años. Un plan que pese a que sus virtudes iniciales ha acumulado cientos de modificaciones puntuales hasta convertirse en un mosaico complejo fragmentado y en muchos aspectos obsoleto.

La Ley 31/2010 del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ya preveía la necesidad de un nuevo instrumento: el PDUM junto al futuro Plan de ordenación urbanística metropolitano (POUMet). El 26 de marzo de 2019 se aprobaba el Avance del PDUM y se abría un primer período de información pública. El 21 de marzo de 2023, se producía la primera aprobación inicial con suspensión de licencias en determinados ámbitos durante dos años.

En este proceso participativo se han registrado 5.184 aportaciones concretas recogidas en 528 documentos de alegaciones e informes sectoriales. La magnitud de los cambios introducidos ha obligado a una segunda aprobación inicial en febrero de 2026. Tal y como admitió Damià Calvet vicepresidente del área de Políticas Urbanísticas y Espacios Naturales del AMB el proceso "ha sido largo exigente y especialmente complejo" pero precisamente por eso se optó por reforzar el documento: "Llegamos a las conclusiones punto final. Ni cuando se apruebe el PDUM provisional ni cuando se apruebe el definitivo” afirmó. 

Xavier Mariño director de la misma área hizo hincapié en la necesidad de que el PDUM sea a la vez urbanístico y estratégico operativo y jurídicamente sólido: "Tiene una línea continuista, los objetivos son los mismos que en 2019, lo que hemos hecho es añadir matices y pequeños cambios que no definen propuestas cerradas sino como procesos", comentaba.

¿Qué es exactamente el PDUM?

El PDUM es un instrumento de planeamiento estratégico metropolitano con horizonte 2050. No define parcelas concretas ni proyectos ejecutivos sino que fija los criterios las reglas y estructuras básicas que tendrán que guiar el desarrollo de los municipios. Calvet insistió en que "no estamos hablando de un catálogo de proyectos. Estamos definiendo desde un punto de vista territorial lo que queremos que ocurra. Pero se desarrollará según las circunstancias de mercado" puntualizó subrayando el carácter marco y no ejecutivo inmediato del documento.

Sus objetivos apuntan a reforzar la solidaridad entre municipios y consolidar una estructura policéntrica naturalizar el territorio y mejorar el metabolismo urbano. En este sentido, Calvet fue claro: "La cohesión social sólo se puede garantizar si se dispone también de cohesión territorial" afirmó vinculante directamente planeamiento y equidad.
El concepto de policentrismo es central. Según el vicepresidente metropolitano se trata de "consolidar un sistema policéntrico particular por avenidas metropolitanas y ejes verdes de una estructura básica del territorio", ya que es en estos cruces "donde aparecen los nodos sobre los que se pueden generar oportunidades para el progreso".

Vivienda: 220.000 nuevos pisos pero ¿con qué lógica?

La cifra estrella es contundente: el PDUM prevé la posibilidad de generar alrededor de 220.000 viviendas principales nuevas hasta 2050. Calvet defendió que el debate no puede ser sólo cuantitativo: "Debemos pensar cómo genera más oferta. Y más oferta de vivienda asequible. Necesitamos que el territorio funcione en una sola matriz" declaró insistiendo en la necesidad de integrar mercado regulación y planificación. El documento establece que más del 10% de las viviendas principales,166.060, serán asequibles y estables con un mínimo del 75% por ámbito funcional y con posibilidad de llegar al 17%. Desde el Baix Llobregat donde la tensión inmobiliaria es real y persistente la cuestión será si estas previsiones se materializan en promociones efectivas y no sólo en reservas teóricas.

El PDUM también hace hincapié en la calidad de vida a través de una dotación suficiente de equipamientos y espacios libres, no sólo en términos cuantitativos, sino también atendiendo a criterios de proximidad y tipología de los servicios. En conjunto, se contemplan 3.147 hectáreas destinadas a equipamientos y 5.748 hectáreas de espacios libres públicos, con una clara voluntad de preservar los valores ambientales de los espacios abiertos. De acuerdo con el escenario base, el ratio de espacios libres se situará en 25,6 m² por cada 100 m² de techo residencial en el conjunto del área metropolitana, superando con margen los 20 m² que fija la legislación vigente. En una comarca como el Baix Llobregat, donde la presión sobre el suelo es constante, esta cifra resulta especialmente significativa.

En el ámbito de la movilidad, el plan dibuja una transformación estructural. Los 240 kilómetros de avenidas metropolitanas previstos permitirán que el 50% del suelo residencial actual que concentra el 64,2% de las viviendas y el 58,2% del suelo de los polígonos de actividad económica queden situados a menos de 500 metros de un eje de transporte colectivo o movilidad activa. El objetivo es claro: facilitar el uso del transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie. La red se completará con 735 kilómetros de calles estructurantes, 140 kilómetros de conectores estructurantes y cerca de un millar de kilómetros de ejes verdes, que tendrán que articular el territorio de forma capilar y reducir la dependencia del vehículo privado.

El modelo incorpora también una visión integral de lo que se conoce como metabolismo urbano, es decir, cómo la ciudad consume y gestiona energía, agua y residuos. Las previsiones apuntan a una reducción del consumo doméstico de energía del 12% por habitante y del 19% por unidad de techo de actividad económica, mientras que la autosuficiencia eléctrica pasaría del 1% actual al 32%. En materia de residuos, se plantea una disminución del 5% por habitante y del 18% por techo de actividad económica. En cuanto al agua, el consumo doméstico se reduciría un 4% y hasta un 58% del recurso podría provenir de fuentes alternativas como acuíferos y agua regenerada. En un territorio especialmente vulnerable a episodios de sequía, como el delta del Llobregat, estas cifras no son menores.

En coherencia con esta estrategia, el PDUM fija como objetivo una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si el crecimiento previsto hasta 2050 se produjera manteniendo los actuales patrones de consumo, las emisiones aumentarían casi un 16%. El nuevo modelo, en cambio, permitiría reducirlas un 24% respecto al escenario de partida -un 40% en términos netos- gracias, sobre todo, a los cambios en movilidad (responsables de un potencial 21% de reducción), a la rehabilitación de tejidos urbanos (8%) ya la generación de energía renovable en suelos urbanos y espacios.

Soportes y desacuerdos

La segunda aprobación inicial del PDUM evidenció un amplio apoyo político, aunque no unánime. El texto prosperó con los votos favorables del PSC, ERC, Junts per Catalunya, En Comú Podem, Vivim Montcada i Reixac, Compromís y Acord per Torrelles y Junts por Tiana; Vox votó en contra, mientras que el PP y cuatro consejeros de L'Hospitalet -David Quirós (PSC), Jesús Husillos (PSC), David Gómez (PSC) y Jaume Graells (ERC)- se abstuvieron. Un mapa de voto que refleja consenso mayoritario pero también matices territoriales y políticos en un documento que redefine el equilibrio metropolitano.

El hecho de que el Plan Director contemple la posibilidad de generar cerca de 220.000 nuevas viviendas en el área metropolitana con el objetivo de superar los 3,5 millones de habitantes antes de 2050 abre, inevitablemente, un debate de fondo. Más allá de la necesidad real de dar respuesta a la demanda residencial, esta proyección demográfica sobre un territorio que ya presenta signos evidentes de saturación —en movilidad, presión sobre el suelo y tensiones ambientales— pone sobre la mesa hasta qué punto el modelo de crecimiento planteado responde a una actualización profunda o, por el contrario, perpetúa inercias de un esquema urbanístico que muchos consideran

En la comparecencia posterior, Damià Calvet, vicepresidente del área de Políticas Urbanísticas y Espacios Naturales del AMB, defendió el sentido estructural del plan asegurando que “la cohesión social sólo se puede conseguir si existe una cohesión territorial, y ésta es precisamente la función del PDUM, un plan necesario que ya empezó a definirse con la A0” y subrayar que "el PDUM no llegará, en su aprobación inicial ni en la final, a un punto y aparte, y que debe estar abierto a recibir modificaciones para adaptarse a la realidad de cada momento". En la misma línea, Xavier Mariño, director del área, remarcó que "el PDUM busca priorizar el interés público metropolitano, respetando las particularidades de cada municipio. Haciéndolo, abordará grandes retos actuales, como la necesidad de vivienda y la descarbonización", situando el documento como una herramienta de equilibrio entre visión global e identidades locales.

Xavier Mariño sintetiza el espíritu del documento en tres grandes máximas

En primer lugar, que sea “un plan con un horizonte 2050 con capacidad de evolucionar a lo largo del tiempo un plan urbanístico pero también estratégico con mayor potencia en la vertiente estratégica enfatizando procesos en propuestas no tan cerradas y definidas”. Y añadió: "No es un plan menos ejecutivo, pero debe ser un plan más operativo".

En segundo lugar Mariño defendió la claridad normativa: "Propuestas claras sin ambigüedades y sencillo para que facilite entender el PDUM y fije las reglas del juego" explicó subrayando que el período hasta el futuro POUMet no debe ser una pausa sino una etapa de avance.

Finalmente, hizo hincapié en la seguridad jurídica: "El PDUM debe ser coherente con el marco y la interpretación de esta guía ley para sacar la máxima capacidad" afirmó destacando la necesidad de encaje con la legislación sectorial y urbanística vigente.
Red de centralidades distribuidas, conectadas y complementarias, que reparta las oportunidades y permita reforzar la competitividad global del territorio
Red de centralidades distribuidas, conectadas y complementarias, que reparta las oportunidades y permita reforzar la competitividad global del territorio

Territorio, capitalidad y país

En clave más política Calvet reivindicó el papel de la metrópolis en Cataluña: "El AMB siendo capital tiene la obligación de impulsar el país. El país necesita la capital. Hay que cuidar especialmente la relación con la Cataluña ciudades y Cataluña rural" dijo situando al PDUM no sólo como una herramienta técnica sino como una pieza de equilibrio territorial.

También aseguró que el nuevo instrumento "dotará de la mayoría de edad al área metropolitana" y la proveerá de más autoridad en ámbitos como el transporte público el urbanismo la gestión del agua y de los residuos.
El PDUM no es una varita mágica. Es un marco. Y los marcos pueden ser tan transformadores como la voluntad política que los despliega. Desde el Baix Llobregat hay motivos para un prudente optimismo: apuesta por la regeneración en lugar de la expansión, refuerzo de la vivienda asequible, protección de espacios abiertos y una movilidad más racional.

Pero también existen interrogantes inevitables. El despliegue presupuestario, la coordinación institucional y la resistencia a presiones puntuales serán determinantes. Y todavía existe una prueba inmediata antes del horizonte 2050: el contraste público.

Tras esta segunda aprobación inicial, el documento, cerca de 6.000 páginas de planeamiento, memorias, anexos y cartografía, se abrirá ahora a un nuevo período de exposición pública y de alegaciones de 45 días. No es un trámite menor. Es la última oportunidad para que ayuntamientos, entidades, sectores económicos y ciudadanía intenten matizar, reforzar o cuestionar aspectos concretos antes de su aprobación definitiva. En un plan que aspira a redefinir la metrópolis hasta 2050, cuarenta y cinco días pueden parecer poco tiempo, pero políticamente son intensos.

El PDUM es, en definitiva, una declaración de intenciones con cifras y horizonte largo. "Estamos hablando de un documento estratégico", recordó Calvet, consciente de que su verdadera prueba no será tanto la aprobación formal como su aplicación sostenida en el tiempo. Porque el futuro metropolitano no se decidirá sólo en los plenos institucionales, sino en la capacidad real de convertir el papel en ciudad.
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