Vivienda: 220.000 nuevos pisos pero ¿con qué lógica?
La cifra estrella es contundente: el PDUM prevé la posibilidad de generar alrededor de 220.000 viviendas principales nuevas hasta 2050. Calvet defendió que el debate no puede ser sólo cuantitativo: "Debemos pensar cómo genera más oferta. Y más oferta de vivienda asequible. Necesitamos que el territorio funcione en una sola matriz" declaró insistiendo en la necesidad de integrar mercado regulación y planificación. El documento establece que más del 10% de las viviendas principales,166.060, serán asequibles y estables con un mínimo del 75% por ámbito funcional y con posibilidad de llegar al 17%. Desde el Baix Llobregat donde la tensión inmobiliaria es real y persistente la cuestión será si estas previsiones se materializan en promociones efectivas y no sólo en reservas teóricas.
El PDUM también hace hincapié en la calidad de vida a través de una dotación suficiente de equipamientos y espacios libres, no sólo en términos cuantitativos, sino también atendiendo a criterios de proximidad y tipología de los servicios. En conjunto, se contemplan 3.147 hectáreas destinadas a equipamientos y 5.748 hectáreas de espacios libres públicos, con una clara voluntad de preservar los valores ambientales de los espacios abiertos. De acuerdo con el escenario base, el ratio de espacios libres se situará en 25,6 m² por cada 100 m² de techo residencial en el conjunto del área metropolitana, superando con margen los 20 m² que fija la legislación vigente. En una comarca como el Baix Llobregat, donde la presión sobre el suelo es constante, esta cifra resulta especialmente significativa.
En el ámbito de la movilidad, el plan dibuja una transformación estructural. Los 240 kilómetros de avenidas metropolitanas previstos permitirán que el 50% del suelo residencial actual que concentra el 64,2% de las viviendas y el 58,2% del suelo de los polígonos de actividad económica queden situados a menos de 500 metros de un eje de transporte colectivo o movilidad activa. El objetivo es claro: facilitar el uso del transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie. La red se completará con 735 kilómetros de calles estructurantes, 140 kilómetros de conectores estructurantes y cerca de un millar de kilómetros de ejes verdes, que tendrán que articular el territorio de forma capilar y reducir la dependencia del vehículo privado.
El modelo incorpora también una visión integral de lo que se conoce como metabolismo urbano, es decir, cómo la ciudad consume y gestiona energía, agua y residuos. Las previsiones apuntan a una reducción del consumo doméstico de energía del 12% por habitante y del 19% por unidad de techo de actividad económica, mientras que la autosuficiencia eléctrica pasaría del 1% actual al 32%. En materia de residuos, se plantea una disminución del 5% por habitante y del 18% por techo de actividad económica. En cuanto al agua, el consumo doméstico se reduciría un 4% y hasta un 58% del recurso podría provenir de fuentes alternativas como acuíferos y agua regenerada. En un territorio especialmente vulnerable a episodios de sequía, como el delta del Llobregat, estas cifras no son menores.
En coherencia con esta estrategia, el PDUM fija como objetivo una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si el crecimiento previsto hasta 2050 se produjera manteniendo los actuales patrones de consumo, las emisiones aumentarían casi un 16%. El nuevo modelo, en cambio, permitiría reducirlas un 24% respecto al escenario de partida -un 40% en términos netos- gracias, sobre todo, a los cambios en movilidad (responsables de un potencial 21% de reducción), a la rehabilitación de tejidos urbanos (8%) ya la generación de energía renovable en suelos urbanos y espacios.