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Opinión

Del Laporta Kennedy al Laporta Trump, versión ‘homeless’


Img Del Laporta Kennedy al Laporta Trump, versión ‘homeless’
Francesc Perearnau
15 Marzo 2026
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L’Hospitalet y Viladecans estan muy atentos a las elecciones presidenciales del F.C. Barcelona. Joan Laporta parte como favorito para ser reelegido este domingo presidente del Barça hasta el 2031. Pésimas noticias, sobre todo, para el propio FC Barcelona y sus socios. También para l’Hospitalet y para Viladecans, los dos municipios donde Laporta ha dejado una huella imborrable de su estilo de gobierno, chanchullero y pestilente, como resultado del proyecto Barça Parc en Viladecans (2009), impulsado por él personalmente, y de jugar muy sucio en la tramitación y posterior gestión patrimonial de los terrenos de Can Rigalt (L’Hospitalet) desde 2006. El perjuicio para el club de ambas atrocidades financieras se estima en decenas de millones, de los cuales 20 millones ya han deteriorado las cuentas del club y otros 40 millones, mínimo, avanzan lentamente amenazando su precaria situación actual y engordando un legado peor aún de degradación y de empobrecimiento.
Imagen de uno de los terrenos en Viladecans del Barça, declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).
Imagen de uno de los terrenos en Viladecans del Barça, declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Desmadre laportista

Vaya por delante, desgraciadamente, que el desmadre laportista de Viladecans y de Can Rigalt son apenas una muestra inequívoca de su incapacidad para defender el patrimonio del Barça, un fenómeno inversamente proporcional a su creciente e imparable enriquecimiento personal que, además, coincide en la misma dimensión espacio-tiempo. Casualidades, seguramente. 

Las memorias económicas del FC Barcelona demuestran que cogió las riendas del club, tras su aplastante victoria electoral del 7 de marzo de 2021, con 35 millones de fondos propios positivos y que hoy presenta un saldo de 152 millones en rojo consecuencia de sucesivos cierres contables con pérdidas acumuladas de 230 millones. Un déficit monstruoso e irrecuperable a pesar de haber vendido y anticipado activos -algunos hasta más allá del año 2050- a cambio de ingresar 1.157 millones netos cuyo destino no ha sido aclarado por Laporta y mucho menos por los tres auditores distintos que han firmado cuentas, alguna con salvedades que, igualmente, Laporta ha hecho aprobar en asamblea aun sabiendo que no reflejaban fehacientemente los estados financieros de la institución. La deuda ordinaria la ha triplicado en cinco años, hoy alcanza los 2.000 millones, al margen del Espai Barça que ya no forma parte de las cuentas consolidadas del club. 

Por lo poco que se sabe, sin embargo, del préstamo autorizado por los socios de 1.500 millones para todo el proyecto, 200 millones se han empleado en rebajar deuda ordinaria (Goldman Sachs) y el resto se lo comerá Limak, la constructora turca que ganó la licitación falseando ser una UTE y siendo la peor y menos acreditada según el informe de los técnicos del club. Con suerte, si alcanza para la reforma del estadio, para el resto del Espai Barça, o sea los dos nuevos Palau Blaugrana, los equipamientos (hotel y oficinas) y la urbanización completa del entorno será necesario otro crédito de, por lo menos, 500 millones que añadir a los 3.000 que ya tiene que devolver del primero, contando intereses. Laporta, además, ha negociado una indecente reestructuración de esa deuda de forma que hasta 2032, cuando él ya no sea presidente, no se acomete la devolución del principal del préstamo. Hasta entonces, a cambio de un tipo de interés superior al 5% (hoy están de media a poco más del 3%) el Barça pagará 100 millones de intereses a razón de 100 millones anuales.

De forma resumida, esta es la desoladora realidad del Barça de Laporta que, no obstante, la mayoría de los medios oculta y que, al contrario, sostenida por un aparato imbatible de mentiras y de manipulación en las redes sociales, se niega y secuestra informativamente a los socios. La reciente presentación de un libro firmado por Laporta con el título ‘Així hem salvat el Barça’, por cierto, con un éxito incomparable de asistencia de VIPS, autoridades y ‘celebrities’ azulgrana, representa el paradigma moderno del más rancio y denostado manual del buen dictador, del ejercicio de imposición del relato, represión incluida, empleando los más sofisticados métodos de los regímenes totalitarios. En su caso, con ese toque franquista y personalizado que, por roce y mimetismo con su exsuegro Juan Echevarria y su cuñado, el facha, Alejandro Echevarria, le ha dado al día a día del club.
La masía de Can Rigalt, en Pubilla Casas, en terrenos propiedad del Barça.
La masía de Can Rigalt, en Pubilla Casas, en terrenos propiedad del Barça.

Compra compulsiva, acelerada y urgent en Viladecans

Retomando el hilo de las gamberradas de Laporta en el entorno Baix Llobregat y L’Hospitalet, la de Viladecans no es más que otra fechoría de su interminable repertorio. La operación consistió la compra, compulsiva, acelerada y urgente de un terreno de 278.544 m² por 18,744 millones a pocos días del voto de censura de 2008. Claramente, con el propósito de dejar esa operación atada y bien atada bajo el pretexto de construir el Barça Parc, un espacio de ocio, entreteniendo, servicios y equipamientos para los socios.

La propietaria del terreno en cuestión, Inversiones Divabe, la había adquirido por 1,4 millones con la intención de promover un campo de golf finalmente descartado por la afectación medioambiental de la parcela para la protección de la reserva natural de las marismas del delta el Llobregat. Divabe, que había intentado revenderla por tres millones sin conseguirlo, se encontró de pronto con una oferta del Barça de 18,4 millone que, lógicamente, no pudo rechazar y que liquidó en sus cuentas anuales de 2008 con el pago de una comisión de 3 millones (¡¡¡) y una plusvalía de 12,8 millones una vez descontada la inversión (1,4 millones), otros ajustes financieros y gastos como honorarios de abogados (120.000 euros) e impuestos. El accionariado de Inversiones Divabe estaba integrado por personajes, empresarios y financieros con vinculaciones al aparato de Convergencia de la época, entorno del cual provenía el Laporta del Elefant Blau, específicamente del sector pujolista dominado por los hijos de Jordi Pujol y la propia Marta Ferrusola, que dedicó buena parte de su vida y recursos del partido a echar a Núñez de la presidencia.
Este era el proyecto que Laporta presentó al Ayuntamiento de Viladecans en el año 2009.
Este era el proyecto que Laporta presentó al Ayuntamiento de Viladecans en el año 2009.

Proyecto de Barça Parc en el cajón

El gobierno municipal de Viladecans le había dejado muy claro a Laporta que compraba un terreno estéril e intocable a todos los efectos urbanísticos. Por eso Laporta se inventó el Barça Parc, cuatro dibujos y cuatro planos en colores sobre los que urdió un convenio de compromiso de compra de otros terrenos agrícolas permutables con esa parcela, eso sí, sujeta a su cesión al Ajuntament de Viladecans, y a cambio de presentar un proyecto que igualmente no contuviera pretensión residencial alguna. Un dictamen engañoso e imposible de cumplir es lo que el presidente puso sobre la mesa de su junta directiva y del auditor de turno según el cual si el Barça adquiría una cantidad ingente de terrenos y obtenía los permisos correspondientes antes de un año para iniciar la promoción del Barça Parc el terreno podría alcanzar una tasación que justificase haber pagado 18,7 millones por una especie de pantanal de gran valor ecologista y nulo valor urbanístico.
El propio Laporta dejó rápidamente en un cajón el proyecto, abandonado y ruinoso, finalmente pasado por el tamiz del mismo auditor en el ejercicio 2009-10 con el resultado de una nota demoledora: “Finalmente, el club ha tenido que dotar una pérdida en su inversión de terrenos en el término municipal de Viladecans. Desgraciadamente, resoluciones urbanísticas de la Generalitat confirman el poco uso que tienen los terrenos para los fines sociales del FC Barcelona. Una tasación homologada por el Banco de España avala que el valor actual es inferior al pagado en su momento, y por tanto el club, siguiendo las instrucciones de su auditor, ha procedido a ajustar su valor en los libros contables”. Medida que se tradujo en una pérdida real de 15 millones. Laporta impugnó ese deterioro, como la aprobación de las cuentas del ejercicio 2009-10, con 79 millones de pérdidas que incluían los terrenos de Viladecans y su depreciación, pero la Audiencia Provincial determino en sentencia firma la correcta conclusión contable de un déficit monstruoso del ejercicio y unas pérdidas de 47,6 millones como balance de su primer mandato hasta 2010.
Imagen de Can Rigalt rodeada de edificios en construcción.
Imagen de Can Rigalt rodeada de edificios en construcción.

Propuesta seductora del alcalde Corbacho

Para entonces aún no había impactado en las cuentas la operación de Can Rigalt, otra perla de la piratería financiera laportista que comenzó en 2005 con la necesidad de avalar el 15% del presupuesto para seguir siendo presidente, pues tras las dimisiones de Sandro Rosell, Josep Maria Bartomeu y Javier Faus, la deriva económica ya era evidente.
Laporta, como no podía ser de otro modo, se dejó seducir por la propuesta del alcalde Celestino Corbacho de incluir en la MPGM de Can Rigalt los terrenos propiedad del FC Barcelona que Josep Lluís Núñez había adquirido para campos de entrenamiento años atrás. Incluso antes de la tramitación de su recalificación en zona residencial, Laporta registró antes del 30 de junio de 2005 la venta de un tercio de los futuros terrenos a La Llave de Oro por 35,4 millones de euros. La totalidad de los 155.000 m² adquiridos por Núñez habían costado 1,5 millones, lo que proyectó la magnitud del posible pelotazo en 100 millones.
La urgencia de Laporta por declarar unos beneficios de 31 millones, suficientes para eludir el aval personal, fue tal que la junta hubo de reunirse dos veces para aprobarla pues la primera vez, antes del 30 de junio de 2005 (la segunda después), el quorum de la junta, por dimisiones, era insuficiente.
Can Rigalt empezó con mal pie y continuó peor, pues Laporta no incluyó en las cuentas el compromiso futuro del FC Barcelona de asumir una parte importante del coste de la futura nueva subestación eléctrica de Can Rigalt, que hoy es posible estimar en unos 35 millones. Tampoco consignó la provisión por el total del compromiso del Barça de costear la urbanización viaria y mucho menos el valor de los terrenos (70.000 hectáreas) propiedad del Barça en Gavà (La Sentiu) que finalmente hubo de regalar a la Generalitat y a beneficio del resto de los propietarios (Ajuntament de L’Hospitalet, FECSA (Hoy Endesa) y Sacresa) para compensar la pérdida de los presuntos equipamientos proyectados por Núñez en su día. ¡Ah! Y Laporta también asumió el coste íntegro de la restauración de la Masia de Can Rigalt.
Joan Laporta
Joan Laporta

Desastre colosal que ahora rematarà con su retorno

El truco, en el que también se manchó las manos otro crack de la contabilidad creativa, el vicepresidente económico Ferran Soriano, consistió en no fijar una fecha de entrega de la parcela urbanizada a La Llave de Oro. Sin esa obligación temporal, el Barça se alivió esa carga y La Llave de Oro esperó pacientemente hasta que, cansada de esperar, invocó su legítimo derecho a construir y motivó un laudo cuyo resultado obligó al Barça (2016 en tiempos de Bartomeu) a la reversión de la operación, es decir a la recompra obligatoria por los 35,4 millones de la inversión más 11,6 millones en intereses, es decir por 47 millones en total, un gasto anual más que importante e imprevisto, además de una depreciación del terreno a 29 millones a causa del estancamiento en el desarrollo del área de Can Rigalt.

Un desastre colosal que ahora Laporta ha rematado en su regreso a a la presidencia con una plusvalía contable sobre los terrenos de Can Rigalt que más tarde o más temprano habrá que regularizar de nuevo a la baja. 

En campaña, Laporta se ha apresurado a prometer grandes desafíos y ganancias a costa del futuro de Can Rigalt. Más humo, pues en el momento que se incluya el Barça en cualquier nuevo plan para esa zona habrá de provisionar costos superiores a 40 millones hasta que un día muy lejano la recalificación pueda provocar beneficios. Entonces, habrá que agradecerle a Núñez su visionaria decisión de comprar por poco más de cuatro millones los terrenos de Can Rigalt (1,5 millones) y Gavà (3,1 millones).

La huella de Núñez se deja ver, en cambio, en la prosperidad que la Ciutat Esportiva Joan Gamper ha aportado, sobre todo, a Sant Joan Despí como resultado de una planificación razonable y experta de desarrollo de las necesidades del Barça en materia de infraestructuras.
Paseo de la Fama de Castelldefels con Ronaldinho y Laporta.
Paseo de la Fama de Castelldefels con Ronaldinho y Laporta.

Protestas vecinales promovidas por Convergencia

Huelga decir que el entorno de Laporta, la todopoderosa Convergéncia, promovió protestas vecinales en Pubilla Cases y Collblanc contra la ubicación de los campos de entrenamiento en los terrenos originales de Can Rigalt a pesar de que el convenio contemplaba la donación íntegra del equipamiento a L’Hospitalet cuando estuviera terminada la obra de Sant Joan Despí. Obra que Núñez hubo de paralizar porque, cuando anunció un acuerdo con una cadena de supermercados que la financiaba a cambio de construir un centro comercial y de venta, la Generalitat aprobó un decreto impidiendo este tipo de proyectos en toda Catalunya.

Laporta es el heredero de esta cultura de destrucción y persecución obsesiva contra quienes han llegado a la presidencia del Barça sin la bendición de la Plaça de Sant Jaume. Por eso, de un modo u otro, los presidentes que han gestionado con beneficios la grandeza del Barça han acabado presos y condenados como Núñez y Rosell, mientras Bartomeu sigue aún acosado causas penales de más que sospechosa y dudosa base.

Laporta empezó como el Kennedy catalán y ha acabado como un Trump cualquiera, incapaz de sobrevivir si no es a base de un protagonismo mediático cargado de mentiras, trampas y falsas promesas. Populismo en estado puro que ha llevado a Goldman Sachs a intervenir la tesorería del Barça y congelar los ingresos de explotación del Spotify como garantía de pago de los primeros 100 millones de los intereses de demora por la reforma del estadio. Para fichar y para realizar asambleas democráticas y presenciales, no hay dinero. Es el Barça ‘homeless’ de Laporta. Cuidado con el voto.
Francesc Perearnau

Periodista que fue subdirector de Mundo Deportivo

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