Dorys Amanda Henao, pediatra en Cornellà: “Como médica, lucho contra la palabra ‘fatal’”
Josep Sucarrats
06 Mayo 2026
Compartir
Tras ejercer de pediatra en el CAP de Abrera, localidad en la que reside, la doctora Dorys Amanda Henao Serna, que ahora atiende en Cornellà, acaba de publicar el libro “La salud en tus manos. La medicina en los médicos”, donde reivindica el conocimiento ancestral y la actitud positiva.
La trayectoria de esta doctora colombiana graduada en la Universidad de Caldas, en Manizales (capital de esta región de Colombia), ha transcurrido en entornos y situaciones bien diferentes. Allí obtuvo el título de Médica Cirujana y formación como colposcopista. Después de tres años y medio, recién ha concluido su etapa como pediatra del Centro de Atención Primaria de Abrera, localidad en la que sigue residiendo mientras atiende ahora en Cornellà de Llobregat. Este momento coincide con la publicación de su libro La salud en tus manos!!! La medicina en los médicos..., una lectura divulgativa e inesperadamente divertida y optimista, en la cual reivindica los conocimientos heredados de las abuelas y anima a sus lectores a aprender a cuidar de si mismos como estrategia para “pasarla bien”, en su expresión 100% colombiana.
-Después de una trayectoria de casi cuarenta años en la que se ha enfrentado a situaciones de lo más variadas, ¿qué le impulsa a publicar ahora este libro dirigido a las familias?
-Siempre me ha encantado escribir, y los medios de comunicación son una herramienta para llegar a las personas, en ocasiones individualmente, en otras de manera colectiva. Me ha encantado escribir literatura de opinión y también tengo una obra publicada en poesía. Pero este es mi primer compendio en medicina, cuyo objetivo principal es llevar a cada persona un mensaje que sea saludable, un recurso que le ayude a conseguir o preservar su salud o a multiplicar el concepto saludable en su familia, entre sus amigos y en la misma comunidad. Siempre desde un ángulo optimista, porque en el ambiente hay tantas invitaciones al pesimismo que provocan que nuestra cotidianidad esté enferma, que prácticamente solo piense en la idea de sentirse enfermo, de estar enfermo.
Portada del libro de la doctora Dorys Amanda Hernao Serna
-¿Esta conclusión nace tanto de los contactos en su consulta como de las conversaciones entre la gente de su entorno?
-Exactamente. Es casi como si en el ambiente general hubiera una sensación colectiva de sentirse dañado, incómodo. Hay algo que me ha llamado mucho la atención desde que llegué a España y es un término contra el cual lucho: fatal. “Me encuentro fatal”, “estoy fatal”… Ante esa situación, invito a sacar de nuestra comunicación diaria cierto tipo de términos, porque solamente esto ya provocará algo que se llama “contaminación emocional”.
-¿Es decir, probablemente, en realidad estamos mejor de lo que pensamos, pero no lo disfrutamos?
-Exactamente. Aquí está la clave. De aquí mi motivación para que nos sintamos bien y nos lo pasemos bien, claro. Porque no estamos aquí para sentirnos incómodos ni para pasarlo mal. No. Nosotros venimos a estar bien. ¡Somos un instante tan maravilloso! En nosotros se conjuga todo: somos un maravilloso accidente. Y es lo que me gusta multiplicar en mi libro. Mostrar cómo debemos apreciar la importancia que tiene lo elemental. Cuando abro los ojos en la madrugada y puedo decir “es maravilloso, estoy respirando, he amanecido viva”, salgo de mi actividad onírica, salgo de mi ensoñación y sigo viva.
-Quizá sí exista esa sensación social compartida de malestar, pero es que probablemente hay motivos para ello. En tal caso, en su opinión, si hubiéramos conservado los conocimientos de salud de nuestras madres y abuelas —a las que se delegó esta función—, ¿tendríamos más herramientas para enfrentarnos a este malestar?
-Totalmente. Y ésta es una pregunta muy importante, aunque tiene muchas aristas porque se puede analizar de muchas formas. En primer lugar, hemos perdido la ancestralidad. Hemos perdido los niveles jerárquicos en todo, no sólo a nivel de atención en salud, sino en la misma estructura familiar. Antes teníamos un respeto y asistíamos a esa persona que tenía los conocimientos y que nos podía orientar y encausar. Esa persona tenía, dentro de su conocimiento, un arsenal de estrategias que, por su experiencia, lo hacían efectivo. Y esto se fue multiplicando y multiplicando… Hasta que llegó la masificación de los servicios de salud. Entonces el conocimiento ancestral que tenían esas mujeres empezó a perder importancia. Era un conocimiento popular que acumulaba comprobaciones de causa-efecto que se fueron transmitiendo. Es una medicina experiencial, basada en la evidencia, que hoy, de nuevo, empieza a vivir un repunte, precisamente porque nos cuestionamos qué ha ocurrido con el horizonte de salud que teníamos. Nos preguntamos si existían unas estrategias en el ambiente que contribuían a mantener la salud y prevenir las enfermedades… Y sí. De allí pasamos a un ambiente solamente curativo de los problemas de salud.
La doctora de Abrera que ejerce en Cornellà, con su libro
-O sea, hemos olvidado, por ejemplo, cómo deberíamos comer y cómo nos deberíamos mover, porque confiamos que cuando aparezca el problema los medicamentos nos curarán.
-El conocimiento ancestral incidía, básicamente, en la prevención. Sabíamos que debíamos ir temprano a la cama para despertar muy descansados; había que tener ánimo y debíamos comer adecuadamente para enfrentarnos al trabajo. Ahora, el ritmo circadiano ha desaparecido totalmente y parece como si el ser humano, en medio de toda su soberbia, se pudiera saltar sus condicionantes fisiológicos. Al pasar por encima de los eventos fisiológicos normales del cuerpo y de la naturaleza, perdemos el equilibrio. Entramos al facilismo de los poderes mágicos de los medicamentos. En la práctica, trasladamos nuestro poder de estar bien a una bolsa de medicamentos. Es muy grave que hoy los pacientes casi sólo esperen que se les receten medicamentos y que los colegas médicos, compañeros y compañeras enfermeras y otros difusores de salud, casi tengan que restringirse a indicarles qué medicamento deben tomar y a renovarles la fórmula cuando se les acaba. O sea, se perdió el objetivo real, que era tener a un individuo satisfecho y partícipe de su salud. Ahora se atribuye la salud al medicamento, y eso no es así.
-Entonces, ¿cuando se plantean reformas del sistema sanitario para evitar su colapso, habría que incidir más en el aspecto de educación en la salud de los ciudadanos?
-Eso es algo imprescindible. Si yo le pregunto a alguien qué debo hacer para estar bien, me dirá que debo hidratarme bien, que debo comer bien, que debo hacer ejercicio y que debo dormir temprano. Sí, pero profundicemos ahí. ¿Qué es hidratarse bien? ¿Qué es comer bien? El médico puede responder: ”Modifique su forma de comer”, pero lo que debe hacer es enseñar al paciente cómo debe comer. Y si debe caminar más o debe hacer más ejercicio, el médico le tiene que explicar en qué consiste el ejercicio. Porque si es un paciente con una artrosis severa de rodillas no se le puede decir “usted tiene que hacer más ejercicio” sin más, porque con esa artrosis no podrá deambular. El médico debe saber cómo es esa persona, individualizarla.
-¿Esta estrategia se explica las facultades de medicina?
-En Colombia éramos grandes estudiosos de la anatomía, de la fisiología, de la bioquímica, del impacto que tiene el ser humano. Los que estudiamos allí desarrollamos la estrategia franco-italiana, una medicina más romántica, muy amante de la semiología. Decía algún profesor: “Cuando el paciente está entrando al consultorio, ya está mostrando lo que le está pasa. Mire ese señor: ¿Cómo arrastra los pies?, ¿Cómo son sus zapatos?, ¿Qué come?, ¿Qué implica arrastrar los pies?, ¿Qué implica encorvar la espalda?”. Y en mi consulta de pediatría, me pregunto cosas como: “¿Por qué estoy viendo a este niño como descuadrado en su estructura? ¿Qué será lo que le pasa?”. Sé que estamos en una época cibernáutica y que a los niños les endosan el teléfono móvil muy temprano. ¿Por qué un niño de cinco años o menos va con el móvil en la mano? Eso es algo que a mí me preocupa muchísimo. ¿Porque, en vez de venir caminando, lo traen en un cochecito y con el móvil en sus manos? ¿Cómo comerá? ¿Cómo convivirá en casa con los otros miembros? Compartiendo mesa, por ejemplo, desplegamos el lenguaje de los mediadores químicos cerebrales. Es algo muy sencillo y lo estamos violando todos los días. Mi libro también es una invitación a la convivencia sana.
Cubiertas del libro
-¿Es por eso que su libro recurre a menudo a sus anécdotas y recuerdos familiares?
-Recuerdo las fragancias de la cocina de mi mamá. Ese cilantro y cómo lo mezclaba dentro de las cosas que preparaba. Ella no lo sabia; pero produciendo esos manjares, liberaba dopamina y a la vez le divertía vernos comiéndolos, porque ella cumplía su objetivo. ¿Y nosotros? En momentos como esos liberamos serotonina: ese es el lenguaje hormonal que culmina en un éxtasis que nos lleva a liberar oxitocina.
-De acuerdo. Disponer de espacios de comunicación es muy importante para una buena salud. Pero justo, parece que en la consulta, los médicos tienen que ir a contrarreloj… ¿Y los medicamentos parece que suplen esa falta de tiempo en las visitas médicas?.
-El médico debe ser un educador quien comparta las herramientas para conseguir comunidades saludables ¿Pero todos los médicos estamos capacitados para ello?¿Y qué hace el sistema para que este médico pueda emplear bien su conocimiento? Uno de los parámetros principales es el tiempo, y eso es lo que no se le está suministrando. Entonces, al no suministrárselo para que pueda ejecutar su consulta, al paciente se le está privando de poder ejecutar adecuadamente las estrategias para conseguir la salud o para conservarla, porque todo se resumió simplemente en un medicamento. Efectivamente hay situaciones en las cuales necesitamos medicamentos. Pero aún necesitándolos, el médico también necesita tiempo para conocer bien al paciente.
-¿Y la lectura de su libro puede contribuir a que visitemos menos a los médicos y, por lo tanto, a descongestionar el sistema de salud?
-Creo que mi libro puede ayudar a que el paciente evite consultas que puede resolver él mismo, y eso le ayudará a no desgastarse —ni él, ni el médico, ni el sistema—. Y cuando visite el médico, empleará mejor ese tiempo. Hay qué cuestionarse por qué se hacen tantas consultas y si no hay estrategias grupales que, con una sola intervención, impacten mucho en el sistema de salud. Porque ahora, en realidad, estamos centrados en las estrategias de curación. Y la función de la atención primaria es la prevención y la promoción de la salud.

Volver al listado