La IA transforma el trabajo y plantea una brecha para los jóvenes
La sesión «Huma+IA: el futuro del trabajo. Cómo la IA está redefiniendo el trabajo, las capacidades y la empleabilidad» ha abordado una inquietud extendida: qué ocurrirá con los empleos convencionales a medida que la inteligencia artificial automatice tareas. Han participado en el debate Daniel Furlan, vicepresidente de la Fundació Pimec; Anna Golsa, consejera delegada de Eurofirms Group, conectada virtualmente, y Alexander Phimister, fundador y director de Phimister’s Business School. Ha moderado el encuentro José María Santos, de Ibercaja.
Golsa ha señalado que, según las previsiones, el 39% de las habilidades clave cambiará antes de 2030. La transformación, sostiene, no consiste únicamente en formar a las personas en nuevas herramientas, sino que también obliga a revisar procesos y propuestas de valor. La colaboración entre personas y tecnología requerirá control de calidad, capacidad de adaptación y habilidades como el liderazgo y el aprendizaje autónomo, informa Marc de las Heras.
Uno de los puntos de alerta es la entrada de los jóvenes en el mercado laboral. Golsa describe la inteligencia artificial como una posible barrera para los perfiles júnior, mientras Phimister observa que algunas empresas contratan a menos personas al inicio de su carrera. El reto, plantean, es que los nuevos trabajadores puedan adquirir experiencia y conocimientos prácticos en un entorno donde cambian las tareas y los puestos.
Furlan ha puesto el foco en las pequeñas empresas: nueve de cada diez compañías en Cataluña son pymes y el 80% son microempresas. Para muchas, el desafío no es encontrar una herramienta universal, sino identificar dónde puede ser útil. En este punto, ha comparado la implantación de la IA con «entrar en una ferretería y pedir un destornillador», ya que una tecnología aislada no resuelve las necesidades de todas las empresas. Su propuesta es empezar por casos sencillos, mejorar procesos y avanzar a partir de la experiencia.
Los ponentes también han subrayado la importancia de la ética, la trazabilidad y la protección del conocimiento propio. La IA puede ejecutar cada vez más tareas, pero las empresas necesitan personas capaces de decidir cómo integrarla y evaluar sus resultados. «La clave son y van a seguir siendo las personas», ha resumido Golsa.