Eliminar la barrera de la cita previa a los mayores
Pero tampoco cabe negar que la cita previa obligatoria ha levantado una barrera que perjudica especialmente a las personas mayores, a quienes carecen de habilidades digitales, a los ciudadanos con menos recursos y a todos aquellos que necesitan resolver una urgencia que no entiende de calendarios electrónicos.
La Administración no es una empresa privada que pueda seleccionar a sus clientes ni decidir a qué hora le conviene atenderlos. Existe para servir a todos. La cita previa puede ordenar el trabajo y evitar colas, pero no debe convertirse en un requisito absoluto que impida ejercer derechos o recibir asistencia presencial.
La verdadera modernización no consiste en sustituir al funcionario por un robot, sino en reservar la intervención humana para aquello en lo que realmente resulta imprescindible: escuchar, explicar, interpretar circunstancias particulares, resolver excepciones y acompañar a quien no puede completar un procedimiento por sí solo. Y eso sólo lo pueden hacer los servidores públicos cara a cara con los ciudadanos a los que teóricamente sirven.
Si la IA permite elaborar documentos con mayor rapidez, ese ahorro debe traducirse en más disponibilidad, no en menos. Si automatiza una gestión rutinaria, el tiempo ganado tendría que invertirse en atender mejor. Y si conecta datos entre departamentos, el ciudadano no debería verse obligado a entregar cinco veces un documento que la propia Administración ya posee. La tecnología no puede ser una excusa para alejarse todavía más de la calle. Debe servir para recuperar el principio esencial del servicio público: solucionar problemas.
Casi dos siglos después de Larra, el “vuelva usted mañana” no ha desaparecido. Ha cambiado de formato y se ha digitalizado. Ya no siempre lo pronuncia un empleado desde detrás de una ventanilla. Ahora puede aparecer en una pantalla bajo la fórmula “no hay citas disponibles”, escucharse en la voz metálica de un robot o esconderse en un formulario que se bloquea antes de completarse.
La IA ofrece la oportunidad de acabar, por fin, con esa tradición española. Pero también amenaza con perfeccionarla. Todo dependerá de si se emplea para trabajar mejor y atender más, o simplemente para que la pereza administrativa disponga de una herramienta mucho más inteligente que ella para continuar pecando.