Innovación | Infraestructures
El aeropuerto de El Prat, nodo europeo en expansión en la ciudad que nunca duerme
Julia Francino
22 Enero 2026
Compartir
Durante los meses de verano, el Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat se transforma en una ciudad viva que nunca descansa. Sus terminales están llenas de actividad día y noche, convirtiéndose en una arteria estratégica para Cataluña y el sur de Europa. Sólo en julio, agosto y septiembre de 2024, más de 16 millones de pasajeros cruzaron sus puertas, reflejo de su rol como motor económico, turístico y logístico. Este dinamismo no sólo le posiciona como uno de los aeropuertos más activos de Europa, sino como una infraestructura clave en el contexto de la movilidad global del siglo XXI.
El mar aún tiene aliados dispuestos a no mirar a otro lado.
Con más de 1.000 operaciones diarias, el aeropuerto se mantiene en constante funcionamiento. Tras este ritmo imparable existe una organización meticulosa: controladores aéreos, técnicos, personal de seguridad, limpieza, logística y atención al cliente forman parte de una maquinaria sincronizada que permite la operativa continuada. No importa si está en la madrugada o en pleno mediodía, El Prat nunca se detiene.
Pasajeros transitando por el Aeropuerto de El Prat
Durante el invierno 2024-2025, de hecho, el aeropuerto ha operado 44 rutas intercontinentales, la mayor cifra registrada hasta ahora, con más de 3 millones de asientos ofrecidos. Entre las novedades, destacan compañías aéreas como T’way, con vuelos a Seúl, Iberojet hacia Tegucigalpa, y el regreso de Level a Miami. Además, aumentaron las frecuencias hacia destinos clave como Filadelfia -con vuelo diario-, Beijing, Shenzhen, Yeda y Abu Dabi. Esta ampliación refleja una clara estrategia de internacionalización que busca posicionar a Barcelona como puerta de entrada directa a mercados de alto valor, situados en América, Asia y Oriente Medio.
Ciudad aeroportuaria viva
Más de 10.000 personas trabajan directa o indirectamente en el aeropuerto, desde pilotos hasta técnicos de mantenimiento, personal de tierra y dependientes. Ignacio Rubio del Pino, presidente de ASETRA, lo resume así: "El aeropuerto de Barcelona requiere una plantilla altamente preparada. Es vital para garantizar la operativa en un entorno cada vez más exigente". Esta capacidad laboral es una prenda esencial para mantener la reputación internacional del aeropuerto.
El capital humano es imprescindible para sostener una operativa 24/7.
Ignacio Rubio del Pino, presidente de ASETRA
Del mismo modo, El Prat ha trascendido su rol funcional para convertirse en un verdadero ecosistema urbano. Con más de 50 restaurantes y 30 tiendas en las instalaciones, los pasajeros pueden disfrutar de experiencias gastronómicas, desde cocina gourmet catalana hasta cadenas internacionales, moda, tecnología y servicios premium. Esta faceta comercial también genera empleo directo y dinamiza la economía local, haciendo del aeropuerto una ciudad dentro de la ciudad.
Eterno debate de ampliación
La ampliación del Aeropuerto de Barcelona-El Prat sigue siendo objeto de controversia política, aunque cada vez son más las voces que reclaman una actuación urgente ante la saturación de la infraestructura. Con el aeropuerto operante al límite de su capacidad, la falta de decisiones claras comienza a tener consecuencias en la competitividad de la ciudad condal y la capacidad para atraer inversiones.
Daniel Sirera, portavoz del Partido Popular (PP) en el Ayuntamiento de Barcelona, ha sido una de las figuras políticas que ha expresado con mayor contundencia la necesidad de actuar: "La ampliación del aeropuerto no es una obra menor ni un capricho. Se trata de garantizar que Barcelona siga siendo competitiva, capaz de atraer inversiones y de generar empleo".
4 Daniel Sirera, portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Barcelona
En febrero, el pleno del consistorio aprobó una moción promovida por el PP que instaba a activar de inmediato el proyecto de ampliación. Sin embargo, el consenso político todavía parece lejano. Mientras algunos partidos subrayan la importancia estratégica del aeropuerto como motor económico, otros advierten de los posibles impactos medioambientales y urbanísticos que la ampliación podría comportar.
El futuro del aeropuerto sigue así en el centro del debate. Sin embargo, el tiempo juega un papel clave: la presión de los sectores económicos y la situación de casi un colapso operativo aumentan la urgencia de una solución. Barcelona se enfrenta al reto de decidir entre avanzar con una infraestructura clave o seguir posponiendo una cuestión que podría marcar su rol en el mapa global de conexiones aéreas.
Una infraestructura estratégica
El Prat es actualmente el segundo aeropuerto europeo en tráfico de origen-destino (O&D), sólo por detrás de Heathrow, y con sólo un 10% de pasajeros en tráfico, lo que indica que la gran mayoría de los viajeros eligen Barcelona como punto de partida o destino final. Además, la ciudad ocupa la quinta posición europea por volumen de tráfico O&D, superando a Madrid, Roma y Amsterdam.
A pesar del crecimiento del tráfico, la puntualidad se mantuvo en niveles competitivos: 74,9% en llegadas y 65,7% en salidas durante el año. En invierno, estas cifras mejoran notablemente gracias a la reducción de vuelos, alcanzando un 82,9% en puntualidad de llegadas. La media de retraso es de sólo 4,5 minutos por vuelo, posicionando El Prat por encima de otros aeropuertos como Roma, Lisboa o Tel Aviv. Con cifras históricas, liderazgo renovado, ambición internacional y una actividad ininterrumpida, El Prat no es sólo un aeropuerto: es el espejo de una ciudad global en expansión.
Avión Ryanair partiendo del Aeropuerto de El Prat
La ampliación marcará el papel de Barcelona en el mapa aéreo europeo.
El aeropuerto sigue batiendo récords y conectando Barcelona con el mundo, y si quiere mantener su posición como nodo clave del sistema aéreo europeo, el siguiente paso -la ampliación- no puede seguir esperando. Porque más allá del número de pasajeros o de las rutas internacionales, lo que está en juego es el futuro de una metrópoli que no deja de crecer. El Prat simboliza la capacidad de Barcelona para proyectarse en el exterior, atraer inversión, talento y oportunidades. Renunciar a su desarrollo sería cerrar la puerta a esa proyección. Por eso, la ampliación no es sólo una cuestión de infraestructuras: es una apuesta por el modelo de ciudad que Barcelona quiere ser de cara a las próximas décadas.

Volver al listado